Inmigración: diferencias a nivel mundial

Por Rickard Sandell, Investigador principal de Demografía, Población y Migraciones Internacionales, Real Instituto Elcano (REAL INSTITUTO ELCANO, 23/05/07):

Tema: Este análisis se centra en algunas de las importantes diferencias estratégicas que la inmigración presenta a nivel mundial.

Resumen: Los movimientos migratorios internacionales han formado siempre parte de la historia de la humanidad, pero hoy en día estamos presenciando, más que nunca, un aumento de su intensidad y complejidad. El objetivo del presente análisis no es dar una respuesta a los grandes problemas de inmigración existentes en la actualidad, sino analizar de forma descriptiva cómo va adquiriendo forma el fenómeno de la inmigración internacional para tratar de llegar a comprender algunas diferencias, de gran importancia, que éste presenta a nivel mundial.

Análisis: Una parte importante de la inmigración actual puede considerarse un fenómeno provocado por factores económicos, o por una combinación de factores económicos y factores sociales y políticos, como la falta de libertad en algunos regímenes poco democráticos. En otras palabras, gran parte del fenómeno probablemente pueda atribuirse a factores de “empuje” y “atracción”. La gran ventaja de una inmigración debida fundamentalmente a factores económicos es que apenas presenta problemas. Es cierto que la inmigración puede crear tensiones; estamos ya acostumbrados a ver disturbios más o menos graves en prácticamente todos los países receptores de inmigrantes (quizá los más destacados sean los recientes acontecimientos acaecidos en países como Francia, los Países Bajos y Dinamarca). Pero aun así, sostengo que la inmigración por causas económicas o laborales se caracteriza por ser una respuesta a una demanda de mano de obra inmigrante por parte de los países receptores, por lo que lo más probable es que con ella se consiga un mayor crecimiento económico que sin ella. Además, la inmigración mejora las perspectivas de las personas que migran y, por lo general, los países de origen también se benefician de ella gracias a las remesas de dinero que sus diásporas envían a casa. En otras palabras, una vez que los inmigrantes consiguen acceder al mercado laboral del país que los acoge, la inmigración se convierte en una situación probablemente favorable para ambas partes.

Decir que la inmigración económica apenas plantea problemas no quiere decir que no plantee ninguno. Posiblemente pueda afirmarse que, antes o después, lo más probable es que los países receptores de inmigrantes terminen adaptándose a la integración actual, pero también es cierto que se avecinan importantes problemas en el horizonte estratégico.

A corto plazo, desde un punto de vista estratégico el principal problema planteado por una inmigración económica masiva, como la experimentada actualmente por España y EEUU, por ejemplo, es la forma en que los inmigrantes consiguen entrar en el país (legal o ilegal). La entrada legal no plantea problemas, pero la ilegal nos expone a ciertos riesgos en materia de seguridad. Un nivel elevado de inmigración ilegal deja entrever que los controles de entrada al país son inadecuados, hecho que juega a favor de toda persona implicada en actividades de tráfico ilegal, terrorismo o crimen organizado.

A medio y corto plazo, no debería pasarse por alto que este fenómeno puede llegar a convertirse en un problema/riesgo estratégico de repercusiones internacionales. La incesante llegada de inmigrantes africanos a España y otros países de la UE limítrofes con África a lo largo del año pasado es síntoma inequívoco de que la inmigración africana debe tomarse más en serio y de que debemos modificar el enfoque otorgado a las corrientes migratorias procedentes de ese continente. Es muy probable que la crisis migratoria de 2006 se debiese a un aumento de la presión para emigrar experimentada por los africanos. Como ya he señalado en otras ocasiones, los datos económicos y demográficos de los países subsaharianos indican que es muy probable que nos encontremos tan sólo en el umbral de un movimiento migratorio que podría convertirse en el mayor de la historia. Y tampoco podemos descartar el hecho de que, si bien la inmigración africana va en aumento, existe la posibilidad de poder controlar parcialmente los flujos migratorios procedentes de ese continente.

Por último, desde 2001 el elemento religioso y las connotaciones culturales vinculadas a diversas religiones han pasado a presidir el debate público sobre los pros y los contras de la migración internacional. Aunque no se diga abiertamente, el debate se reduce en realidad a cómo lograr dirigir las oportunidades de inmigración hacia el país de origen con el perfil adecuado. El problema religioso podría plantear importantes riesgos estratégicos a largo plazo. Aún nos encontramos en las fases iniciales del debate, pero las estadísticas de inmigración apuntan a que pueden existir motivos para preocuparse por la dimensión religiosa de la inmigración internacional en la medida en que ya existen importantes diferencias entre los distintos países receptores con respecto a esta dimensión. Gran parte del presente documento se centrará en un análisis descriptivo de este problema.

