Irán en el juego del poder

Por Ehsan Ahrari, presidente de Strategic Paradigms, Virginia (Estados Unidos). Profesor del Air War College (1990 a 1994) y del Joint Forces Staff College (1994 a 2005) (LA VANGUARDIA, 10/04/06):

Al leer la abundancia de análisis sobre la decisión de Irán de continuar con su programa de enriquecimiento de uranio, resulta evidente qué quieren conseguir Estados Unidos y los países de la UE-3 (Alemania, Francia y Reino Unido). Esperan que Irán abandone de modo definitivo su programa. La parte de China y Rusia en esta controversia resulta confusa. Ambos países desean desempeñar un papel en la resolución del caso, aunque no facilitando las cosas para que Estados Unidos emprenda una acción militar contra Irán. Sin embargo, no se oyen grandes comentarios acerca de la posición de los estados árabes; sobre todo, en la vecindad inmediata de Irán.

Irán ha proseguido con su programa de enriquecimiento de uranio. Si bien ha insistido una y otra vez en que no tiene ninguna intención de desarrollar armas nucleares, tres elementos han alimentado las suspicacias de Estados Unidos y Europa. En primer lugar, Irán mantuvo secreto su programa nuclear durante un tiempo. En el 2002, el grupo opositor Muyahidin-e-Jalq reveló la existencia en Natanz y Arak de dos centrales nucleares secretas que suscitaron sospechas sobre el deseo iraní de desarrollar armas nucleares. En segundo lugar, Irán ha tenido tratos comerciales con A. Q. Jan, el científico nuclear pakistaní ampliamente considerado como un proliferador nuclear delincuente.En tercer lugar, también posee un programa muy activo de desarrollo de misiles balísticos.

Los detractores de Irán en Occidente sostienen que, puesto que el país tiene las terceras reservas mundiales de petróleo y las segundas de gas, carece de razones para mostrarse tan determinado en el desarrollo de sus investigaciones nucleares. En segundo lugar, también concluyen con razón o sin ella que, considerando su muy activo programa de misiles balísticos, a Irán no le resultaría difícil integrar armas nucleares en esos misiles una vez en posesión del know-how adecuado. Además, Estados Unidos sospecha que China, Rusia o incluso Corea del Norte podrían mostrarse más que dispuestas a ayudar a Irán en este sentido. Aparte de la oportunidad de ejercer una presión sobre el poder estadounidense, Irán posee grandes cantidades de dinero en efectivo gracias a la subida del precio del petróleo, lo que lo convierte en un socio atractivo. China y Rusia coinciden con los países occidentales en que Irán no debería desarrollar armas nucleares. El principal punto de discusión de Occidente con China y Rusia se refiere a las medidas que deben tomarse para convencer a Irán de que abandone su programa nuclear.

China y Rusia guardan amargos recuerdos sobre la inicial resistencia estadounidense a acudir a las Naciones Unidas en relación con su idea de que Iraq estaba desarrollando armas de destrucción masiva. Estados Unidos acabó pidiendo la primera resolución del órgano mundial; pero, cuando se hizo evidente que Francia vetaría la segunda resolución sancionando la acción militar, el Gobierno de Bush tomó la decisión unilateral de invadir Iraq. Como forma de garantía blindada de que el Gobierno de Bush no sabotearía el proceso sancionador de las Naciones Unidas relativo a Irán, China y Rusia se han mostrado reacias al empleo de un lenguaje enérgico en la eventual resolución del Consejo de Seguridad encaminada a establecer un calendario para castigar a Irán. En la resolución aprobada el 29 de marzo pasado – aprobada de forma unánime por los 15 miembros- han visto cumplido ese propósito. La resolución exhorta a Irán a que suspenda su programa de enriquecimiento de uranio, pero no es vinculante. Además, no compromete a las Naciones Unidas a actuar contra Irán y evita claramente el lenguaje que podría preparar el terreno a las sanciones o las maniobras militares, lo cual constituye una patente victoria para Pekín y Moscú.

