Indignación frente a la decadencia

Al inicio de nuestra democracia España tenía problemas de gran paro, grave crisis económica y un terrorismo constante. Pero había algo de lo que hoy carecemos: confianza en nosotros mismos, esperanza en un futuro mejor y una clase política muy diferente. Este año murieron Fraga y Carrillo, exponentes de los dos grupos extremos en el Congreso tras las elecciones de 1977. Tuvieron generosidad, patriotismo y capacidad de encuentro. Esa clase política fue sucedida por otras hasta la actual, la más mediocre, que está agrietando los pilares constitucionales de convivencia.

Las encuestas reflejan hace tiempo que los políticos son la tercera preocupación. Pero siguen sin darse por aludidos de esas luces rojas. Aunque son el principal problema. Los que le preceden, la situación económica y el paro, no serían tan graves si no fuese tan nefasta la casta política. Esta crisis global tiene aquí gran hondura por los políticos. ¿Cual es el origen de la burbuja inmobiliaria? La desregulación del suelo, el todo urbanizable y lo que no, se recalificaba. Y ello, con unos políticos locales, ávidos de desarrollo (¿) urbanístico y de tramas de financiación de sus partidos aunque algo quedaba en sus bolsillos. Muy pocos fueron condenados y varios indultados. Sin los políticos locales insaciables (y quienes les amparaban) no se entiende esa burbuja. También ahondó esa crisis otro lugar donde metían la mano los políticos: las cajas de ahorro. Muchos de la nueva casta constructora se financiaban a través de esas corporaciones que okuparon aquellos. El abordaje y control de estas entidades y la gestión irresponsable generó esa otra burbuja financiera que ha estallado.

Otro elemento es el autonómico que creó una nueva casta de políticos despilfarradores, con televisiones propagandistas, autopistas sin tránsito, aeropuertos sin aviones. Para colocar a militantes y familiares parieron abundantes e innecesarios organismos y entidades. Este soufflé generaría la bancarrota de muchas autonomías.

Tenemos un Gobierno sin legitimidad moral por actuar en todo radicalmente en contra de lo que prometió. Sus decisiones están creando mucha pobreza, ahondando en una gran brecha social y condenando a millones de españoles al sufrimiento. El informe de Cáritas muestra una realidad pavorosa. Además, quien gobierna tiene siempre un plus de responsabilidad de evitar crispación social. Ahora es enorme. Pero el principal partido de la oposición, en su actual configuración, igualmente carece de legitimidad moral. Son los mismos que contribuyeron en primera línea a esta crisis pero, sobre todo, carecen de programa de futuro y modelo. Perdieron hace tiempo el norte.

Quienes lideran los dos principales partidos llevan 30 años en este oficio. Representan el pasado. En torno a ellos ha surgido un estilo de dirigentes donde pocos con sentido ético y de convicciones sobreviven. O son fagocitados o tienen que irse. A nadie de fuera, competente y honesto, se le ocurre incorporarse. Ya lo decía Marx (Groucho, el que también fumaba puros): «Estos son mis principios. Si no le gustan, no se preocupe, tengo otros».

Es una gran crisis económica y política pero, sobre todo, de valores éticos. Pero desde que estalló no han aprendido. Nadie ha pedido perdón. Siguen sin decir la verdad tratando de engañarnos. Continúan sin tener un mínimo atisbo de ejemplaridad. Siguen anteponiendo los intereses de partido a los generales. Estan atrincherados en su búnker de privilegios y continúan sin recortarlos. Siguen siendo incapaces de dialogar para trabajar juntos. Continúan viviendo ajenos a la realidad de una población harta.

Su actitud esta acelerando una erosión del sistema democrático. Y no son antisistema subversivos quienes expresan hartazgo. Somos millones quienes desde la derecha, el centro o la izquierda sentimos indignación. Que la ira contra ellos se traduzca en rechazo de las instituciones es muy peligroso. Quienes tememos al vacío y somos moderados, defendemos la democracia representativa pero detestamos la burbuja en la que siguen instalados. Reaccionen ya y no desprecien a la gran mayoría silenciosa de españoles indignados ante una clase política decadente.

Jesús López-Medel es ex diputado del PP.

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