Para recapitular, prácticamente todos los países occidentales están viendo aumentar en la actualidad el fenómeno de la inmigración. Lo que no está tan claro es la forma en que surgen esas corrientes migratorias y cómo puede llegar a afectar esto a los asuntos internos de la sociedad occidental. Lo más probable es que, dado que la inmigración es un fenómeno más o menos heterogéneo en las sociedades occidentales, más que acercarlas pueda llegar a convertirse en un importante factor de división. Esto sería particularmente cierto en situaciones en las que exista la posibilidad de que se de un éxodo masivo debido a causas incontroladas en los países de origen (la situación en el África Subsahariana sería un buen ejemplo de ello), puesto que no todos los países se verían igualmente afectados por ese fenómeno, al menos al inicio del mismo. Y también sería cierto en situaciones en las que exista una profunda diferencia religiosa en los flujos migratorios hacia las sociedades occidentales.

A continuación examinaremos en mayor profundidad la forma en que han ido adquiriendo forma los movimientos migratorios hacia las sociedades occidentales. Y lo haremos de forma descriptiva; es decir, el objetivo no es explicar el fenómeno de la inmigración y los mecanismos que pueden estar provocando algunas de las anomalías y diferencias observadas en los flujos migratorios internacionales, sino observar la compleja realidad del fenómeno de la inmigración con vistas a fomentar un debate sobre el rumbo actual de esas corrientes migratorias internacionales.

Movimientos migratorios Sur-Norte: los dos lados del Atlántico
Entre 1960 y 2005, la cifra mundial de emigrantes aumentó de 75 millones a 191 millones, el equivalente al 3% de la población mundial. En el caso de EEUU, el fenómeno es fundamentalmente vertical, originado en la parte sur del continente americano. La inmigración latinoamericana que recibe EEUU resulta llamativa no sólo por la magnitud de las corrientes migratorias, sino también por la cantidad de inmigrantes de países americanos de habla hispana que hay en EEUU. La población estadounidense se sitúa actualmente en más de 300 millones, y la cantidad de personas nacidas en Latinoamérica y residentes en EEUU supera los 18 millones, el 6% de la población del país. Si la inmigración se midiera en términos de grupos étnicos en vez de en función del país de origen, más de 40 millones de personas se definen a sí mismas como hispanos, latinos o chicanos, lo cual supone el 14% de la población total de EEUU. México es la principal fuente de inmigración recibida por EEUU, pero hay síntomas de que está aumentando la diversificación en los países de origen: actualmente se están produciendo importantes corrientes desde países de Sudamérica y Centroamérica. En los últimos años, el rápido aumento de la inmigración procedente de países de Latinoamérica ha convertido a los latinoamericanos en la principal minoría étnica de EEUU, superando a los afroamericanos por primera vez en la historia estadounidense.

Al otro lado del Atlántico, Europa ha venido experimentando una llegada constante de inmigrantes desde 1950. Sin embargo, su inmigración es mucho más heterogénea que la de EEUU. El principal motivo de ello es que Europa está compuesta de Estados nación más pequeños, que han enfocado el fenómeno de forma distinta.

El norte de Europa (Irlanda, el Reino Unido, Finlandia y Suecia) ha presentado un gran dinamismo en términos de inmigración; Europa central (Bélgica, Dinamarca, Alemania, Francia, Luxemburgo, los Países Bajos y Austria) ha constitutito el principal destino de los movimientos migratorios hacia Europa; los países mediterráneos (España, Italia, Portugal y Grecia) han experimentado una transformación radical, pasando de ser fuente de emigración a convertirse en destino de inmigrantes. El cambio ha sido espectacular: desde 1997, España ha recibido anualmente más inmigrantes que cualquier otro país de la UE.

La mejoría económica experimentada en la década de 1980 y la desintegración de la antigua Unión Soviética son algunos de los factores que han determinado los patrones migratorios en Europa. Ambos fenómenos produjeron un aumento de los flujos migratorios hacia Europa occidental procedentes, sobre todo, de la antigua Yugoslavia, la antigua Unión Soviética y Turquía. En los últimos años también ha aumentado el número de inmigrantes procedentes del norte de África, si bien es cierto que en el caso de Francia este tipo de inmigración ya había venido siendo un fenómeno muy importante durante gran parte del siglo pasado. Según estimaciones de Eurostat, en 2004 el número de extranjeros residentes en la UE se situó en prácticamente 25 millones de personas, alrededor del 5,5% de su población total. En términos absolutos, la mayor parte de ellos residía en Alemania, Francia, España, el Reino Unido e Italia. Los turcos constituyen el grupo de inmigrantes más numeroso de Europa, con una presencia considerable en Alemania, Dinamarca y los Países Bajos, si bien hay que tener en cuenta que, después de Rusia, Turquía es el mayor país en términos de población fronterizo con la UE.

