Innovar en pensiones

El debate de las pensiones, va mucho más allá de pensiones públicas y/o pensiones privadas.

La premisa principal es que el Estado debe garantizar un subsidio económico, con el que cualquier ciudadano pueda vivir dignamente –pensiones no contributivas–. Otra premisa es que las cotizaciones por trabajo durante la vida laboral, configuren la cuantía de la pensión –llamada en este caso contributiva–. Pero tengamos en cuenta que las cotizaciones que hacemos los trabajadores de hoy, no se guardan en ningún sitio, si no que con ellas se pagan las pensiones de los jubilados de hoy: en España tenemos un sistema solidario de reparto.

Por otra parte, las aportaciones a planes privados de pensiones, son una fórmula de ahorro para la parte de la población que tiene el privilegio de disfrutar de ingresos constantes durante su vida o dispone de un patrimonio suficiente. Actualmente la mitad de las familias en España no pueden ahorrar según el CIS.

Durante años, para calcular pensiones, hemos configurado una ecuación con unas variables evidentes: número de cotizantes (en descenso), cuantía de la cotización (en descenso), pirámide demográfica (desfavorable), años cotizados (menos, por el paro), ahorro personal, años de ahorro, intereses, vida media del ciudadano (en aumento)… Las personas que trabajan en el mundo del ahorro indican con lógica matemática, que todas las variables vaticinan un colapso del sistema de pensiones en no mucho tiempo.

Parece que se podrá garantizar una pensión mínima –cada vez más mínima–, pero que si no lo resolvemos, los próximos jubilados después de trabajar un porrón de años, vamos a tener una vejez muy cruda porque el importe de la pensión media bajará notablemente y el ahorro es imposible para el 50% de las familias.

Los expertos hacen bien su análisis, pero en pensiones en este momento, más que análisis se necesitan propuestas: propuestas sociales. Sí, hay que hacer política, aunque eso no se estila.

En materia de pensiones, hay una mirada al limbo prolongada, para evitar tomar decisiones. Nuestros políticos convocan al Pacto de Toledo, y durante meses técnicos expertos en planes de pensiones procuran inspirar a sus señorías… Y como no les sale la ecuación de las pensiones, equilibran la igualdad a martillazos: «Y como me faltan 8.000 millones, lo resuelvo con este nuevo impuesto» o «emito Deuda Pública, y solucionado». Son ñapas de urgencia, cortoplacistas, ruinosas y en contra de todos los criterios presupuestarios de la Comisión Europea.

Si la ecuación es irresoluble con las variables existentes actualmente, la solución pasa por incorporar nuevas variables que se deben de establecer con la lógica del siglo XXI: deben ser variables perdurables y no efímeras, necesarias y no superfluas, que tengan un valor económico a nivel individual y también a nivel macroeconómico. Si a estas condiciones evidentes sumamos la posibilidad del uso de la tecnología personal para la medición de dichos factores, perfectamente nos podemos plantear un escenario, en el cual enfoquemos nuestro objetivo con los objetivos principales de la humanidad en los próximos decenios: la simple supervivencia del planeta.

Alimentar a todos los habitantes del planeta o establecer una economía circular baja en carbono con fuentes de energía renovables es impensable de conseguir tan solo por el acuerdo de los gobiernos o de las grandes empresas. Tampoco tan sólo con la concienciación o la educación cívica. Es necesario alinear a los ciudadanos del mundo respecto a su comportamiento en cualquier decisión económica diaria (su consumo) y el resto de decisiones cotidianas (en el trabajo, viajes, tiempo libre, deporte, salud…), y eso hasta ahora se reducía a políticas de regulación hacia las empresas y educación para los ciudadanos. Ello es insuficiente, los objetivos se conseguirán mediante políticas de incentivos económicos para los ciudadanos, a través de los premios económicos ofrecidos por las empresas (RSC) y administraciones, en forma de aportación a la pensión.

En este sentido se armó la propuesta, que la AEFI (Asociación Española de Fintech e Insurtech) quiso presentar en comparecencia al Pacto de Toledo, pero que a sus señorías no ha dado tiempo a contemplar desde diciembre de 2016. Que tengan que innovar sobre pensiones, precisamente los parlamentarios que son quienes tienen las pensiones garantizadas, es una aberración más. Por cierto que ningún grupo parlamentario movió un dedo para que la propuesta fuese al menos escuchada.

Pues bien, sus señorías, se han equivocado de plano: la Comisión Europea en uno de los programas de innovación más exigentes del planeta (H2020) sí que ha visto la idoneidad de la propuesta y va a financiarlo como proyecto europeo, dentro del Reto Social 6: «sociedades innovadoras, inclusivas y reflexivas». Ya les avisaré, cuando un político español, de cualquier partido, baje del púlpito de la demagogia para interesarse de una manera real por la propuesta de innovación en pensiones, premiada en Europa y que acaba de firmar un convenio con China.

José Luis Orós Pineda, Delegado de la AEFI en Pensiones, CEO de Pensumo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *