Invertir en los educadores de África

Mejorar la educación es un emprendimiento lento, arduo y de largo plazo en todas partes, y en ningún lugar tanto como en África, donde las limitaciones económicas severas suelen impedir la inversión sostenida en capital humano. Quienes trabajan en el sector de la educación en el continente tienen que buscar soluciones que sean más rápidas, más económicas y que se puedan escalar.

Con demasiada frecuencia, sin embargo, las estrategias convenientes resultan cortoplacistas y no logran involucrar a los líderes locales que tienen las llaves del progreso económico y social. Con demasiada frecuencia, las opiniones de las bases, que reflejan la experiencia de primera mano a la hora de abordar los problemas de sus comunidades, se ignoran.

Cuando los líderes globales se reúnan en Hamburgo esta semana para la cumbre del G20, la nueva Asociación G20-África ocupará la escena central. Pero aquellos comprometidos con ayudar a África deberían centrarse de lleno en los elementos esenciales de la ayuda y el desarrollo -y eso significa invertir en liderazgo local.

Tristemente, las organizaciones de ayuda mejor financiadas de África suelen estar administradas por occidentales, o por africanos que tienen extensos vínculos con Occidente. Recientemente hablé con varios emprendedores que compartieron evidencia anecdótica de que las organizaciones en África que tienen un cofundador occidental recaudan más del doble de fondos que las organizaciones dirigidas por africanos. Este prejuicio financiero es visible en otras partes también y está perpetuando la escasez de talento local.

El sesgo pro-occidental debería preocupar a todos los que trabajan para construir mejores comunidades para nuestros hijos. Cuando se trata de abordar cuestiones sociales -ya sea la inequidad educativa, la pobreza o la discriminación- los defensores más comprometidos son aquellos que tienen un conocimiento de primera mano del problema que intentan resolver. La experiencia personal es la mejor manera de crear agentes de cambio, porque apuntala la inversión personal y de largo plazo de la gente en desmantelar sistemas que exacerban la inequidad y la injusticia.

¿Cómo serían las cosas si los líderes que revisan estos sistemas se hubieran criado en las mismas comunidades que más los necesitaban? Algunas organizaciones ya están respondiendo ese interrogante.

Más de 12.000 personas se han postulado para participar en Teach For Nigeria (Enseñar para Nigeria), una organización nacional que contrata, capacita y ubica a maestros jóvenes en escuelas de alta necesidad. El programa, diseñado como una beca, elegirá menos de 60 de los graduados universitarios y profesionales más brillantes, no sólo para desarrollar excelentes maestros de aula, sino también para empoderar a la próxima generación de emprendedores sociales comprometidos con resolver la inequidad, y profundamente conectados con los esfuerzos locales ya en marcha en comunidades en su país.

Después de su compromiso de dos años con la enseñanza, que comienza en septiembre, estos líderes prometedores se sumarán a un movimiento mundial de más de 55.000 personas que han completado la beca en más de 40 países, incluyendo los 30 miembros que ya trabajan al lado en Teach for Ghana (Enseñar para Ghana). El nombre que le damos a esta poderosa agrupación de agentes de cambio es “liderazgo colectivo”, y creemos que es la única manera de asegurar un cambio positivo y duradero.

Una inversión inadecuada en iniciativas lideradas localmente es una de las dos razones por las que no logramos garantizar que quienes están más afectados por la inequidad encuentren maneras de resolverla. La segunda es la imposibilidad de invertir en los niños. En Uganda, el 70% de los niños no completa la escuela primaria. La educación elemental es la base para nuestra capacidad vital de analizar información, presentar ideas y opiniones y desafiar al mundo que nos rodea. Y aun así, en muchas comunidades africanas, no invertimos en preparar estos cimientos.

En todo el continente, el logro educativo está marcadamente estratificado: mientras que el 82% de los niños de las familias más adineradas completan la escuela primaria, sólo el 28% de los niños de las familias más pobres lo logran. Si el futuro del continente ha de ser forjado por quienes, o con quienes, han experimentado más intensamente sus desafíos, programas como Teach For Nigeria y Teach for Ghana son esenciales.

Imaginemos qué se podría lograr si se ampliaran los esfuerzos para ubicar nuevos empleados locales en escuelas de bajos ingresos. Imaginemos cuántas oportunidades se podrían crear para abordar los retos que enfrentan los niños y las familias, llegando potencialmente a cientos de miles de niños que también están inspirados y alentados a pensar de manera crítica y resolver los problemas que afectan al mundo que los rodea.

Algunos sostienen que la educación no tiene sentido si los graduados no pueden encontrar trabajo; en verdad, la creación de empleo en África será un tema importante de discusión en la cumbre del G20. Pero si ben la inversión en desarrollo de negocios y en creación de empleo es crucial para la vitalidad y el crecimiento económicos, no sucederá sin una fuerza laboral educada. Un mercado laboral robusto presupone una cantidad suficiente de trabajadores capacitados para ocupar los empleos disponibles. Pero en el África subsahariana, sólo el 58% de los niños terminan la escuela primaria.

Es por este motivo que, cuando los líderes del G20 discutan las nuevas estrategias de desarrollo económico para África, deberían concentrarse en la inversión en educación. Pero, más importante, deberían intentar garantizar que los recursos lleguen a quienes dependen de los líderes locales y la innovación. El Objetivo 4 del Desarrollo Sustentable -garantizar una educación equitativa e inclusiva para todos en 2030- es alcanzable, pero sólo si las soluciones surgen de abajo hacia arriba, es decir de los africanos más comprometidos con ellas.

Samantha Williams is the head of the Africa region at Teach For All, a global network of educational organizations that works to improve teaching quality in high-need schools and communities.

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