Informes confidenciales de los bancos centrales

En 1993, los economistas Alberto Alesina y Larry Summers publicaron un artículo influyente que sostiene que la independencia del banco central mantiene la inflación bajo control, sin consecuencias adversas para el desempeño económico. Desde entonces, los países de todo el mundo han independizado a sus bancos centrales. Después de tomar este camino, ningún país ha dado marcha atrás, y cualquier indicio relativo a que los gobiernos podrían retomar el control político de las tasas de interés, tal como ocurrió recientemente en la India, causa alarma en los mercados financieros e indignación entre los economistas.

La verdad en los hechos, sin embargo, muestra la existencia de muchos grados de independencia, y que no todos los bancos centrales nominalmente independientes funcionan de la misma manera. Algunas autoridades monetarias, como el Banco Central Europeo (EBC), establecen sus propias metas. Otras, como el Banco de Inglaterra (BoE), tienen plena independencia de instrumentos – es decir, control sobre las tasas de interés a corto plazo – pero deben cumplir con una meta de inflación fijada por el gobierno.

Hay diferencias, también, en la forma cómo los bancos centrales se organizan para cumplir con sus objetivos. En Nueva Zelanda, el gobernador del banco es el único encargado de tomar decisiones. En la Reserva Federal de Estados Unidos, las decisiones las toma el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), cuyos miembros – siete gobernadores y cinco presidentes de los bancos regionales de la Fed – gozan de diversos grados de independencia.

El Banco Central Europeo no publica registros de votación y busca el consenso en las reuniones de su Consejo General. Por el contrario, el Comité de Política Monetaria (MPC) del Banco de Inglaterra tiene nueve miembros, cuatro de los cuales se nombran desde fuera del banco, y todos los votos son registrados de forma individual; a nadie se le permite esconderse detrás de una visión institucional. La Fed no mantiene un registro de las votaciones, pero se toma nota de las “disidencias” concernientes a sus decisiones principales (estas disidencias fueron muy escasas durante la presidencia de Alan Greenspan, pero desde entonces se han tornado en más comunes).

Hay diferencias, también, en las formas de relacionamiento entre formuladores de políticas y su personal, aspecto que también influye la independencia de un banco central. En la Reserva Federal, el personal presenta sus propios pronósticos ante el Comité Federal de Mercado Abierto, sin recibir contribuciones de los formuladores de políticas que son quienes establecen la tasa de interés. En el Banco de Inglaterra, el Comité de Política Monetaria es responsable de los pronósticos oficiales, que se publican en sus informes sobre la inflación. Esto es útil en cuanto a influir las expectativas, ya que una serie de distintos puntos de vista provenientes del banco central podría confundir al sector privado; sin embargo, también conlleva el riesgo de constituirse en pensamiento grupal institucionalizado.

El pensamiento grupal puede ser especialmente peligroso si el banco central es también el supervisor bancario, tal como lo demostró la crisis financiera mundial del 2008. En el año 2006, cada uno de los bancos centrales que publicó un informe de estabilidad financiera (en otras palabras, la mayoría de ellos) llegó a la conclusión de que el sistema bancario de su país estaba en buena forma: bien capitalizado y dotado de una sólida gobernanza y una fuerte gestión de riesgos.

Parece poco probable que en aquel momento ni un solo analista de los bancos centrales estuviese, por lo menos, un poco preocupado por el crecimiento masivo del crédito y el apalancamiento. Los economistas del Banco de Pagos Internacionales – una entidad que agrupa a los bancos centrales –  exponían los riesgos de manera muy cruda. Y aún así, no se escuchó ni una voz discrepante proveniente del pequeño ejército mundial de economistas de los bancos centrales. Puede que los bancos centrales hayan sido independientes frente a los gobiernos de sus países, pero internamente les era muy difícil alejarse de la línea del partido de gobierno.

Por supuesto que es necesario llegar a un equilibrio entre una disciplina institucional firme y dejar florecer a cientos de mentes intelectuales. Un banco central no es el departamento de economía de una universidad, lugar donde la diversidad es casi invariablemente una fuente de fortaleza. Los observadores externos se ven obligados a tratar de leer mensajes sobre las políticas entre las líneas de cualquier publicación, lo que no siempre puede ayudar a que el banco logre sus objetivos.

No obstante lo antedicho, está claro que existe margen para permitir que florezca un pensamiento más heterodoxo. Por lo tanto, es alentador que el Banco de Inglaterra esté experimentando con una plataforma que permite que se escuche una variedad más amplia de puntos de vista: un blog llamado “Bank Underground” (el nombre hace referencia a la estación del metro ubicada debajo de la oficina central del Banco) que publica contribuciones preparadas por su personal subalterno, en las que estos miembros del personal ya sea apoyan – o cuestionan – las políticas predominantes.

En cuestión de semanas, el blog “Bank Underground” se estableció como una fuente fértil de ideas provocativas. Una  publicación en dicho blog, realizada a mediados del mes de agosto (época en la ciertamente los principales gatos del Banco no estaban presentes, lo que dio rienda suelta a la actuación de los ratones), se refirió a algunos de los puntos débiles de los modelos internos de capital de los bancos, mismos que se encuentran en el corazón del acuerdo Basilea III sobre el régimen de requerimientos de capital. El autor, un empleado del Banco de Inglaterra llamado Tobías Neumann, sostuvo que la incorporación de más datos en los modelos podría conducir a que dichos modelos capten ruido y que confundan este ruido con señales importantes. Neumann llegó a la conclusión de que como resultado de esto, los modelos altamente complejos pueden arrojar información engañosa de manera habitual.

Otra contribución, publicada en julio, desafió explícitamente el punto de vista “oficial” del Banco de Inglaterra sobre que a medida que la economía se recupera, podemos esperar que las empresas no financieras comiencen a usar sus saldos de dinero efectivo para financiar  inversiones. Las autoras, Katie Farrant y Magda Rutkowska, sugieren que el comportamiento de las empresas puede haber cambiado como resultado de la crisis financiera, ya que las dificultades para acceder a la financiación bancaria las llevó a aumentar sus reservas de efectivo de forma permanente. Si lo publicado es cierto, conlleva implicaciones importantes para el sistema financiero, y en especial para los bancos.

En su corta vida, el blog “Bank Underground” ya ha demostrado su valor. El gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, merece un gran reconocimiento por habernos permitido mirar de cerca a través de una pequeña rendija de la fachada del ilustre Banco de Inglaterra, (¡suponiendo, por cierto, que el blog no es una iniciativa sin ningún tipo de autorización!).

Tal vez con el transcurso del tiempo veamos el surgimiento de un blog rival estadounidense llamado el “El Metro de la Fed”, aunque no soy nada optimista sobre la perspectiva de que surja en un futuro muy próximo otro blog denominado el “U-Bahn del BCE”. Entretanto, tengo la intención de pasar más tiempo en los subsuelos. Parece que la luz es de mejor calidad en aquellos lugares.

Howard Davies, incoming Chairman of the Royal Bank of Scotland, was the first chairman of the United Kingdom’s Financial Services Authority (1997-2003). He was Director of the London School of Economics (2003-11) and served as Deputy Governor of the Bank of England and Director-General of the Confederation of British Industry. Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.

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