Intentar salir del estancamiento

Hay muchos obstáculos en el  camino para reanudar el proceso de paz entre Israel y los palestinos, que son como un preámbulo de los obstáculos que aparecerán durante el proceso mismo. Uno de esos obstáculos es la exigencia previa por parte de Israel de que los palestinos reconozcan el Estado de Israel como el Estado de la nación judía. Una exigencia que los palestinos rehúsan. Analicemos qué hay detrás de esa exigencia planteada ya, según creo, en la época del gobierno de Ehud Olmert.

Si tras esa formulación está la negativa total de Israel a aceptar en su territorio a los refugiados de la guerra de 1948, entonces ¿por qué dar tantas vueltas y no decirlo de forma explícita? Sobre el tema de los refugiados de la guerra de 1948, tanto los que se encuentran en Cisjordania y Gaza como los que se encuentran en los países árabes, más del 95% de los ciudadanos judíos del Estado de Israel está totalmente de acuerdo en no aceptar el regreso de los refugiados de 1948 al territorio del Estado de Israel, sino únicamente a su patria en el Estado palestino.

Es evidente que el regreso o la rehabilitación de los refugiados se puede hacer solamente en su patria, con la que tienen una identidad común, y no en su casa,que ya no existe y que se encuentra ahora en un país extranjero. Los refugiados del año 1948 pueden rehabilitarse en el Estado palestino que se encuentra como mucho a diez o quince kilómetros de las casas que fueron destruidas y de la tierra que les fue arrebatada en la guerra de ese año. Porque en todo caso para rehabilitar y reconstruir sus casas originales y devolvérselas habría que echar a decenas, si no a cientos de miles, de israelíes y convertirlos en desplazados.

Si es eso lo que se oculta tras esa nueva y poco clara demanda de Israel, que por cierto jamás puso como condición en el acuerdo de paz con Egipto ni en el acuerdo de paz con Jordania, ¿por qué no decirlo de forma explícita? El mundo entero entendería la postura de Israel, incluyendo a los palestinos, que en su fuero interno saben que su exigencia del derecho de retorno nunca será aceptada (salvo un reducido número por razones de reagrupamiento familiar) y que plantean esa demanda solamente como forma de presión o para intentar torpedear el proceso de paz.

Pero si Israel pretende algo más amplio y profundo con la exigencia de que se le reconozca como el Estado de la nación judía, los palestinos querrán saber con razón cuál es el significado de esa exigencia. Si con ese reconocimiento Israel les está exigiendo que acepten su legitimación moral y política para volver a recortar los derechos de los árabes israelíes, ciudadanos del Estado de Israel, entonces con toda la razón se negarán a dar ese reconocimiento. Pero si Israel exige a los palestinos reconocer el hecho de que cualquier judío del mundo, por su nacionalidad judía, pertenece al Estado de Israel, algo que ni siquiera aceptan muchos judíos, entonces ellos reclamarán que primero se les dé una definición autorizada de quién es judío, y se negarán a aceptar la mediación de un enviado norteamericano como Dennis Ross o del ex ministro de Asuntos Exteriores francés, Bernard Kouchner, y otros muchos, pues si ellos son judíos que pertenecen a la nación judía, y el Estado de Israel es de hecho su auténtico Estado, no sería razonable que esas personas fueran utilizadas como mediadores imparciales. Por cierto, ¿cómo reaccionaría el estado de Israel ante la exigencia palestina de reconocer el futuro Estado palestino como Estado del pueblo árabe, o como estado de la nación islámica?

En resumen, hay una extraña idea fija que está clavada en la mentalidad política israelí, ya sea como un obstáculo ingenioso que torpedee el proceso de paz, ya sea como una profunda aspiración judía a terminar conflictos de una forma teológica que pueda preparar la llegada del Mesías. Es decir, no simplemente terminar un conflicto de ciento veinte años del modo en que los pueblos terminan los conflictos, sino algo mucho más profundo y total. A los palestinos se les exige que reconozcan no sólo el sionismo como idea, sino las profundidades de la historia judía en general. Así pues, tengo una propuesta alternativa que tal vez sea aceptable para los palestinos. Cuando ellos ven a los más fanáticos nacionalistas que hay entre nosotros, religiosos en su mayoría, saltar con entusiasmo junto a sus casas, gritando y cantando, no les oyen decir que la tierra de Israel pertenece a la nación judía, sino que la tierra de Israel pertenece al pueblo de Israel. Lo que utilizan es la expresión auténtica, religiosa y original, no pueblo judío o nación judía, sino pueblo de Israel. Por tanto, en vez de exigir a los palestinos como condición previa que reconozcan el Estado de Israel como el Estado de la nación judía, hay que aceptar de ellos el reconocimiento del Estado de Israel como el Estado del pueblo de Israel, o de los israelíes. Del mismo modo que nosotros reconocemos el Estado palestino como el Estado del pueblo palestino.

Es una simetría justa y acertada desde el punto de vista de nuestros conceptos históricos y religiosos, y creo que no habrá ninguna razón para que los palestinos rehúsen esa formulación, que nos sacaría de una nueva trampa en el proceso de paz.

Abraham B. Yehoshúa, escritor israelí, impulsor del movimiento Paz Ahora. Traducción: Raquel García Lozano.

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