Joven matrimonio entre las ruinas

Mi liberada:

Sabes que, salvo con Siri, mi experiencia con las mascotas es nula, y así sea. Por lo tanto no sé qué decirte con fundamento sobre la vieja especie de que todo hombre acaba pareciéndose a su perro o viceversa. Pero me parece comprobado el proceso de asimilación en las parejas sentimentales. La gran mayoría acaban compartiendo una ley de vida, suelen tener los mismos gustos estéticos y el mismo juicio sobre los protagonistas de sus cotilleos, votan a partidos similares y algunos ejemplos extrasístoles incluso usan el mismo cepillo de dientes. El parecido alcanza un punto perturbador en algunas parejas homosexuales. A lo moral se añade una coincidencia física, mucho más rara en los cónyuges heterosexuales. Como otros asuntos de la conducta las razones de la similitud son misteriosas, a poco que uno se aleje de la obviedad dos en uno. Es probable que la experiencia común haga personas comunes. Pero también hay mucha literatura biológica convincente que sugiere un acuerdo básico, animal y feromónico, previo a la experiencia de los amantes.

El último verano se habló bastante de todo eso a propósito del matrimonio de Inés Arrimadas, jefa de la oposición política en Cataluña. Su marido es Xavier Cima, al que conoció hace algo más de dos años en el parlamento. Entonces el marido era un diputado independentista y ella…, bueno, ya sabes lo que era ella: la portavoz del españolismo, una palabra que, en contraste con su simétrica catalanismo, vosotros utilizáis siempre con mayúsculo desdén. No era un amor corriente. En la política se estila más bien la unión, ciertamente feromónica, tipo Josep Garganté/Anna Gabriel. Es verdad que ya se había dado el precedente de José María Lassalle y Meritxell Batet, él en el Pp y ella en el Psc, pero el matrimonio quedaba dentro de los sagrados límites constitucionales. Al caso de la diputada Arrimadas solo se le podía comparar algún amor, más o menos literaturizado, entre guardias civiles y abertzales, en el tétrico País Vasco de los 80.

La consolidación íntima de la pareja empezó a producir rápidamente llamativos efectos públicos. El marido fue abandonando su cargos en Convergència y la culminación fue su renuncia al acta de diputado, pocos días antes de casarse. Su discurso público cambió de fondo. Mientras sus antiguos compadres escenificaban otra vez en el parlamento su ruptura con la legalidad, él les replicaba en su cuenta de twitter: «En un estat de dret, els límits els marquen els jutges, sempre. Els polítics fan lleis, els jutges les fan complir». Los cambios también fueron de forma, que en Cataluña siempre ha sido el auténtico fondo: Cima empezó a tuitear en castellano. Era el momento de hacerse las preguntas consabidas y las respuestas ignoradas. ¿Era todo ello producto cultural del roce? ¿Había un fondo Xavier Cima que solo pugnaba por encontrar el camino de la vida, como los dinosaurios de Spielberg? Buenas preguntas para hacerse a la hora del despioje, pero de respuesta imposible: probablemente ni el mismo esposo podía contestarlas.

Agosto y sus lunas pasaron por la pareja sin grandes novedades públicas, aunque quizá sí dieran secretos cataclismos felices. Decía Onetti que cuando se cierra la puerta de la habitación todo es legítimo mientras lo acuerden los dos. También es posible que no sucediera nada en la superficie y que el fondo Inés Arrimadas empezara, simplemente, a manifestarse. Los primeros signos se dieron durante una paella, aunque paella es casi siempre una incorrección, salvo si la hace Hilario García. Arrimadas decidió que Ciudadanos celebraría con un arroz con cosas el 11 de septiembre. En la web de Ciudadanos aún puede verse una nota explicativa del porqué Ciudadanos no celebra el 11 de septiembre. Dos días antes del arroz la diputada escribía un lastimero artículo en El País, quejándose de que los independentistas rechazaran su invitación a la fiesta: “Este domingo es 11 de septiembre, Día de Cataluña. Y es una pena que, como otros años, no se celebre como lo que debería ser: un día para manifestar juntos nuestro amor por nuestra tierra y el orgullo de ser catalanes”. Como cada vez que alguien de C’s -Albert Rivera, en primerísimo término- apela al orgullo quedé desconcertado. No solo por la evidencia laica de que es delicado sentirse orgulloso del azar: si hay que jugar a las metáforas colectivas el sentimiento de pertenencia de un catalán no es el del orgullo, sino el de la vergüenza.

No fue hasta el 25 de septiembre, sin embargo, cuando la diputada Arrimadas dio pormenorizada cuenta de su nuevo Estado. La ocasión fue una iniciática entrevista de Iñaki Ellakuría en La Vanguardia. Como cuando su marido mudó, llamaban la atención en Arrimadas el fondo y la forma. En el fondo, una inmoral equidistancia entre el presidente Rajoy y el jefe del gobierno desleal, a la hora de distribuir responsabilidades por la situación catalana. Y también una flácida condescendencia con los ciudadanos que en las calles habían apoyado el llamamiento a la ilegalidad. “Hay que ser muy respetuoso”. Muy. En cuanto a la forma, el uso compartido de una de las palabras de enganche del secesionismo: “Una parte de los catalanes ha desconectado ya sentimentalmente de España”. Arrimadas, líder parlamentaria de un partido que había hecho del posnacionalismo su estrategia, hablaba ya como una catalanista.

La situación conyugal experimentó su último movimiento hace unas semanas, cuando Xavier Cima anunció que volvía a la política, a través de un movimiento llamado Lliures, pero no iguales. Su perímetro político lo había adelantado la esposa en la entrevista de La Vanguardia: el no independentismo catalanista. La presentación tuvo el picante de ver cómo Cima llamaba «inmovilista» a C’s. Tal vez incluyera en el adjetivo a su esposa. Pero en cualquier caso no parece que la gresca fuera más allá de las peleíllas de amor que hicieron célebres a Dolores Abril y Juanito Valderrama.

Como sabrás, mi liberada, yo soy un gran defensor de Sainte-Beuve y su creencia de que la biografía de un artista decide su obra. Si puede decidir algo tan elevado, imagínate qué hará con la baja prosa de la política. Las parejas recientes ocupan el día en proyectos y, lo mejor, en sus ceremonias. Esta nuestra tiene el proyecto, más o menos ayurvédico, de una coalición política fundada en el catalanismo que pudiera desbloquear Cataluña. Lástima, en una pareja tan joven y fértil, que se funde sobre ruinas.

Y tú sigue ciega tu camino

Arcadi Espada

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *