Kosovo: un paraguas confederal

Por  Ferrán Requejo, catedrático de Ciencia Política y director del Grup de Recerca de Teoria Política en la UPF (LA VANGUARDIA, 22/11/07):

Hasta ahora, Kosovo representa la última pieza por recolocar del complejo puzzle ex yugoslavo. Las cruentas guerras balcánicas de los años noventa, incluida la que contrapuso a Serbia con los guerrilleros kosovares del Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK) tuvieron un colofón en la intervención de la OTAN en Kosovo en 1999, en la posterior resolución 1.244 y en la misión de la fuerza multinacional en el territorio.

A partir de aquí, la dinámica ha estado presidida por el encargo del Consejo de Seguridad de laONU al diplomático finlandés Ahtisaari para que propusiera una solución política al conflicto. El resultado ha sido un plan de acción presentado en el 2007 que en síntesis propone una independencia para Kosovo bajo supervisión internacional. Recordemos que en Kosovo, el 92% de la población es albano-kosovar, predominantemente musulmana y que, a diferencia de otros territorios ex yugoslavos, está poco mezclada con la minoría serbia del territorio. Pero recordemos también que muchos serbios no consideran sólo a Kosovo como una parte de su territorio, sino que además es visto como un elemento central de las referencias culturales, históricas y nacionales de Serbia.

Como era de esperar, el Gobierno serbio no ha aceptado, con la aquiescencia de Rusia, los términos de la propuesta de Ahtisaari. Y Rusia puede utilizar su derecho a veto en el Consejo de Seguridad si el tema vuelve a plantearse allí, cosa poco probable cuando se conocen las posiciones respectivas de los principales actores. Serbia no parece dispuesta a ir más allá de un estatus de “estado asociado asimétrico” para Kosovo, pero dentro de sus fronteras. La situación parece, pues, enquistada.

Las recientes elecciones al Parlamento kosovar han dado una clara ventaja al PDK, partido liderado por Hasmin Thaçi, ex líder de la UÇK y claro defensor de la independencia. Sin embargo, su capacidad de acción no es independiente de la posición final de los actores internacionales, básicamente la Unión Europea y, sobre todo, Estados Unidos. Difícilmente el Gobierno kosovar va a emprender alguna estrategia sin contar con el acuerdo de éstos últimos.

Además de los modelos posibles de solución existen también distintas estrategias para lograrlos. El proceso más deseable sería encauzar el tema a través del Consejo de Seguridad de la ONU con una solución pactada a la que Rusia no se opusiera. Pero, como decíamos, ello no parece muy posible. Otra estrategia es la de obviar el Consejo y legitimar la solución posible sobre la independencia de Kosovo a partir de la resolución 1.244 establecida tras la guerra de 1999. Ello entraña problemas jurídicos, pero ya se sabe que este tipo de obstáculos se superan a partir de pactos entre los principales actores. Pero podría haber “derivadas” si se adopta esta vía.

Por ejemplo, no es descartable que Serbia buscara la inestabilidad fuera de Kosovo (Bosnia-Herzegovina), además de poder decidir la expulsión de kosovares que viven en territorio serbio. Y, sobre todo, hay que ver cuál sería la reacción final de Rusia, tras su drástica posición contraria al despliegue de la OTAN.

Una posible vía, de carácter menos drástico por las dos partes, sería establecer una confederación entre Kosovo y Serbia a través de un órgano común con representantes paritarios entre ambas entidades y con representantes de la comunidad internacional – de la UE o de la ONU-. Las competencias de este órgano deberían ser muy reducidas – por ejemplo, algunos aspectos de la política internacional, la defensa de fronteras, también las nuevas de Kosovo, con participación de fuerzas internacionales- mientras en todo lo demás cada entidad sería totalmente independiente, incluida un posible proceso de ingreso en la Unión Europea. Se trataría de una confederación paraguas para ambas entidades, con presencia militar internacional y planteada en términos transitorios.

La política comparada muestra la tendencia de las confederaciones a dejar de serlo. Estas últimas tienden a evolucionar o bien hacia una federación (muy poco probable en este caso), o a la separación definitiva de sus entidades. Las confederaciones no suelen ser nunca “estaciones término” sino más bien “apeaderos” en procesos que evolucionan hacia soluciones más estables. Pero, caso de adoptarse alguna solución confederal, y en contra de algunas propuestas recientes (A. Cassese), creo que cualquier órgano común debería ser paritario (igual número de representantes kosovares y serbios), además de contar con un número similar de miembros de la comunidad internacional, preferentemente de la UE. Ello permitiría a Kosovo consolidarse como actor en la escena internacional, evitándose una ruptura vista como traumática en estos momentos desde Serbia y Rusia. La confederación debería contener reglas para que en un plazo medio (digamos hacia el 2015) se establecieran por consenso vínculos más estrechos entre las dos entidades, una separación como la establecida para Montenegro en el 2006, o una prolongación de la confederación. Esta no sería una situación óptima ni para los dirigentes de Kosovo ni para los de Serbia, pero podría significar una pieza clave hacia la solución final y pacífica del conflicto. En caso de conflictos bipolares (Palestina-Israel…) la presencia de un tercer polo parece imprescindible para llegar a soluciones. Unas cláusulas confederales laxas podrían ser parte de este proceso.