Involucrarse por la paz

Los más sensibles al resultado de las negociaciones entre Israel y Palestina son también quienes menos esperanzas abrigan sobre los resultados de las mismas negociaciones. De los 18 palestinos a los que he entrevistado sobre la cuestión, sólo uno consideraba que las negociaciones arrojarían resultados positivos susceptibles de contribuir a la paz regional; y, de los 17 restantes, seis afirmaron que se trataba de una cuestión tan teñida de desesperanza que ya no seguían las noticias de la prensa israelí. Juzgo que lo propio puede decirse del otro bando.

Entonces, ¿a qué obedece que Estados Unidos abrigue esperanza suficiente como para presionar a los palestinos y a los israelíes a volver a intentarlo a riesgo de perder la credibilidad que aún conservan? Un examen atento de las políticas del Gobierno de Israel y de la Autoridad Palestina y de la actitud que predomina entre israelíes y palestinos independientemente de su filiación política indica que nada ha cambiado desde las negociaciones entre Arafat y Barak durante la última fase de la administración Clinton. De hecho, las cosas han empeorado y parte de las ofertas de Israel a Arafat sobre los derechos territoriales de los refugiados ya no son viables.

Seguimos haciendo frente a una rigidez de posturas inédita tras diversas declaraciones sobre el deterioro de las perspectivas de paz. Las posturas oficiales constituyen sólo parte del asunto y resulta problemático, tanto en el caso de Netanyahu como de Abas, que estos dirigentes puedan representar a su pueblo en una negociación final. Netanyahu lidera un débil gobierno en minoría minado por la figura de Avigdor Lieberman, quien se complace en manifestar abiertamente sus discrepancias y entorpece los esfuerzos de su gobierno.

Hacer concesiones a los árabes en lo relativo al estatus de Jerusalén y los asentamientos – condiciones de una paz duradera-no es factible si Lieberman sigue saliendo en la foto. Y Abas no sólo carece de la talla y el poder para firmar un acuerdo de paz definitivo, sino que es impopular y su gente le acusa de servir a los intereses de Estados Unidos en lugar de los de su pueblo. Depende de un aparato de seguridad implacable para mantenerse en el poder.

En este conflicto, el tiempo parece estar a favor de quienes se atrincheran en posturas rígidas y ninguna de las partes da muestras del grado de flexibilidad que podría conducir a un compromiso. Ni los convencidos en las capacidades del don o el talento individual – tanto árabes como judíos lo están-se hallan al parecer en condiciones de aportar una figura dotada del suficiente carisma y fuerza de carácter como para superar las dificultades, según asevera el célebre escritor israelí David Grossman. De hecho, aumenta la energía de los partidarios de la línea dura israelíes y palestinos; los partidos religiosos israelíes, Hamas y la Yihad Islámica se hallan más próximos a la gente que los moderados.

Si las posturas israelíes y palestinas se encierran en un punto muerto de facto y de iure,la consecuencia es que nadie aboga por la paz. El deseo de la paz anida en los corazones de una reducida minoría de árabes e israelíes inmunes al ambiente predominante en los tiempos actuales. Los judíos que han sufrido el azote de la guerra en suelo europeo y los palestinos que han padecido detención y tortura en las cárceles israelíes pero han conseguido convertir su dolor en instrumento de comprensión y han abrigado un enfoque positivo de la postura israelí pertenecen a esta exigua minoría.

Los creyentes en la paz son aún tenues voces, pero brindan la única luz al final de un túnel oscuro. Me he pronunciado a favor de que el dinero de la ayuda concedida a Israel y a los palestinos se destine a proyectos de desarrollo conjunto de ambas partes, forzándolas por tanto a conocerse y convivir. Gran número de estudios al respecto han demostrado que el contacto regular elimina muchos prejuicios que impiden que ambas partes alcancen un nivel de entendimiento libre y sincero.

Hasta la fecha, sean cuales fueren las esperanzas de paz – que son ciertamente magras-,estas dependen de la libre buena voluntad y disposición de agentes externos involucrados en el proceso, se trate de Estados Unidos o de otros países o instancias. Pero sería muchísimo más eficaz involucrar en el asunto a árabes y judíos amantes de la paz. En lugar de limitarnos a apostar por la paz – lo que está haciendo ahora Obama-,deberíamos apuntar hacia la gente que ha de convivir con el problema.

Sólo árabes y judíos directamente involucrados en la cuestión están en condiciones de hacer los sacrificios que deben hacerse en orden a la convivencia. En la tierra de Abraham, es menester que se produzca un hecho notorio y excepcional, acaso la entrada en escena de una persona dotada de buena voluntad y disposición.

En calidad de alguien que perdió a tres tíos y siete primos en las guerras árabes con Israel, estoy comprometido con esta vía de actuación. Me cuesta creer que quienes la rechazan sufrieran más que lo que yo sufrí. Observo las colinas de Judea desde mi balcón en la ruta a Jerusalén, pienso en los miles de personas que murieron en los conflictos que enmarcan este santo lugar y elevo mi plegaria, fuente de guía e inspiración. Mucho más que las falsas esperanzas basadas en falsas percepciones.

Said Aburish, escritor y biógrafo de Sadam Husein; autor de Naser, el último árabe.