Juventud neutralizada

Por Joseba Arregi, presidente de la asociación cultural Aldaketa (EL PERIÓDICO, 10/10/08):

Aunque la juventud, por definición, es una etapa de la vida que pasa, que no dura demasiado, durante bastante tiempo ha sido la mimada de la sociedad: ser joven era el ideal, y todos los partidos políticos competían por hacerse con el voto juvenil. El partido mejor situado para el futuro era el partido que con más voto juvenil contaba. Mucho me temo que los innombrables les han quitado el puesto. Los innombrables, porque la palabra viejo va a desaparecer del diccionario, donde solo sobrevivirán los mayores, la tercera edad, los séniores y otras circunlocuciones parecidas.
Aunque, bien mirado, en realidad no se produce ningún cambio de perspectiva, ninguna sustitución generacional. Es por lo menos lo que se desprende de una referencia que se ha podido leer en varios medios de comunicación: el observatorio español de la juventud afirma que, para que un joven se pueda independizar, necesita un sueldo mensual de 3.000 euros. Y no es la primera vez que se hacen públicas afirmaciones parecidas. Hace ya algunos años que el Consejo Español de la Juventud aireó la opinión de que un joven debía hipotecar una parte muy importante de su sueldo mensual para poder adquirir en propiedad un piso de 100 o 120 metros cuadrados.

SI UNO SE pone a hacer cuentas, cualquiera de las dos afirmaciones parece razonable. Si se aceptan como válidos los valores imperantes en nuestras sociedades, si se dan por buenos los criterios con los cuales parece que funcionamos todos, este tipo de afirmaciones son del todo correctas. No van contracorriente. Suponen la confirmación de lo establecido. Implican la consolidación de los valores reinantes en la sociedad española. Refuerzan el ideal pequeñoburgués de la mayoría de ciudadanos españoles.
Es probable que seamos unos pocos viejos los que todavía sigamos apegados a la idea de que los jóvenes tienden a ser rebeldes, deben oponerse a lo establecido y propugnar nuevos valores para que el futuro no sea la repetición del pasado. Pero ambas afirmaciones citadas contienen significados preocupantes. ¿Qué significa independizarse? Si para ello son necesarios 3.000 euros, ¿cuántas personas dependientes existen en España hoy? ¿Cuántos trabajadores, o asalariados, no llegan a un sueldo de esa cuantía? ¿Son todos ellos dependientes? ¿Cuántos españoles viven en pisos que no llegan a los 120 metros cuadrados, ni siquiera a los 100?
Me imagino que más de un adulto se sentirá ridiculizado por haberse independizado en su día con bastante menos de 3.000 euros, con bastante menos que lo correspondiente en su tiempo a lo que puedan suponer hoy 3.000 euros. Hicieron el ridí- culo: tenían que haber seguido viviendo con sus padres hasta llegar a ganar sueldos de esa cuantía. Aunque, de nuevo bien mirado, quizá ni hoy hayan llegado a ese nivel, y, desde luego, es más que probable que sus padres tampoco lo hubieran alcanzado en su tiempo.
No se trata de idealizar la situación actual. No se trata de minimizar los problemas que viven los jóvenes en España. El mileurismo, la precariedad laboral, la situación de la enseñanza, las dificultades de acceder a una vivienda –por la rigidez de las normas que dictan la media de metros de una promoción, por falta de un verdadero mercado de alquiler, por los precios–, la necesidad de aportar al contrato generacional que asegura las pensiones actuales y, al mismo tiempo, tener que empezar a capitalizar las propias… son muchos los problemas que afectan a los jóvenes hoy en España.
Pero para hacer frente a esos problemas lo que se requiere es una mínima capacidad de crítica del modo de funcionamiento de las sociedades actuales. Lo que las afirmaciones citadas indican, sin embargo, es que lo que se pretende es estar bien integrados en el sistema, participar lo máximo posible del sistema, y cuanto antes. Si lo que pretenden los jóvenes es ser beneficiarios del sistema actual desde el inicio de su andadura profesional, a alguien habrá que pasar la factura de los costes que este sistema, como todo sistema, también tiene.

SI LOS JÓVENES pretenden haber llegado antes de empezar, si los jóvenes entronizan con sus exigencias los valores y criterios que hacen de esta sociedad lo que es, lo que están planteando es que quieren ser mayores desde jóvenes, lo que están afirmando es que no hay diferencias entre ser joven o ser adulto, o ser mayor, o ser viejo, con perdón. Si los jóvenes españoles solo se van a independizar cuando ganen 3.000 euros, si los jóvenes españoles creen que independizarse no empieza por tener ideas algo distintas, por articular ideas críticas, por elaborar estilos de vida alternativos, por alguna capacidad de sacrificio, entonces han llegado a ser mayores antes de haber sido jóvenes de verdad.
Es cierto que el peso demográfico de las sociedades europeas va pasando de la infancia y la juventud a las edades maduras. Es cierto que la población europea va envejeciendo y que la pirámide de edad ha cambiado radicalmente. Pero la pregunta seria no es solo esa. La pregunta seria es si las sociedades europeas no están envejeciendo mentalmente, pese a la autoconciencia de progresía e izquierdismo que enarbolan frente a los neoconservadores americanos. Ya lo tiene escrito Alain Touraine: Europa es una sociedad de jubilados.