Joan Robinson y las ‘políticas de perjuicio al vecino’

Joan Robinson y las ‘políticas de perjuicio al vecino’

A los 35 años de su muerte recordamos una vez más a la discípula predilecta de Keynes, la economista Joan Robinson (JR), que describió las guerras comerciales, como la que se abre ahora entre EE UU y China, como “políticas de perjuicio al vecino”. Su obra fue muy reconocida —y discutida— en los ambientes académicos de su tiempo. Keynes decía que “estaba sin duda entre los seis o siete mejores economistas” de Cambridge, un grupo que incluía a Pigou, Sraffa, Richard Kahn, James Meade o Austin Robinson, el marido de Joan, todos ellos miembros del Cambridge Circus, el grupo de la universidad del mismo nombre en el que se debatía permanentemente de asuntos económicos. Cuando a principios de la década de los años 30 publicó una de sus obras más significativas, Joseph Schumpeter declaró: “Joan era uno de nuestros mejores hombres”, considerando que tenía “genuina originalidad”. Y John Kenneth Galbraith escribió que “pocas veces en la historia económica ha habido ideas recibidas con tanto entusiasmo y con tan poca crítica”.

Por todo ello se ha dicho bastantes ocasiones que JR hubiera debido ser elegida Premio Nobel de Economía (hasta 2009 no hubo una mujer entre los galardonados: Elinor Ostrom) y que no lo fue por una discriminación alternativa: o por ser mujer, a pesar de que sí lo obtuvieron muchos de aquellos con los que debatió en igualdad de condiciones (James Meade, Robert Solow, Paul Samuelson,…), o por ser izquierdista (ella se autocalificaba como “una keynesiana de izquierdas por antonomasia”), ya que se manifestó a veces a favor de las políticas económicas de Stalin o de Mao, por sus simpatías por Rosa Luxemburgo o por los intentos de hacer compatibles las teorías de Marx con las de Keynes. Según un periodista que investigó la red de espías soviéticos en Reino Unido, JR fue miembro fundador de la primera célula comunista en Cambridge, un grupo posiblemente organizado por el historiador Maurice Dobb (profesor de Teoría Económica).

Hay en la obra de JR tres grandes etapas que se corresponden más o menos con una década determinada y con un libro. En la primera, la de los años treinta, publicó La economía de la competencia imperfecta, en la que la economista opone una variante a la tradición neoclásica que dividía la economía entre la competencia perfecta y el monopolio absoluto. Para Robinson, la competencia siempre es imperfecta en los mercados reales; es casi imposible encontrar ejemplos de competencia perfecta y existe una fuerte tendencia hacia la monopolización u oligopolización. Una de las fuentes de su trabajo era Piero Sraffa, otro gran heterodoxo de Cambridge (“la fuente del que fluye todo mi trabajo”), que había publicado un artículo sobre “el análisis económico de la tiranía del supuesto de competencia perfecta”. Sraffa fue uno de los pocos colegas a los que JR respetó siempre.

Veinte años después de la aparición de La economía de la competencia imperfecta, JR hizo una revisión de sus conclusiones y criticó los fallos del libro, pero en aquellos momentos sus preocupaciones ya eran muy otras. A principios de los años cuarenta publica sus Ensayos de economía marxista, en los que trata de hacer compatibles algunos de los aspectos puramente económicos de Marx (“llevo a Marx en la médula de los huesos”) con los modelos keynesianos, e integra en esta labor a un gran economista polaco, Michal Kalecki. Escribe: “Cuando Keynes escribió la Teoría general, lo que según él le diferenciaba de la escuela de la que pugnaba por escapar, era el reconocimiento del problema de la demanda efectiva, ignorado por aquella (…) Este es el punto de despegue de la teoría poskeynesiana. El reconocimiento de la idea de incertidumbre pone en tela de juicio el tradicional concepto de equilibrio (…)”.

La tercera etapa intelectual de JR coincide con la publicación de La acumulación del capital, el mismo título de la obra de Rosa Luxemburgo, que había prologado con anterioridad. En éste incorpora tres conceptos para el debate: la función de producción, la medición del capital y la función de la productividad agregada. El punto medular es la medición del capital: explicar su importancia estriba en que para medir la tasa de beneficio es necesario medir el capital heterogéneo y de ahí derivar la magnitud del beneficio por medio de la teoría de la productividad marginal. El capital como unidad independiente de la distribución y los precios.

No hay ruptura epistemológica entre las tres etapas, aunque a veces provoque contradicciones entre ellas. La vida intelectual de JR estuvo sobre todo influida por tres grandes figuras del pensamiento económico, muy dispares entre sí: Marx, Marshall y Keynes. En unos ensayos recopilados en la década de los ochenta, escribe: “Estos tres nombres están asociados con tres actitudes ante el sistema capitalista. Marx representa el socialismo revolucionario, Marshall la defensa desilusionada del capitalismo. Marx desea comprender el sistema para acelerar su destrucción. Marshall acepta sus aspectos agradables para hacerlo aceptable. Keynes busca encontrar lo que está mal con el propósito de diseñar medidas destinadas a salvarse de destruirse a sí mismo”.

Robinson, proveniente de la Cambridge británica, se encuentra con la crítica proveniente de algunos keynesianos muy significativos de la Cambridge estadounidense —Modigliani, Samuelson, Solow…—, en cuanto a la naturaleza y medición del capital como factor de producción. A esta polémica se la denominó “la controversia de Cambridge”, a la que algunos conceden una gran importancia para el pensamiento económico, y otros la consideran sólo “una tempestad en una tetera”. Fuese una cosa u otra, el papel más relevante lo tuvo Joan Robinson que en todo momento dio mucha importancia a las relaciones entre ideología y ciencia económica, llegando a afirmar que, “en ocasiones, la lógica es corrompida por las opiniones”; entonces, la economía se convierte en “una rama de la teología”.

Joaquín Estefanía

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