Invertir en gas, una buena oportunidad

La ubicación geográfica de España juega un papel determinante respecto a su situación energética. Estar en el sudoeste de Europa, separada por la barrera de los Pirineos, hace que tenga que ser considerada casi como un país periférico. Alejado de la centralidad europea. En términos energéticos podemos hablar de una isla, una isla energética.

Sin embargo, España está próxima a países productores de gas natural, lo que ha posibilitado contar con gasoductos procedentes de la vecina Argelia: el Duran Farell, de 12 bcm (miles de millones de metros cúbicos), y el Medgas, de 8 bcm. Además, existe otro gasoducto que une España con Francia, hasta la localidad de Lacq, con capacidad de hasta 7 bcm. A estas capacidades de entrada actuales de gas hay que añadir las relativas a las plantas de regasificación -existen siete en España, con una capacidad de más de 1.700 GWh/día de producción-, cuyo objeto es devolver al estado gaseoso el gas que llega en barcos en estado líquido, procedente de plantas licuefactoras de los países de origen.

La crisis económica ha provocado, entre otras cosas, la caída de la demanda eléctrica. Esta situación ha originado, a su vez, que dejen de producirse grandes cantidades de MWh en los ciclos combinados, quedando reducida su misión exclusivamente a dar respaldo a las energías renovables. España, pues, cuenta con infraestructuras de primer orden, pero con un alto grado de ineficiencia por su infrautilización. Los ciclos combinados alcanzan un promedio del 10% de la utilización de la potencia nominal y las plantas de regasificación -una de cada tres plantas europeas se encuentran en España- no pasan del 30% de operatividad.

Un aumento en la capacidad de interconexión con Francia y la creación de un mercado secundario de gas podría permitir una mayor utilización de las plantas de regasificación y por tanto, un abaratamiento de los precios, al poder diluir los costes fijos de éstas en una mayor cantidad de gas tratado. Obviamente, la mayor capacidad de los gasoductos con Francia abriría más la competencia y aparecería una tensión en los precios que podría reducir el coste actual del gas natural.

Quizás los aspectos más interesantes se revelan en las ventajas estratégicas que reportaría el aumento de las interconexiones, ya que podrían mantenerse expectativas de que el gas procedente de Rusia o del Asia Central, con precios inferiores al proveniente de Argelia, tengan acomodo en la cesta energética de España. Sólo esa opción, así como la posible utilización en su día de los excedentes del shale gas de EE.UU, utilizando y rentabilizando las plantas de regasificación, mejoraría la capacidad negociadora con Argelia. Al tiempo, si del gas argelino se beneficiaran otros países europeos, a través de las infraestructuras españolas, el sector gasístico español materializaría su expansión internacional. A la vez, la actitud de la Unión Europea cambiaría ante posibles desavenencias España-Argelia y adoptaría una posición más activa a favor de España, como sucede con el gas de Rusia y la situación de Ucrania.

Incrementar las capacidades de las interconexiones con Europa nos conduce a una mayor diversidad y seguridad de suministro. Vital en un país con una elevada dependencia energética, como España. Además, se fomentaría el desarrollo de la competitividad al reducir los precios del imput energético y ayudaría a la necesaria construcción del mercado interior de la energía en Europa. Todo ventajas.

Alberto Carbajo es Ingeniero de Minas y profesor de Sistemas Energéticos en la Universidad Politécnica de Madrid.

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