Internet impulsa el exhibicionismo

Para una parte importante de la población internet se ha convertido en algo imprescindible. Somos relativamente numerosos quienes lo utilizamos para consultar nuestro correo electrónico, leer el periódico, planificar nuestras vacaciones o conectarnos a una red social. El uso de internet, sobre todo a través de los dispositivos móviles, es mucho más intensivo entre los jóvenes y adolescentes, para quienes es un elemento fundamental de su vida cotidiana, ya que lo utilizan para todo tipo de actividades: jugar, escuchar música, hacer sus tareas escolares y, sobre todo, comunicarse.

No podemos obviar que el uso de internet está cambiando nuestra privacidad. Tradicionalmente se ha definido como privacidad el ámbito de la vida personal de un individuo que se desarrolla en un espacio reservado –generalmente el doméstico– y cuyo contenido habitualmente se ha mantenido de forma confidencial. Como bien sintetiza el viejo dicho, la ropa sucia se lava en casa.

Durante el siglo XX, con la incorporación de los medios de comunicación la privacidad se vio transformada. Por una parte, la radio y la televisión contribuyeron a informarnos de lo que ocurría en el exterior. Por otra parte, el uso de estos medios contribuyó a uniformizar los hábitos domésticos. De esta manera, los hábitos y las celebraciones familiares se uniformizaron como consecuencia del protagonismo de la televisión. En ocasiones especiales, es frecuente que, en lugar de charlar, acabemos viendo el anuncio más caro del año y los correspondientes programas de humor.

En el siglo XXI, con la difusión de las nuevas tecnologías de la comunicación, los hogares, además de receptores, se han convertido en emisores. Así, a través de internet o de las redes sociales tenemos la posibilidad de transmitir información al exterior.

Algunos de nosotros, fundamentalmente los más jóvenes, muestran una tendencia manifiesta a comunicar sus inquietudes, estados de ánimo y actividades de tiempo libre –ilustrándolas con abundantes fotografías– a sus amigos en las redes sociales (entorno a los 200).

En España no es nueva la afición al cotilleo y no es casual que una de las cosas que hemos exportado al Reino Unido sea una revista rosa. Además, hace ya más de una década que los programas de televisión orientados a desnudar los cuerpos y, sobre todo, las almas de sus protagonistas gozan de una posición privilegiada en los índices de audiencias. También son numerosos los famosos –cantantes, actores, futbolistas u otros de dudosos méritos– que practican la extimidad: un concepto creado por el psicoanalista Lacan que ahora se reinterpreta como lo contrario de la intimidad. Es decir, que lo que antes quedaba reducido a un círculo de amigos es ahora público a través de las redes sociales.

Todo ello ha contribuido a crear un impulso exhibicionista en un sector del público para el que “saber mostrarse” en internet es un valor indiscutible, tal como argumenta Paula Sibilia ( La intimidad como espectáculo, FCE). Esta tendencia se da de forma más acusada entre los menores y jóvenes que, generalmente, no son conscientes de las consecuencias negativas que para ellos puede tener mostrar su intimidad. Para la mayoría, captar una foto y enviarla es cuestión de segundos es un impulso inconsciente y la foto enviada es ya irrecuperable. No perciben que los “amigos de amigos” que incluyen entre los numerosos contactos de su perfil no son necesariamente sus amigos. Además, las relaciones humanas son cambiantes. De ahí los casos de novios despechados que difunden fotos íntimas de su expareja.

Padres y madres les hemos enseñado que no deben hablar con desconocidos en la calle. Sin embargo, cuelgan sus comentarios y fotos íntimas en un muro al que acceden cientos de personas sin reparar en sus consecuencias.

Para los adultos tampoco es fácil proteger nuestra privacidad en internet. No es casual que al leer la prensa on line nos aparezca publicidad relativa a determinado destino vacacional por el que nos hemos interesado on line recientemente. No somos conscientes de la información que generamos al hacer una búsqueda en Google. Al realizar una búsqueda o clicar “me gusta” en Facebook generamos una valiosa información para los proveedores o las grandes corporaciones que tratan de vendernos sus servicios. Esta información ha dado origen a la ciencia social computacional que se dedica a extraer información personal de las redes sociales con el fin de orientar el marketing dirigido.

El paso fundamental para una mejor gestión de nuestra privacidad es que seamos conscientes de su valor y actuemos en consecuencia concienciando a nuestros hijos y cuidando nuestros hábitos digitales.

Maialen Garmendia, directora de EU Kids Online, España. Profesora titular de Sociología, UPV/EHU

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