Israel: palomas contra halcones

Ahora que estamos en la recta final de la campaña de las elecciones generales en Israel conviene definir y concretar cuál es la clave que diferencia a palomas de halcones. Yo suelo emplear estos términos en vez de hablar de izquierda y derecha, porque el debate sobre una solución política al problema palestino no es necesariamente una cuestión de izquierdas y derechas tal como se entienden estos términos en todo el mundo.

El tema fundamental que se está discutiendo no es tanto cómo alcanzar la paz. Incluso a alguien dispuesto a aceptar la iniciativa de Ginebra le corroe la duda de si los palestinos y los países árabes que los apoyan se conformarán con obtener un Estado desmilitarizado con las fronteras de 1967, con un estatus especial en Jerusalén y renunciando al regreso de los refugiados palestinos al territorio actual de Israel. El sector paloma, representado por partidos de centro y de izquierda en las pasadas elecciones, no lo conforman personas ingenuas, con sueños imposibles, ni están seguras de que incluso firmando un acuerdo de paz con los palestinos y retirándose de Judea y Samaria se llegue a un fin de las hostilidades.

El sector paloma, en todas sus vertientes, debe luchar por lograr un objetivo fundamental: detener el proceso peligroso y lento que está llevando a Israel a convertirse en un Estado binacional, algo que sería desastroso para ambos pueblos. Esa es la clave del debate entre palomas y halcones. Frente a la ampliación constante de asentamientos, el no desmantelamiento de puestos militares y sobre todo la construcción salvaje en zonas que nunca pertenecieron a Jerusalén, frente a esa ceguera histórica y fantasías demográficas en las que están empeñados ambos pueblos en los últimos años, se hace necesario en las próximas elecciones plantear una postura tajante que diga: stop.

Porque también es muy posible que los palestinos, que incomprensiblemente parecen negarse a retomar las negociaciones con Israel, estén en realidad interesados en arrastrar a Israel a la trampa de un Estado binacional y alimenten la esperanza de que ese Estado con el tiempo acabe convirtiéndose en un Estado palestino desde el Jordán al mar Mediterráneo.

Y aunque el actual Gobierno israelí, en ese vestido de la binacionalidad que se va entretejiendo con diligencia, les otorgue a los palestinos la función de forro, ha de quedar claro que ese forro un día puede rasgar el vestido entero. Ya hemos visto en los últimos años cómo de un día para otro una población que parecía tranquila estalla y altera el orden de su gobierno.

Los judíos religiosos no tienen un miedo especial a que se conforme al final un Estado binacional. La identidad del judío religioso es errante, bien consolidada, y durante siglos ha sabido mantenerse en medio de civilizaciones muy diversas y de pueblos con otras religiones. Por tanto, lo de un Estado binacional les da un poco igual, sobre todo si el ejército israelí los está defendiendo.

Pero el meollo de la cuestión está en la actitud de los líderes laicos del sector de la derecha, tan fieles en apariencia a las tesis de Jabotinsky, pero que olvidan que cuando su maestro hablaba en los años treinta de las dos orillas del Jordán, en el mundo había 18 millones de judíos –y la mayor parte necesitaba desesperadamente un Estado judío– y había menos de un millón de árabes palestinos. Por eso, Jabotinsky podía imaginar un país con una mayoría judía donde a su vez viviera con plenos derechos una minoría árabe.

En cambio, hoy en día estamos ya a punto de ser un Estado binacional, y son muchos los entendidos en la materia que opinan que el proceso es ya imparable. Pero aunque eso fuera verdad, todavía se puede mitigar el mal que nos espera si acabamos con una solución basada en cantones y en acuerdos sobre doble nacionalidad.

Por tanto, en estas próximas elecciones la clave de la discusión entre halcones y palomas no está en cuestiones relativas a la paz, al aislamiento internacional o a la separación religión-Estado. Sobre todo eso aún pueden celebrarse un sinfín de simposios. Lo que sí ha de establecerse como exigencia firme e innegociable es la paralización inmediata de la construcción de colonias judías en cualquier territorio. Esa es la condición primera y fundamental que ha de poner el sector paloma ante una posible coalición con el que será el tercer gobierno de Netanyahu.

Abraham B. Yehoshua, escritor israelí, impulsor del movimiento Paz Ahora.

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