¿En qué medida difiere la emigración Sur-Norte a ambos lados del Atlántico? Dada la complejidad del fenómeno, resulta muy difícil emprender un análisis comparativo que pudiera darnos una respuesta clara a esta pregunta. Tampoco disponemos de toda la información necesaria, puesto que la inmigración a menudo se caracteriza por su irregularidad e ilegalidad, además de por su volatilidad. A pesar de las dificultades que plantea la medición del fenómeno migratorio, el Banco Mundial, en cooperación con la Universidad de Sussex, ha elaborado una matriz de cifras migratorias bilaterales, basada en el cálculo de la migración mundial realizado por la ONU en 2005. Estos datos facilitan la tarea de analizar los flujos migratorios a nivel mundial.

La información incluida en la Tabla 1 se ha tomado de esa fuente. He agrupado los datos de forma que reflejen la inmigración que reciben Canadá, Japón, EEUU y la UE-27 + AELC procedente de 11 regiones. La información es compleja y puede resultar, por consiguiente, difícil de interpretar. Para facilitar la tarea al lector y mejorar la comprensión del análisis posterior, daré el siguiente ejemplo: Canadá cuenta con un total de 98.233 inmigrantes procedentes del norte de África; esto corresponde al 3% del total de inmigrantes de Canadá y al 2,1% del total de la emigración desde el norte de África hacia cualquiera de los países incluidos en el Cuadro.

Inmigración: diferencias a nivel mundial

Del análisis del fenómeno migratorio presentado en la Tabla 1 pueden extraerse varias generalizaciones interesantes. En primer lugar, de los 60 millones de emigrantes procedentes de las 11 regiones analizadas, el 50% se dirigió a EEUU, el 40% a la UE, el 5% a Canadá y sólo algo más del 3% a Japón.

La región que genera mayor emigración (sin tener en cuenta el tamaño de la población de cada región) es Centroamérica, incluido México. De los casi 13 millones de centroamericanos que emigraron, el 98% escogió EEUU como lugar de destino. La inmigración centroamericana en EEUU es muy significativa, puesto que representa más del 41% de la inmigración total estadounidense. Su concentración es, sin comparación alguna, la mayor de entre todas las regiones de origen incluidas en la Tabla 1.

El Magreb representa el extremo contrario en términos de concentración de inmigrantes. De los 4,65 millones de magrebíes que emigraron, 4,3 millones (el 93%) residen en la UE. Aun así, a diferencia de lo que ocurre con la inmigración centroamericana, el hecho de que la concentración de inmigrantes del norte de África en la UE sea tan elevada no la convierte en la región que más emigrantes aporta a la UE. La inmigración procedente del norte de África representa tan sólo el 17,7 % de la inmigración total de la UE. Oriente Medio representa el 19,6 % (aunque la concentración de inmigrantes procedentes de Oriente Medio es menor: sólo un 79%, frente al 93% de norteafricanos). Es decir, en términos absolutos, la inmigración que llega a la UE procedente de Oriente Medio es más significativa que la inmigración procedente del norte de África. Dicho esto, y como cabría esperar, la principal fuente de inmigrantes en la UE sigue siendo Europa Oriental, y ello a pesar de que la UE se ha ampliado ya dos veces hacia el Este en los últimos años, reduciendo así la cifra de países de Europa Oriental no comunitarios.

Sin embargo, la conclusión más importante que puede extraerse de los datos observados es que, en la actualidad, la UE alberga aproximadamente el 80% (quizá más si se tienen en cuenta la diversidad religiosa del África subsahariana, del sur de África y de Asia) de la inmigración árabe/musulmana que llega a las sociedades occidentales. Resulta imposible predecir cuáles podrían ser las consecuencias a largo plazo de esta distribución tan desigual, pero si se tiene en cuenta que las crisis más graves a nivel mundial acaecidas desde el 11-S han enfrentado al mundo árabe/musulmán, por un lado, con las sociedades occidentales, por el otro, no deberíamos infravalorar la posibilidad de que se produzca un desequilibrio cada vez mayor a largo plazo entre los intereses de la política exterior de EEUU y los de la UE como consecuencia directa de las actuales tendencias migratorias.

Una observación más general es que la inmigración que recibe la UE es mucho más heterogénea que la que recibe EEUU. Resulta interesante observar que, en términos de procedencia, Canadá y la UE presentan mayores similitudes entre sí en este sentido que con EEUU. En el caso de la inmigración recibida por EEUU, la proporción de inmigrantes de habla hispana es extremadamente alta. Según los datos disponibles, el 65% del total de inmigrantes que llegan a EEUU es de origen latinoamericano. Las cifras hablan por sí solas, y es fácil llegar a la conclusión de que una inmigración tan concentrada puede llegar a tener, en un momento dado, un importante impacto cultural en el país. También resulta interesante señalar que la inmigración procedente de Sudamérica está uniformemente distribuida entre EEUU y la UE, en el segundo de los casos exclusivamente como resultado de los altos niveles de inmigración sudamericana recibidos recientemente por España.

