Información, universidad y empleo

El Ministerio de Educación ha publicado un avance del informe que evalúa el empleo de los graduados universitarios del curso 2009-10 con posterioridad a la finalización de sus estudios. Esta aproximación es muy diferente a los rankings habituales de universidades basados en los resultados de investigación y docencia de sus profesores. Se trata de una excelente iniciativa que proporcionará información sobre la evolución del empleo de los universitarios por titulaciones y centros y que puede ser muy valiosa no solo para la gestión de los conocimientos y habilidades requeridos por el mercado laboral sino también para la toma de decisión de los futuros estudiantes universitarios. Este esfuerzo se enmarca dentro de una serie de iniciativas globales por favorecer la toma de decisiones educativas basadas en el mayor caudal de información posible. Diversos estudios muestran cómo las decisiones educativas, incluso en las familias de países en vías de desarrollo, dependen crucialmente de la información disponible y que proporcionar información relevante mejora los resultados del sistema educativo. En Estados Unidos, el presidente Obama planea poner en funcionamiento a partir de 2015 un ranking de titulaciones y universidades para que los futuros estudiantes y sus familias puedan ponderar los costes y los beneficios de cursar estudios universitarios en cada institución. El elevado nivel de deuda que acumulan los graduados universitarios estadounidenses, que supera ya el billón de dólares, y el rápido crecimiento del coste de las matrículas no son ajenos a esta iniciativa. La administración Obama quiere proporcionar información sobre el coste de cada universidad, la deuda que sus estudiantes acumulan y al empleo y salario que sus graduados cobran una vez finalizados los estudios. La hipótesis de partida es que en el sistema universitario de Estados Unidos hay instituciones que tienen un coste elevado y, sin embargo, producen muy poco valor.

Información, universidad y empleoEl informe del Ministerio analiza los datos de la Seguridad Social de 190.000 graduados y, en ese sentido, es exhaustivo y puede llegar a un nivel de detalle muy grande sobre los empleos de los graduados e incluso algunos indicadores de compensaciones. Obviamente este informe no es el primero sobre el tema de la inserción laboral de los universitarios en España, si bien los anteriores estudios se basaban fundamentalmente en encuestas a los graduados. El número de participantes era bastante menor pues requería encuestas personales, aunque se disponía de mucha más información incluyendo calificaciones, expectativas, satisfacción, habilidades y conocimientos más útiles, etc. A finales de los años 90 participé en un programa europeo que comparaba el mercado laboral de los graduados cuatro años después de finalizar sus estudios. El tamaño de la muestra era de 39.235 graduados, de los cuales 7.257 eran españoles. La tasa de desempleo de los jóvenes universitarios españoles ya era, con diferencia, la más alta de todos los países participantes en el estudio, aunque también la tasa de desempleo general era bastante más alta. Ya en aquel momento los titulados con mayor nivel de empleo eran los provenientes de las carreras técnicas, en particular ingenieros industriales y diplomados en óptica, muy similar a la situación actual. Las titulaciones que tenían menor nivel de empleo a finales de los 90 eran las humanidades, geografía e historia, magisterio, bellas artes e ingeniería técnica de minas. Esta gran persistencia en los resultados laborales por titulaciones muestra que la crítica muchas veces utilizada desde la universidad de no poder hacer frente a las demandas de la sociedad por su elevada variabilidad, no tiene fundamento.

Otro aspecto en el que coinciden los estudios de finales de los 90 con el presentado recientemente tiene que ver con la sobrecualificación. El Ministerio señala que el 45% de los graduados tienen un trabajo por debajo de su cualificación cuatro años después de finalizar sus estudios. Ya en el análisis de finales de los 90 aparecía un nivel preocupante de sobrecualificación: el 18% de los graduados señalaban que para desarrollar su trabajo no hacía falta ningún tipo de educación universitaria y un 30% señalaban que tenían un empleo por debajo de su nivel formativo. En el resto de países solo un 6% de los graduados señalaban que tenían un empleo para el que no hacía falta educación universitaria.

