Italia, de nuevo en la encrucijada

La apabullante derrota de Matteo Renzi en el referéndum celebrado este pasado domingo ha dado lugar, como era de esperar, a una nueva crisis política en Italia. Aunque algunos planteaban la posibilidad de que Renzi siguiera en el cargo, esta hipótesis solo era posible sobre la base de un resultado muy ajustado, pero lo que finalmente ha sucedido (41 por ciento a favor del «sí» por 59 por ciento en contra) solo podía saldarse con la dimisión del joven primer ministro italiano.

Son muchas las razones que explican la derrota de Renzi, pero en particular ha sido decisivo el haber convertido el referéndum en un plebiscito sobre su persona en un momento en que su liderazgo comenzaba a encontrarse muy desgastado. Ya en las elecciones municipales de junio pasado su partido había sufrido un duro varapalo, y las encuestas comenzaban a dar al movimiento populista Cinque Stelle (Cinco Estrellas), el partido de Beppe Grillo, la victoria en caso de haber elecciones. A esta realidad había que añadir que todos los partidos importantes, desde el citado Cinque Stelle hasta la Liga Norte, habían pedido, sin excepción, el «no» en el referéndum. Ello explica que Renzi haya perdido no solo en el centro y sur de Italia, sino también en las dos regiones más ricas del país (Lombardía y Véneto), logrando el «sí» solo en las regiones de Emilia Romagna, Toscana y Umbría. En ese sentido, los italianos han perdido una ocasión histórica para transformar el país, ya que la supresión del Senado como cámara legislativa era algo que venía siendo muy necesario desde hace más de dos décadas, y se hubiera reforzado al poder ejecutivo en un momento en que este debe legislar con cada vez mayor rapidez ante los retos tan importantes que se están planteando. Uno de ellos era el saneamiento del maltrecho sector bancario italiano, que ahora tendrá que esperar a la conformación de un nuevo Ejecutivo.

Aparentemente, los principales vencedores han sido Beppe Grillo, Silvio Berlusconi y Massimo D’Alema. El primero, porque su partido populista y «anticasta» era el que más se había movilizado a favor del «no». Berlusconi, por su parte, ha logrado vengarse de la traición de Renzi de enero de 2015, cuando, con motivo de la elección presidencial de Sergio Mattarella, este decidió unilateralmente acabar con el llamado «Pacto del Nazareno» urdido un año antes entre ambos, para acabar pactando el candidato con el «sector crítico» de su propio partido el nombre de Mattarella, un viejo enemigo de Berlusconi. Y Massimo D’Alema, líder de la oposición a Renzi dentro de su propia formación política (el Partido Democrático), también se venga, a su vez, de los deseos de Renzi de «rottamarlo» (literalmente, «mandarlo al desguace»), aunque en su caso, como en el de Berlusconi, se trata de una victoria pírrica porque su momento político pasó hace ya mucho tiempo. Matteo Renzi, por su parte, puede marcharse satisfecho con su labor realizada: en menos de tres años ha logrado forjar una mayoría sólida de gobierno, sacar adelante la elección presidencial de Mattarella y revertir la situación económica del país. No olvidemos que cuando llegó al poder, allá por febrero de 2014, Italia se encontraba en una profunda recesión y este año, en cambio, acabará creciendo en torno a un 1 por ciento de su PIB, una cifra exigua pero importante en un país acostumbrado en la última década y media a constantes recesiones. En ese sentido, Italia ha descubierto un político que seguramente dará mucho que hablar en las décadas venideras por su indiscutible talento político y también por su capacidad de liderazgo.

Ahora es el turno del presidente Mattarella, quien, fiel a sus atribuciones, hará todo lo posible por agotar la legislatura, entre otras cosas porque primero debe resolver dos cuestiones. La primera, que se apruebe una nueva ley electoral, porque la vigente, conocida como Italicum, ya no sirve porque preveía la existencia de un Parlamento unicameral, y ahora habrá que seguir contando no solo con la Cámara de Diputados, sino también con el Senado. La segunda tarea a resolver es el saneamiento del sector bancario, proceso iniciado ya en enero de este año bajo un programa llamado Atlante y que debe abordar la realidad de numerosos bancos necesitados de una recapitalización urgente. Quizá por ello la mejor solución de consenso sea que continúe la actual coalición de gobierno y que el nuevo primer ministro sea Pier Carlo Padoan, un independiente que hasta ahora ha ejercido como ministro de Economía y Finanzas. Ello daría tranquilidad a los mercados y permitiría afrontar con garantías una posible crisis económica hasta la celebración de nuevas elecciones, que tendrían lugar seguramente a finales de 2017 o comienzos de 2018.

Pablo Martín de Santa Olalla Saludes, profesor en la Universidad Europea de Madrid.

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