Otro factor que cabe señalar a partir de los datos de la Tabla 1 es el peso que la proximidad geográfica tiene en las decisiones migratorias. Por un lado, la UE es el destino elegido por el 78% de la inmigración procedente de Europa del Este, el 79% de la inmigración procedente de Oriente Medio y el 93% de la inmigración procedente del norte de África. A su vez, EEUU es el destino elegido por el 98% de la inmigración procedente de Centroamérica (incluido México). Y por último, en el otro extremo del mundo y a pesar de no ser un país que reciba un gran flujo migratorio, la población inmigrante de Japón procede, casi exclusivamente, del este de Asia. Canadá, el país más alejado de los países fuente de inmigración, es el que mayor heterogeneidad presenta en términos de procedencia de sus inmigrantes. Es decir, existe una clara tendencia a que las regiones o los países receptores reciban la mayor parte de su flujo de lugares próximos a ellos geográficamente.

Gráfico 1: Procedencia de los inmigrantes que llegan a EEUU y a la UE (en millones)
Gráfico 1

Para ilustrar estas diferencias podemos observar el Gráfico 1, que muestra las diferencias existentes entre la inmigración que recibe EEUU y la que recibe la UE. Las diferencias son fácilmente apreciables. La inmigración que reciben estos dos gigantes receptores se complementa en el sentido de que si bien EEUU recibe una inmigración considerable procedente de una región de origen, Europa recibe una menor cantidad de inmigrantes procedentes de esa misma región. El Gráfico muestra también una mayor diversidad en la procedencia de los inmigrantes que recibe la UE. El motivo parece estar relacionado con la proximidad geográfica de los países de origen y destino. En otras palabras, uno de los motivos que explican el destino elegido por los inmigrantes (aunque no su decisión de emigrar) es la proximidad geográfica, un factor que puede verse acentuado o no posteriormente por las redes sociales que facilitan el contacto inicial con el país receptor.

El que la proximidad geográfica parezca ser un factor tan importante a la hora de explicar la inmigración podría guardar relación con el hecho de que la inmigración a gran escala es en parte resultado de una inmigración irregular. Dicho de otra forma, para muchos inmigrantes probablemente resulte más fácil cruzar el Río Bravo o el Estrecho de Gibraltar que pasar los controles de inmigración en los aeropuertos de Kennedy o Barajas.

Conclusión: El objetivo del presente documento ha sido describir algunos de los rasgos que caracterizan el panorama migratorio en la región atlántica. Hemos visto cómo ha ido adquiriendo forma el fenómeno migratorio a ambos lados del Atlántico y cómo, a pesar de ser un fenómeno con numerosas similitudes, también presenta diferencias importantes, especialmente en cuanto a los países de origen. En vista de que, por un lado, la inmigración recibida por la UE y EEUU tiende a caracterizarse por un alto nivel de homogeneidad en términos de país de origen y que, por otro, existen considerables diferencias en cuanto a los países que envían emigrantes a la UE y a EEUU, cabe plantearse las siguientes preguntas:

  • ¿Cuáles son las ventajas y las desventajas a medio y largo plazo de la actual evolución de los flujos migratorios?
  • ¿Resulta preferible alcanzar un alto nivel de heterogeneidad en cuanto a los países de origen de los inmigrantes recibidos (como es el caso de Canadá)? De ser así, ¿por qué?
  • ¿Qué consecuencias a largo plazo podría tener la entrada en la UE de una gran mayoría de emigrantes musulmanes (más del 80%)?

Hoy por hoy no hay forma de dar respuesta a estas preguntas. Sin embargo, eso no quiere decir que debamos pasar por alto los problemas y las diferencias que presentan las corrientes migratorias internacionales. A nivel mundial existen muchas ventajas en mantener un debate abierto sobre el rumbo de las corrientes migratorias internacionales y las consecuencias que éstas pueden acarrear. No se trata sólo del problema de la religión, hay otros aspectos que deben debatirse con mayor claridad. El hecho de que Europa sea, con diferencia, la región más afectada por la inmigración procedente del norte de África es una complicación adicional. África podría convertirse en un problema migratorio de enorme gravedad en muchos aspectos, desde el tráfico ilegal y el crimen organizado hasta los desplazamientos demográficos a gran escala. Para amortiguar su exposición de cara a muchos países emisores, quizá sería prudente que Europa diversificara la migración mundial en mayor medida de lo que lo está haciendo en la actualidad. El problema es cómo conseguirlo. Otro problema es la existencia de diferencias en el seno de la UE con respecto a la inmigración internacional, si bien este problema será objeto de otro análisis.