Is Peña Nieto good news for Mexico? / ¿El virtual triunfo de Peña Nieto es una buena noticia para México?

They’re baaaaack. With apologies to Mark Twain, it seems that rumors of the death of Mexico’s Institutional Revolutionary Party were greatly exaggerated.

In fact, I probably wrote that obituary myself, more than once. That’s how it looked in 2000, when the Institutional Revolutionary Party, known as PRI, lost the presidency to Vicente Fox of the National Action Party, or PAN. It seemed even more certain in 2006, when the PRI came in a distant third in the presidential election among the three major parties, behind both the conservative PAN and the leftist Democratic Revolutionary Party, known as PRD. It seemed that the PRI, which controlled the presidency for 71 years and became synonymous with violence and corruption, was on the road to extinction.

But the party has made a comeback. As expected, the top vote getter in Mexico’s presidential election on Sunday was PRI candidate Enrique Peña Nieto. The 45-year-old former governor of Mexico’s most populous state, the one with the matinee idol good looks and the movie star wife, got about 38% of the vote. PRD candidate Andres Manuel Lopez Obrador came in second with about 32%. The PAN’s Josefina Vazquez Mota got just 25%.
This is despite the fact that Peña Nieto’s public image took a lot of hits during the campaign. In December, the candidate struggled at a literary fair to name three books that had influenced him. When he was criticized for the flub by the country’s intelligentsia, his daughter poured gasoline on the fire by insisting, on Twitter, that the story was driven by class envy. Later, in an interview with a Spanish newspaper, Peña Nieto admitted that he didn’t know the price of a package of tortillas. When criticized for being out of touch, he insisted chauvinistically that he wasn’t “the woman of the household.” He also admitted in another interview that he was unfaithful to his late wife and fathered two children with two women during his marriage.

These tidbits normally tantalize the media. But Mexico’s version of Big Media, led by the gargantuan multimedia company Grupo Televisa, has been a big fan of Peña Nieto. Their cozy relationship was one of the things that, in recent weeks, drove hundreds of thousands of student protesters into the streets to protest the candidate’s likely election and the fact that the elites who run Mexico seemed to be ramrodding Peña Nieto into office. The 132 Movement is Mexico’s liberal version of the tea party, challenging the establishment and determined to be heard.

Even former President Vicente Fox crossed party lines and endorsed Peña Nieto, against the PAN’s own candidate, Vazquez Mota. That maneuver only solidified the cynical view of many Mexicans that the fix was in, and that the two major parties are more alike than different.

Still, many voters fell in line. Now, after 12 years of being on the outside, the PRI-istas are back in power.

Not that they were ever far from it. At various times in the last decade, even when it didn’t hold the presidency, the PRI kept control of the Mexican Congress. The party also used this control to thwart reforms pushed by Fox and his successor, Felipe Calderon. As many Mexicans see it, the PRI was always plotting its retaking of the presidency, even as it overhauled its brand and tried to overcome a legacy of corruption.

Has that legacy been overcome? It’s hard to say. Some Mexicans seem willing to believe that this is not their father’s PRI and that the party of today bears no resemblance to the one that was run from office a dozen years ago.

But the more common view seems to be that, despite the makeover, the party is as corrupt as ever — a fact that voters seem willing to overlook if it can steer the country to safer and more tranquil waters.

Judging from what they’re telling reporters, Mexicans are looking for a leader to grow the economy, turn Mexico into a first-world country, and, most of all, stop a war with the drug cartels that has in the last 5½ years resulted in the deaths of more than 50,000 Mexicans.

That is the PRI’s promise. The party racked up major victories in the 2009 midterm elections by insisting that it could provide prosperity and security. That’s code for: “Elect us, and we’ll stop the drug war.”

But can it deliver? I doubt it. What started nearly six years ago as an offensive by the government against the drug cartels has now morphed into a messy turf war between rival gangs eager to gobble up the country one city at a time. My sense is that the PRI couldn’t stop the war, even if it wanted to.

Besides, if you listen to what Peña Nieto has been saying in the last several weeks about combating drug violence, it sounds like what the Mexican people typically hear from Calderon. Consequently, most experts don’t expect a dramatic shift in the drug war or how the government goes about fighting it.

Shortly after winning, Peña Nieto told the Financial Times that while he is committed to reducing the violence, “There will be no pact or truce with organized crime.”

For those of us who believe that this is a righteous cause and a battle worth fighting, one that affects countless lives on both sides of the border, that’s good news.

Meanwhile, we’ll have to wait and see whether the election of Peña Nieto turns out to be good news for Mexico.

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Regresaaaroooon. Ofrezco disculpas a Mark Twain, pero parece que los rumores sobre la muerte del Partido Revolucionario Institucional (PRI) eran muy exagerados.

De hecho, probablemente escribí ese obituario yo mismo, y más de una vez. Así parecía en el 2000, cuando el PRI perdió la presidencia ante Vicente Fox, del Partido Acción Nacional (PAN). Parecía aún más cierto en el 2006, cuando el PRI quedó en un distante tercer lugar en las elecciones presidenciales de entre los tres partidos mayores, detrás del conservador PAN y el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD). Parecía que el PRI, que controló la presidencia durante 71 años y se convirtió en sinónimo de violencia y corrupción, estaba en vías de extinción.

