Jason Rajoy Vorhees y su motosierra

Mariano Rajoy trató de buscar el pasado 3 de agosto una fecha vacacional para tratar de tranquilizar a los mercados, a base de hachazos. Más aún, fue como si se hubiera puesto la careta de Jason Vorhees pero armado con la motosierra de La matanza de Texas. Lo malo es que los cortes y recortes que desangran nuestra economía, y que tanto escuecen a los ciudadanos, no parecen haber calmado en absoluto la voracidad de esos insaciables vampiros. Al contrario, continúan haciéndose, día tras día, y con la ayuda de su prima,transfusiones cada vez más caudalosas a nuestra costa.

El día de la comparecencia de Rajoy, previa a sus merecidas vacaciones estivales, la prima de riesgo, como si del mercurio del termómetro se tratara, alcanzó los 600 puntos. ¿Se puede saber qué fue eso que tanto estudiaron los linces que están a los mandos de la nave? Economía no, desde luego. Tanto tiempo mofándose de Zapatero y de sus ministros y ministras (sobre todo de estas últimas, incluida Elena Salgado) ¿y para esto?

¿Por qué no se juntan los dos ministros que se necesitan ahora para hacer el trabajo de la exministra Salgado y nos explican con números cuál va a ser el efecto real de sus recortes? En el mes de julio pasado lo explicaron, pero en un documento redactado en inglés para que los ignorantes no nos enteráramos (de lo que se deduce que Rajoy tampoco se debió enterar, entonces). ¿No será que no quieren dar los datos porque no aguantarían el más mínimo análisis? Se habla de ahorrar 65.000 millones en dos años. Pero ¿están hablando del efecto bruto o del neto? ¿Se han tenido en cuenta en ese cálculo la disminución del consumo que acarreará la supresión de la paga extra a los empleados públicos? Está claro que a menor consumo menores ventas y menores ingresos públicos vía impuestos. ¿Y la reducción del consumo que producirá el aumento de los precios por el incremento de IVA? ¿O el aumento del gasto público que sufrirán las Administraciones cuando todas las facturas que les lleguen a partir de septiembre por sus contratos repercutan el nuevo IVA? ¿Y el aumento en el gasto por prestaciones de desempleo por el aumento del paro gracias a estas medidas? Tal vez, esperen pagarles a los nuevos parados con lo que les quitan a los antiguos, esos que necesitan un estímulo, un empujoncito para buscar trabajo o, si no, ¡qué se jodan! que diría la diputada Fabra.

Se había generado ciertas ilusiones con las declaraciones de Draghi en las semanas anteriores a la rueda de prensa que ofreció el pasado 2 de agosto. Deprimentes, las declaraciones de Draghi. A nuestra economía no hace falta que la depriman más. Le llamaban Súper Mario, porque con sólo hablar había conseguido bajar la prima de riesgo en una semana en unos cien puntos, pero volvió a demostrar que, de Súper, nada. Con sus declaraciones, aunque lo niegue, dio un paso atrás, y la prima de riesgo volvió a subir de los 600 puntos, pero con una diferencia importante. Se ha quemado uno de los últimos cartuchos, el de la credibilidad de Draghi y por extensión del BCE. A la prima de riesgo de ese día sólo la paró el cierre de los mercados. De momento y entre tanta ambigüedad de digo pero no digo y donde dije digo, digo Diego, algo ha quedado claro: que la tan cacareada autonomía del BCE en realidad no existe. Es un puro camelo que ya va siendo hora de que se denuncie por quienes sufren esa falta de autonomía o por quienes siguen creyendo en lo que no existe. Manda el Bundesbank. Draghi, italiano y consciente de la situación de su país, tal vez, haría algo, pero ni le dejan ni le van a dejar. La pregunta entonces es por qué sigue ahí, haciendo el ridículo. En cuanto a Monti y Rajoy, en su rueda de prensa en Moncloa, tuvieron que lidiar con el papelón que les reservó el paisano de Monti. El primer ministro italiano trató de hacer una lectura lo más positiva posible; el español volvió a tratar de engañarnos diciendo que Draghi dijo lo que no dijo, arrimándose a lo que pedíamos, pero su tono le delató. Se le notó el golpe. El pobre está perdido y tan deprimido como nuestra economía. Nos habíamos ilusionado para nada, y de nada han servido las presiones de EE UU o del FMI. Habría que dejarse de intermediarios sin poder decisorio y hablar directamente con quien manda, si es que todavía merece la pena.

Lo de la compra de bonos por el FEEF previa petición del rescate suena a viejo. No está claro que el BCE pueda apoyarse en ello y unas semanas, a estas alturas, son una eternidad. Además, sería a cambio de más recortes que nos meterán cada vez más en el agujero, y los mercados que no son tan irracionales como los pintan, lo saben. Y saben que si no se crece no se puede pagar, y salen corriendo. No hay nada extraño en ello. Alemania, mientras tanto, parece tener una visión distorsionada de la realidad. O eso, o está jugando a otra cosa. Según algunos cálculos, parece que Alemania, con esta situación, podría haber ahorrado hasta ahora unos 60.000 millones de euros, financiándose a bajo coste. Los alemanes pueden felicitarse por su ventajismo aunque, quizás, algún día descubran que Merkel sólo trata de enmascarar su propio problema y el problema de su país. Supuestamente, uno de los motivos de que Alemania siga generando confianza es su superioridad en ingeniería, que la haría más competitiva en relación con el resto de Europa. Ser más competitiva que lo es Europa en estos momentos ni es un mérito ni garantiza ningún futuro. ¿Cuál es su nivel de competencia en relación con el resto del mundo? ¿Y en relación China, en particular? Mientras seguimos enzarzados en lo nuestro, queda enmascarada la evidencia, que occidente tiene problemas muy profundos. Todos debemos pelear por ser más competitivos (Alemania también), pero sin desmontar nuestra sociedad. Sin las transferencias de recursos financieros que está recibiendo Alemania, en base a un juego peligroso y ventajista, aún estaría más claro.

En cualquier caso, dicen que no hay peor película de terror que la que da risa. Y produciría auténticas carcajadas contemplar cómo a Jason Rajoy Vorhees, ya sin su máscara pero aún con la motosierra caliente, se le ha hecho de noche y anda perdido por el bosque sin saber cómo salir de él, sino fuera porque, paradójicamente, es quien debería guiarnos. El gobierno debería detenerse un momento, apagar la motosierra y escuchar los ecos que le llegan hasta de su idolatrado FMI. Acaba de decir que siguen deteriorándose nuestras perspectivas de crecimiento (o mejorando las de decrecimiento, según se mire), y que el único camino para salir de este bosque en que nos hemos metido empieza porque el BCE se deje de historias neoliberales y empiece a comprar deuda soberana como hacen la Reserva Federal americana o el Banco de Inglaterra. Busquen los apoyos que necesiten, tanto dentro como fuera de España, y lideren una postura sensata pero firme en Europa. Y aparten de una vez esa motosierra, por favor, no vaya a ser que al final terminen haciéndose daño, como ya se lo están haciendo a otros.

Con lo que está pasando, estamos un paso más cerca de la ruptura del euro, pero un paso bien largo.

Juan Carlos Rodríguez Ibarra fue presidente de la Junta de Extremadura.

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