Desde el primer estudio sobre inserción laboral de los universitarios de hace 15 años se han mantenido las grandes tendencias aunque se han producido algunos cambios. Es destacable que la crisis inmobiliaria ha derribado a la arquitectura de los primeros lugares en términos de empleo entre los graduados, mientras que la mayoría de las titulaciones técnicas se mantienen como las que proporcionan mejor empleabilidad a sus graduados. En segundo lugar los graduados de matemáticas y estadística han pasado a formar parte del grupo de graduados con mayores tasas de empleo. El efecto de la generalización de las técnicas de big data, y sus múltiples aplicaciones, sobre la demanda de universitarios explica esta mejora y el reforzamiento en el empleo de los graduados en informática. En tercer lugar se observa un aumento en la sobrecualificación de los graduados. Esta tendencia está relacionada con la menor tasa de crecimiento del desempleo de los nuevos graduados universitarios durante la actual crisis respecto a lo que sucedió en crisis anteriores. En el pasado los jóvenes graduados universitarios tenían tasas de desempleo que superaban a las de jóvenes de niveles inferiores. En la actual crisis no se observa este efecto. Muy al contrario: los jóvenes con estudios no universitarios han visto incrementar su tasa de desempleo exponencialmente mientras que los universitarios han sufrido un incremento rápido pero menor a otros niveles inferiores. La explicación puede estar en una mayor propensión de los jóvenes universitarios a aceptar trabajos poco cualificados desplazando a jóvenes con niveles formativos inferiores, lo que produce un aumento de la sobrecualificación.

Ante las iniciativas para contemplar la salida laboral de los graduados como una información relevante los representantes del status quo seguro que pronto empezaran a poner pegas. Una de las más habituales es la que señala que a la universidad no se va a mejorar la empleabilidad sino a «formarse como persona» o por seguir una vocación. Sin embargo el periodo universitario es demasiado tardío para pretender «formar personas». Los rasgos básicos de la personalidad se forman mucho antes. Más razonable resulta pensar que muchos estudiantes simplemente quieren dedicarse a estudiar lo que les interesa por vocación. No obstante las encuestas muestran con claridad que la mayoría de los estudiantes universitarios acceden buscando mejorar su empleabilidad. Y, en cualquier caso, tener más información no puede ser negativo. Si un estudiante, por vocación, desea realizar unos estudios con pocas salidas profesionales es su elección. Pero al menos debe ser consciente de los resultados de los graduados en el mercado laboral al tomar dicha decisión. En 2005 dirigí un estudio sobre inserción laboral de los jóvenes universitarios en el que se podían comparar las expectativas laborales de los estudiantes y los resultados en el mercado laboral de los graduados en cada titulación. Este estudio mostraba cómo los jóvenes eran conscientes de los niveles generales de desempleo y salarios de su grupo de edad pero eran bastante más optimistas respecto a la situación laboral de los graduados de la titulación elegida respecto a la realidad de su mercado laboral. Tener información precisa y actualizada de los resultados laborales por grado y universidad permite además trasladar gran parte de la responsabilidad de los resultados en el mercado laboral al individuo en lugar de mantenerlo en el ámbito de los poderes públicos.

El Ministerio ha señalado que en principio no tomará ninguna decisión en base a los resultados del informe, pero espera que los gestores universitarios tengan cuenta el informe a la hora de tomar decisiones. Esto es una muestra de enorme ingenuidad. Los incentivos de las universidades no tienen nada que ver con los resultados laborales de sus graduados y, por tanto, no es razonable esperar una reacción interna. Tendrán que ser los estudiantes, con sus decisiones, los que disciplinen a las universidades y disponer de información es fundamental.

José García Montalvo es catedrático de Economía de la Universitat Pompeu Fabra.

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