Pero están de regreso. Como se esperaba, el candidato que obtuvo el mayor número de votos en la elección presidencial del domingo fue el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto. El exgobernador del Estado de México, de 45 años, con buena apariencia y cuya esposa es una estrella de los melodramas, obtuvo el 38% de los votos, según los resultados preliminares. El candidato del PRD Andrés Manuel López Obrador, ocupó el segundo lugar con un 31%. Josefina Vázquez Mota del PAN solo obtuvo el 25%.

El virtual triunfo de Peña ocurrió a pesar de que su imagen pública registró varios golpes durante su campaña. En diciembre, el candidato batalló durante una feria literaria para nombrar tres libros que lo hubieran influenciado. Cuando los intelectuales del país lo criticaron, su hija reencendió el fuego al señalar, en Twitter, que dichos ataques eran encabezados por quienes envidiaban su nivel socioeconómico. Más adelante, en una entrevista con un periódico de España, Peña Nieto admitió que no conocía el precio del kilo de tortilla. Cuando lo criticaron por no conocer detalles como ese, se defendió diciendo que él “no era la señora de la casa”. También admitió en otra entrevista que le había sido infiel a su difunta esposa y que tuvo dos hijos con dos mujeres distintas fuera del matrimonio.

Este tipo de hechos, normalmente, interesan a los medios. Pero la versión mexicana de los Big Media, encabezados por el gigantesco Grupo Televisa, ha sido un gran fan de Peña Nieto. Su cómoda relación fue una de las cosas que, en semanas recientes, impulsó a cientos de miles de estudiantes a protestar en las calles para mostrar su inconformidad en la elección del presidente y por el hecho de que las élites que dirigen a México parecían llevar a Peña Nieto a la presidencia. El movimiento Yo Soy 132 es la versión liberal en México del partido del té, que reta lo establecido, con la determinación de que sus ideas deben ser escuchadas.

Incluso el expresidente Vicente Fox cruzó las líneas partidistas y apoyó a Peña Nieto, en contra de la candidata del mismo PAN, Josefina Vázquez Mota. Esa maniobra únicamente solidificó la visión de muchos mexicanos de que el asunto estaba truqueado, y que los dos partidos más grandes son más bien parecidos que diferentes.

Aún así, muchos votantes lo apoyaron. Ahora, después de 12 años, los priistas están de regreso en el poder.

No es que estuvieran muy alejados. En varias ocasiones durante la última década, aunque no tuvieran la presidencia, el PRI seguía controlando el Congreso. El partido también usó este control para frustrar reformas impulsadas por Fox y por su sucesor, Felipe Calderón. Como lo ven muchos mexicanos, el PRI siempre estaba planeando su regreso a la presidencia, aunque tranformó su marca y trató de superar un legado de corrupción.

¿Ya superaron ese legado? Es difícil decirlo. Algunos mexicanos quieren creer que éste no es el PRI de sus padres y que el partido de hoy no se parece en nada al que sacaron de la presidencia hace 12 años.

Pero la visión más común parece ser que, a pesar de su transformación, el partido es tan corrupto como siempre, un hecho que los votantes podrían ignorar en caso de que el país navegue en aguas más tranquilas y seguras.

A juzgar por lo que dicen a los periodistas, los mexicanos desean contar con un líder que haga crecer la economía, convierta a México en un país de primer mundo y sobre todo, que ponga un alto la guerra contra los cárteles de las drogas, que en los últimos cinco años y medio ha dejado un saldo de más de 50,000 mexicanos muertos.

Esa es la promesa del PRI. El partido obtuvo grandes victorias en las elecciones del 2009 al insistir que podía ofrecer prosperidad y seguridad. Eso podría interpretarse como: “Vota por nosotros y detendremos la guerra contra las drogas”.

¿Pero lo podrá cumplir? Lo dudo. Lo que empezó hace casi seis años como una ofensiva del gobierno en contra de los cárteles de las drogas ahora se ha transformado en una guerra sin control entre bandas rivales que quieren apoderarse del país, ciudad por ciudad. Me parece que aunque quisiera, el PRI no podría acabar con esta guerra.

Además, si escuchan lo que Peña Nieto ha dicho en las últimas semanas acerca de combatir la violencia relacionada con las drogas, suena a lo que típicamente escuchamos decir a Calderón. En consecuencia, muchos expertos no esperan un cambio dramático en la guerra de las drogas o sobre cómo actuará el gobierno.

Poco después de ganar, Peña Nieto le dijo al Financial Times que aunque está comprometido a reducir la violencia, “No habrá pacto o tregua con el crimen organizado”.

Para quienes creemos que esta es una causa y una batalla que vale la pena llevar a cabo, una que afecta a muchas personas en ambos lados de la frontera, estas son buenas noticias.

Pero por lo pronto, tendremos que esperar y ver si la elección de Peña Nieto resulta ser una buena noticia para México.

Ruben Navarrette is a CNN contributor and a nationally syndicated columnist with the Washington Post Writers Group.

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