Jugando con el dinero de otros

Jugando con el dinero de otros

Hace ya unos cuantos años, el PNV vendía por primera vez al electorado la transferencia de la Seguridad Social. En aquel momento participé en una comisión del Gobierno vasco que se encargó de comprobar, con números reales, si las cotizaciones en la comunidad autónoma cubrían las jubilaciones. El resultado fue que no. Cuando en el resto de España el déficit era pequeño, aquí era ya importante. Con el tiempo, como indicaban varios estudios, ha ido creciendo hasta alcanzar hoy cantidades astronómicas. En la actualidad se acerca a los 4.000 millones anuales, lo que supone una cuarta parte de los Presupuestos del Gobierno vasco. O, si se prefiere, una cantidad ligeramente inferior a los recursos destinados al Departamento de Salud y algo superior al de Educación.

Sabiendo esto, el PNV ha vendido sus votos a Pedro Sánchez por la transferencia de la gestión, no de la caja. ¿Qué significa eso? Unos 100 puestos de trabajo, que las cartas que reciben los jubilados lleven el logotipo del Gobierno vasco y que el déficit lo siga pagando el Gobierno de España. Es decir, el resto de los españoles. Pues, aunque se financie con deuda, los intereses y la devolución futura se abonan con los intereses de todos los españoles.

Haber despertado el problema de las pensiones ha sido, por lo menos, inoportuno. El País Vasco ha sacado así a la luz un asunto que estaba dormido: que aquí se cobran las prestaciones más altas de todo el territorio nacional y que el resto de España paga el déficit, lo que seguirá sucediendo al transferirse solo la gestión. Esto puede llevar a que, con independencia de las cuestiones legales que hacen difícil el traspaso, llegado un momento el resto de las comunidades autónomas exijan que Euskadi asuma su propio déficit.

Si tal supuesto se diera en el futuro (bueno es saberlo), para cubrirlo habría tres caminos. Uno de ellos implica que nuestra comunidad incremente cada año, con préstamos, su deuda en una proporción muy alta (alrededor de un 28%) respecto a su Presupuesto. Otro consiste en disminuir notablemente el gasto en servicios fundamentales, como la sanidad o la enseñanza. El tercero, que desde el Gobierno vasco se bajen las pensiones para ajustarlas o acercarlas a la recaudación. Algo que, por cierto, el Gobierno central, socialista o popular, nunca hizo.

El análisis anterior es sencillo pero riguroso. Está basado en cálculos reales de una comunidad cuya economía no crece lo que debía y que, además, al no aumentar su población no eleva sustancialmente sus cotizantes ni los ingresos por ese concepto. Sin embargo, no deja de incrementar su gasto en pensiones. Y lo hará a mayor ritmo aún en los próximos años al jubilarse la generación del 'baby boom'. Una comunidad que, además de tener un número descendente de jóvenes, pierde una parte de ellos bien preparados que salen a buscar una oportunidad laboral en el exterior. Estos y más datos aparecen en un reciente informe de una comisión presidida por un ex consejero (PNV) de Economía del Gobierno vasco.

Los jubilados, con su trabajo, han ayudado al progreso económico del país. ¿No creen los que mandan en el PNV que merecen un respeto? Sería razonable que les pregunten a ellos si quieren la transferencia a una caja pequeña o prefieren pertenecer a una caja grande que ofrece más garantías. Piensen que, si pudieran, pedirían una caja única europea. Con esta transferencia, las jubilaciones no van a mejorar. Corren el riesgo de empeorar si algún día se obligara al País Vasco a asumir el desfase del sistema en su territorio. En ese caso, en la comunidad con el coste de vida más alto de España sus pensiones pasarían a ser ridículas (o se reduciría el gasto en los servicios públicos básicos) y la mayoría de los jubilados sin vivienda propia engrosarían el número de pobres de los que habla un reciente informe de Cáritas, 'Los pobres con trabajo o pensión'.

Señores políticos, en particular del PNV por ser los firmantes del acuerdo: se les paga para mejorar las condiciones de vida de todos los ciudadanos, no solo las suyas. Demuestren que no están dispuestos a jugar con el bienestar de otros para mantenerse en el poder. Que les importan los desheredados que pueden dejar por el camino. Eviten que esos desheredados decidan salir a las calles. No olviden que, actualmente, debido a que los jóvenes van en otra dirección, la mayoría de sus votantes están entre los jubilados. Den marcha atrás y procuren que esta transferencia no sea un objeto más de confrontación con las demás comunidades. No jueguen con las cosas de comer.

Manuel Tello, profesor emérito de la UPV.

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