Con todo, no cabe duda de que Estados Unidos y la UE-3 presionarán a China y Rusia con el fin de que convenzan a Irán para que abandone su programa de enriquecimiento de uranio y tome la decisión de no ocultar sus actividades nucleares al organismo o bien para que esos dos países adopten una postura más dura en el caso de que Irán rechace satisfacer las peticiones de la última resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Mientras China y Rusia estén embarcados en maniobras diplomáticas para presionar a Irán, no cabe esperar que acaten la disciplina de Washington. Sus respectivos intereses en tanto que grandes potencias desempeñan un papel discreto pero poderoso en los movimientos que realizan con respecto a Irán. Rusia se siente cada vez más frustrada por la aglomeración estadounidense en su inmediata vecindad. El presidente Vladimir Putin ha mostrado irritación ante las acusaciones de fraude en las recientes elecciones bielorrusas por la sencilla razón de que no quiere romper los lazos que unen su país con lo que los medios de comunicación occidentales llaman la última dictadura de Europa.Rusia también se mantiene a la defensiva ante la afirmación europea de que evita la democracia. La competencia Estados Unidos-Rusia en Asia central se ha vuelto feroz.

China, por su parte, está molesta por la descripción que hace intermitentemente el Gobierno de Bush de ella como país competidor o incluso como adversario potencial.Pekín mostró su disgusto ante las noticias según las cuales el reciente acuerdo nuclear firmado entre Estados Unidos e India también estaba orientado a contener a China.

A la vista de estas agendas en conflicto, tanto Rusia como China prevén que sus lazos con Estados Unidos van a volverse cada vez más competitivos. En consecuencia, el programa iraní de enriquecimiento de uranio se presenta como una cuestión en la que los dos países disponen de un amplio margen de maniobra para conseguir un gran trato con Washington en relación con temas que son de enorme importancia estratégica para cualquiera de ellos.

¿Y qué ocurre con los vecinos árabes de Irán? No cabe duda de que se oponen a que Irán desarrolle armas nucleares. Ahora bien, no comparten los análisis alarmistas de Estados Unidos y la UE-3 sobre lo que sucedería en caso de que Irán obtuviera dichas armas. Lo que los estados árabes desean es una declaración permanente de su región como zona libre de armamento nuclear, un compromiso que privaría a Israel de su gran arsenal nuclear actual.

Sin embargo, sabedores de que el Estado judío no está dispuesto a deshacerse de semejantes armas y de que Estados Unidos tampoco lo está a insistir sobre ello, los estados árabes han aprendido a adoptar una perspectiva relajada acerca de la cuestión nuclear iraní. Dan por supuesto que, en el caso de que el país desarrollara armas nucleares, sólo las utilizaría como disuasión contra Estados Unidos e Israel. Al mismo tiempo, los estados árabes también saben que el paraguas nuclear estadounidense los protege de posibles amenazas nucleares. Mientras tanto, parecen satisfechos dejando que Estados Unidos y la UE-3 hagan todas las pujas sucias orientadas a conseguir que Irán abandone su programa de enriquecimiento de uranio. En esta compleja interacción de intereses estratégicos, la República Islámica se ve favorecida a corto plazo por la posibilidad de que Estados Unidos, China y Rusia no se pongan de acuerdo en un marco común de acción que convenza a Irán de que renuncie a la opción del uranio. No obstante, los estados árabes, así como China y Rusia, temen que el presidente Bush se haya reservado la opción de la acción preventiva, reiterada en la última Estrategia de Seguridad Nacional hecha pública en marzo del 2006.

No hay en este momento ninguna prueba convincente que indique que Irán se dedica a desarrollar armas nucleares. Puede que ese país insista en proseguir con su programa nuclear como baza en la negociación; sobre todo, para entablar conversaciones directas con Estados Unidos. Sólo Pekín y Moscú pueden empujar al Gobierno de Bush en ese sentido, y ése podría ser su precio para la cooperación con Washington en esa cuestión. Sin embargo, tienen que hacerlo de un modo que no sólo resuelva el conflicto Estados Unidos-Irán, sino que también mejore su posición ante la única superpotencia.