Irán: batalla por la supervivencia

El ayatolá Ali Jamenei, líder supremo de Irán, que adopta la solución concluyente y decisiva sobre todas las cuestiones de Estado, declaró que los resultados de las elecciones presidenciales de Irán son justos y definitivos. El triunfo de Mahmud Ahmadineyad ha topado con amplias reclamaciones de fraude electoral y ha desatado protestas violentas y enfrentamientos sin precedentes desde la revolución islámica hace 30 años.

La orden de Jamenei de suspender las protestas se pasó por alto y muchos disidentes salieron a la calle el día siguiente. Durante ese mismo día, una nota escrita por Hana fue una de las más populares en el sitio de internet Balatarin, comunidad on line de elevado tráfico de información, versión iraní de Digg. Hana decía: “Participaré mañana en la manifestación, que podría derivar en violencia. Tal vez esté entre las personas que encuentren la muerte.

Escucho todas esas bellas canciones que siempre he escuchado (…). Siempre he querido aclararme las cejas (…), lo veo ahora que repaso desde la primera todas las fotos del álbum familiar. He de llamar a mis amigos para despedirme. Me faltan dos asignaturas para obtener el título de licenciatura, pero ¡al infierno con eso! (…). He escrito estas frases sueltas para que la próxima generación sepa que no éramos unos seres irracionales y exaltados, que hicimos lo que pudimos para mejorar nuestras vidas… negándonos a ceder a la opresión”.

Hana volvió al día siguiente para decirnos: “Estoy viva, pero mi hermana ha muerto (…). Mi hermana ha muerto porque la tiranía no tiene límites. Ha muerto porque amaba la vida”. Hana aludía a una joven, Neda-Agha Soltan, de 26 años, abatida por un disparo el 19 de junio. Su muerte fue captada y transmitida por móviles en Irán y enel extranjero. Neda fue instantáneamente aclamada shahidomártir,término que se aplica a los imanes chiíes o a los héroes caídos de la guerra de Iraq-Irán (1980-1988).

Resulta irónico que las protestas hayan sido testigo del uso de eslóganes religiosos para luchar contra un establishment islámico. Las protestas desde los terrados, al son de “Alá es grande”, iban subiendo de tono hasta que la creciente represión motivó que la gente se metiera en casa decidiendo hacer frente a la violencia autoritaria con no violencia democrática en tanto calificaban a las víctimas de las protestas de shahid,si bien parte de las protestas obedecía también a la repugnancia recíproca entre los líderes religiosos y los residentes en el extranjero de signo laico.

Los resultados de Ahmadineyad en todo el país indican un sólido margen de victoria de un 63%, incluso en los lugares de origen de sus oponentes y enel feudo azerí de su principal oponente, Mir Hossein Musavi. Estos resultados no casan con los tradicionales patrones de voto urbano y rural, ni con los asociados de hecho a las lealtades étnicas. Es como si se hubiera trazado a mano una línea en el mapa que los influyentes analistas del instituto de análisis británico Chatham House han calificado de “escenario improbable” de patrones de voto.

Los novedosos debates de las elecciones presidenciales televisados en directo mostraron a Ahmadineyad en la circunstancia inusual de verse obligado a afrontar duras críticas de sus oponentes. El momento clave de la efusión de apoyo a su rival principal se produjo cuando Ahmadineyad blandió un documento que cuestionaba las credenciales académicas de la distinguida esposa de Musavi, Zahra Rahnavard. Ahmadineyad silenciaba el nombre pero amenazaba con revelarlo, diciendo una y otra vez: “¿Lo digo? ¿Lo digo?”.

Musavi reaccionó ante esta vergonzosa intimidación con la tranquila confianza propia de una madurez de estadista, invitando al presidente a decirlo. Musavi miró luego a la cámara y dijo, con mayor firmeza: “¡Me dirijo al pueblo! He venido a cambiar este estado de cosas donde todos los iraníes son considerados culpables hasta que se demuestre su inocencia y donde los ministros del Gobierno están más preocupados por reunir informes calumniosos que por trabajar al servicio del pueblo”.

Este enfrentamiento abierto pudo incluso comprobarse con ocasión de la breve detención de la hija de Rafsanyani: Faezeh Hashemi se ha mostrado realmente feroz en sus críticas contra Ahmadineyad. Ex diputada y editora de la revista feminista Avaye Zan,hizo incluso alusión a un celebérrimo vídeo de Ahmadineyad en el que este daba rienda suelta a sus personales afectos y sentimientos – cuando pronunció un discurso ante la asamblea general de la ONU – y decía hallarse embargado de la divina luz del imán Zaman (el sagrado decimosegundo guía o sucesor de la rama chií del islam). Hashemi dijo, a la jubilosa multitud en la manifestación de apoyo a Musavi en Teherán, que en caso de ser reelegido Ahmadineyad creería realmente que “¡él es el imán Zaman!”.

En estas elecciones los opositores han lanzado un grito unánime a Ahmadineyad en el sentido de que hay que pararle los pies. Su colega conservador pero rival en la liza electoral, Mohsen Rezaei (ex jefe del Consejo de Guardianes de la Revolución iraní), dijo incluso que un segundo mandato de Ahmadineyad conduciría a Irán “al borde un abismo”. El caso es que el trazado de nítidas líneas de combate por parte de las principales facciones en esta campaña provocará, indudablemente, cambios duraderos en el paisaje político de Irán.

El futuro girará en torno a la batalla por la supervivencia de uno y otro bando. Si los reformistas logran sobrevivir a esta confrontación, dará comienzo una nueva coyuntura, ya que habrán desestabilizado y debilitado buena parte de los obstáculos alzados contra la reforma durante el periodo de Jatami. En sus llamamientos a favor del cambio, Musavi mostró un talante integrador e incluso pidió apoyo a la milicia islámica Basij. Sin embargo, el manoseo de los resultados electorales, la brutal represión y las detenciones en masa han desvelado a plena luz las ambiciones totalizadoras de sus oponentes. Es posible que las protestas de la calle se desvanezcan, pero la ebullición política tanto en el seno de la sociedad como de la élite gobernante, inevitablemente, continuará.

“Ellos”, para emplear la palabra que usan habitualmente los iraníes para referirse a los poderosos, han quedado ahora expuestos a plena luz del día como arquitectos de su propio infortunio. “Ellos” han convertido la situación actual en una lucha hasta el final.

Nasrin Alavi, escritora iraní, autora del libro We are Iran (2006). Traducción: José María Puig de la Bellacasa.