Izquierda buena y derecha mala

A un lado, la izquierda. Al otro, la derecha. Señala el tópico que la izquierda, a diferencia de la derecha, es partidaria de la transformación social y se revuelve contra la injusticia. La izquierda, o el cambio. La derecha, o el inmovilismo. Sigue el tópico. La izquierda defiende que el futuro de todos los seres humanos ha de ser mejor que su presente y todos tienen derecho a participar en la distribución de la riqueza. A la contra, la derecha cree que hay factores que explican y justifican diferencias en la condición y destino de los seres humanos, y antepone el interés de determinados grupos a cualquier proyecto de renovación social. La izquierda progresista frente a la derecha reaccionaria. Señala el tópico que la izquierda protege los intereses de los desfavorecidos, apuesta por el progreso y la innovación, promueve sociedades tolerantes y pluralistas. El revés: la derecha. La izquierda, o la generosidad, el progreso, la tolerancia y la pluralidad. La derecha, o el egoísmo, la involución, la intolerancia y la uniformidad. La izquierda buena y la derecha mala. Cuando alguien habla del desvanecimiento de la dicotomía izquierda /derecha, se arguye que eso ocurre porque la izquierda pierde sus «verdaderas señas de identidad». Cuando la ciudadanía vota a la derecha, hay quien mantiene que el pueblo, por decirlo diplomáticamente, es de corto entendimiento. De lo cual se deduce que compartir ideas con la derecha equivale a contaminación, corrupción o ignorancia ideológicas. Tópicos.

En la más generosa de las hipótesis, la izquierda —Norberto Bobbio en Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política, 1995— concede que lo propio de la derecha es la libertad, y lo característico de la izquierda, la igualdad. ¿Qué nos dice Norberto Bobbio? Dos cosas. Primera: la izquierda busca la igualdad material —no solo la igualdad ante la ley— para alcanzar una sociedad en que la libertad formal devenga real al asociarse con un modo de vida digna que satisfaga derechos económicos y sociales como la salud, la educación y el trabajo. Segunda: la derecha recela de la igualdad material y de la libertad real y solo defiende la libertad formal. La generosidad de Norberto Bobbio se traduce en la continuación —renovada— del tópico. A saber: la izquierda es la única que, realmente, desea un futuro mejor, más digno y más libre para los ciudadanos. ¿Una derecha siempre retrógrada e inmovilista y una izquierda siempre renovadora y avanzada? Hay cosas que no se pueden decir impunemente. Y se dicen. A pesar de las lecciones de la Historia.

¿Por qué en el plazo de dos siglos lo derecho —lo recto, lo justo, lo fundado— y lo izquierdo —lo torcido, lo injusto, lo infundado— han intercambiado el significado? ¿Por qué hemos llegado a un maniqueísmo y doble vara de medir que suele connotar positivamente a la izquierda y negativamente a la derecha? Porque la izquierda está ganando la batalla ética gracias al yudo moral que practica. La izquierda lanza un órdago a la derecha esgrimiendo una promesa trufada de ética. La izquierda —desde El Manifiesto de Euston de 2006 a los documentos de la Fundación para los Estudios Progresistas Europeos, por ceñirnos al presente— promete un mundo mejor y más justo para todos. La izquierda habla de los derechos políticos, económicos, sociales y culturales, de los derechos laborales como fuente de derechos humanos, de la solidaridad, de las políticas sociales, del desarrollo económico para la libertad y contra la opresión económica estructural, de la necesidad de evitar la degradación del medio ambiente, de la redistribución equitativa de la riqueza, de la igualdad plena y generalizada. Para hacer realidad la promesa, la izquierda buena debe ganar la partida a la derecha mala. Esto es, hay que «acabar con los mitos y promesas neoliberales» (Ernst Stetter, secretario general de la Fundación para los Estudios Progresistas Europeas). Y ello —¿reformar el capitalismo o reemplazarlo por no sabemos qué?— para que se «permita a la gente sacar partido a su vida». La izquierda, fuerza benefactora por excelencia, promete la vida digna previa liquidación de los mitos y promesas neoliberales de la derecha malhechora. En otros términos, la derecha es una fuerza política que deteriora la vida de la gente al supeditar su actuación a los designios del mercado. La derecha, o la Internacional Capitalista, se ha llegado a decir. Así las cosas, ¿cómo competir con quien se presenta avalado por la ética de unas propuestas que nos ofrecen algo parecido a la utopía felizmente realizada? ¿Cómo competir con quien se presenta más moral, honesto, sincero, abnegado y altruista que nadie? La izquierda buena y la derecha mala. El tópico continúa. Y ello —más allá de unas propuestas en estado de promesa permanente—, pese al infortunio propiciado por la izquierda gobernante.

En cualquier caso, la izquierda ha conseguido transmitir la idea de una derecha en pecado original permanente y sin posibilidad de redención. El yudo moral de la izquierda —ese acosar a la derecha con la bandera de la ética para sacar réditos políticos— tiene dos objetivos: connotar negativamente a la derecha y culpabilizarla por los males del presente. ¿La izquierda? Haga lo que haga, siempre encuentra quien le ría las gracias. Decía Josep Pla que «en este país, hay una manera cómoda de hacer una vida suave, tranquila y regalada: consiste en afiliarse al extremismo razonable y lavarse las manos, pase lo que pase».

¿Qué puede hacer la derecha para neutralizar el tópico y el yudo moral de la izquierda? ¿Qué puede hacer la derecha para contrarrestar a una izquierda callejera y populista que, en beneficio propio, apela a los prejuicios de unos y halaga los oídos de otros con una demagogia que, en el mejor de los casos, no lleva a ninguna parte, y en el peor atiza las bajas pasiones que conducen al desprestigio de la política y el político con lo que ello acarrea? ¿Qué pueda hacer la derecha para anular la estrategia de la dramatización de una izquierda que emite un discurso atemorizador dotado de violencia simbólica? No basta la afirmación frente a una izquierda que nos ha dejado a la intemperie gracias a la mala gestión y el derroche. No basta con limitarse a gestionar la crisis. Hay que hacer algo más. Frente a una izquierda que ha elaborado su relato para el tiempo de crisis —esa narración tramposa que asegura que la derecha utiliza la crisis para destruir conscientemente derechos sociales y democráticos e imponer los intereses de determinados grupos en detrimento de la mayoría: el tópico que no cesa—, la derecha ha de hacer lo propio con un relato que explique lo que ocurre y aglutine en lugar de disgregar. Relato —no hay política sin ideas— que desvele los peligros del lugar común y la intención de quien, irresponsablemente, se despreocupa de las consecuencias de sus propuestas —cuando las hay— y acciones. Que muestre que se puede hacer frente a la crisis de forma distinta a como promete una izquierda sin discurso movida por el oportunismo. Una izquierda engreída e imprudente que causa más problemas de los que resuelve. No es un tópico.

Miquel Porta Perales, articulista y escritor

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