Ingeniería para mejorar la atención médica de los refugiados

El resurgimiento del nativismo y la xenofobia en muchos países del mundo ha creado un entorno muy desfavorable para las personas que huyen de crisis geopolíticas. Pero el mayor de los numerosos desafíos que deben enfrentar los refugiados mientras esperan poder reubicarse es cómo acceder a tratamiento médico y psicológico de calidad.

Es un desafío que demanda más atención, no sólo de médicos, enfermeros, organizaciones no gubernamentales y otros actores pertinentes, sino también de los ingenieros, que pueden hacer aportes indispensables para la salud pública mundial, y especialmente importantes para los refugiados.

Además de construir puentes y crear artilugios varios, los ingenieros pueden ayudar a mejorar la calidad y accesibilidad de la atención médica en todo el mundo, mediante el desarrollo de métodos más rápidos de diagnóstico de enfermedades y provisión de servicios médicos. En mi propia área de investigación, los científicos e ingenieros han inventado dispositivos para ayudar a bebés vulnerables a respirar mejor, detectar la malaria y el VIH en zonas de guerra y evitar la falsificación de medicinas en áreas rurales.

Sin embargo, la experiencia de los ingenieros aún no está suficientemente presente en los asentamientos de refugiados, cuya población se incrementó estos últimos años conforme numerosas personas huyen de conflictos y desastres naturales. La ONU estima que hoy en el mundo hay más de 65 millones de desplazados a la fuerza, y que nunca antes hubo tantas personas viviendo en campamentos de refugiados (formales e informales).

Numerosos gobiernos y ONG se esfuerzan en proveer atención médica básica a los refugiados, pero al hacerlo tropiezan con dificultades. Los ingenieros tienen tanto la oportunidad cuanto la responsabilidad de subsanar falencias fundamentales del sistema actual.

Para hacer frente a este desafío habrá que prestar más atención a tres áreas clave. La primera es el aula, donde debemos seguir concientizando (particularmente en el campo de la ingeniería biomédica) sobre los desafíos sanitarios que enfrentan los refugiados. Además, los profesores, estudiantes, investigadores y profesionales interesados en desarrollar soluciones adecuadas para los problemas sanitarios mundiales deben acceder a oportunidades de hacerlo.

Por el momento, hay muy pocos programas educativos centrados específicamente en la aplicación de la ingeniería biomédica a las situaciones de crisis. Pero felizmente, existen algunos modelos para imitar. Por ejemplo, la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres tiene un curso virtual gratuito que ofrece a estudiantes de ingeniería en todo el mundo un primer contacto con el tema de la salud en las crisis humanitarias. En la Universidad Americana de Beirut, estudiantes de la escuela de verano propusieron hace poco soluciones de ingeniería para ayudar a las personas desplazadas. Y en la institución donde trabajo (la Universidad de Boston), investigamos modos de mejorar la calidad y la práctica de la medicina en los países en desarrollo. En 2012, mis colegas y yo creamos PharmaChk, un dispositivo portátil que los médicos que trabajan en lugares remotos pueden usar para detectar medicinas falsificadas o ineficaces.

En segundo lugar, los gobiernos y las ONG que trabajan con refugiados deben incluir más profesionales de ingeniería médica en sus proyectos. Entidades públicas y privadas como la Fundación Bill y Melinda Gates, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y Grand Challenges Canada han colaborado con ingenieros para producir soluciones médicas rigurosas, éticas y escalables para la salud mundial, y lo mismo debe hacerse en relación con los desplazados.

En tercer lugar, y sobre todo, los ingenieros deben vincularse más con quienes trabajan en contacto directo con la crisis de los refugiados. Esto implica colaborar con hospitales, clínicas, ministerios y proveedores de atención médica locales, que pueden servir de canales para la experiencia bioingenieril. El aprendizaje interdisciplinario es importante, no sólo para difundir el conocimiento, sino también para mejorar la sostenibilidad financiera y la escalabilidad de las innovaciones tecnológicas.

Hay unas pocas startups de bioingeniería y organizaciones de ayuda (como Ingenieros sin Fronteras) que ya están abordando los problemas sanitarios de las comunidades de refugiados. Se ha trabajado sobre todo en la mejora del saneamiento hídrico y la provisión de energía. También hay otras iniciativas que se han vuelto esenciales en muchas comunidades, como el uso de la telemedicina (la consulta médica a través de teléfonos móviles).

Pero quitando estos ejemplos, la aplicación de la ingeniería biomédica a los problemas sanitarios de estas personas todavía es limitada. Para subsanarlo, es necesario que estudiantes, expertos y profesionales se familiaricen con las condiciones en los campamentos de refugiados y profundicen su comprensión de los complejos padecimientos de estas personas. Los campamentos de refugiados necesitan soluciones sólidas y utilizables in situ, que no sólo sean eficaces, sino también adaptadas a la cultura local y socialmente responsables.

A lo largo de la historia, los ingenieros se han dedicado a resolver los problemas de las sociedades. Hoy se necesita pensamiento creativo para aliviar los padecimientos de las personas que han sido desplazadas a la fuerza de sus hogares. La comunidad internacional no ha sabido poner fin a las crisis que obligan a los refugiados a huir en busca de seguridad. Pero los ingenieros biomédicos pueden al menos lograr que reciban la atención que necesitan.

Muhammad Hamid Zaman is a professor of biomedical engineering at Boston University. Traducción: Esteban Flamini.

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