La aeronáutica naval

En septiembre de 1917, siendo ministro de Marina Manuel Flores y Carrió, el Rey Alfonso XIII firmaba el real decreto de creación de la aviación naval. El decreto constaba de cuatro artículos: en el primero se creaba la aviación naval, el segundo fijaba en Cartagena la escuela de aviación naval, en el tercero se hacía constar que en dicha escuela se formaría también al personal del Ejército y el cuarto mencionaba la construcción de material aeronaval.

En 1920 el Gobierno de Eduardo Dato cambió su denominación por la de Aeronáutica Naval, proponiendo el aeródromo de El Prat como sede provisional para la formación de pilotos navales. El capitán de corbeta Pedro María Cardona y Prieto fue nombrado primer director con la misión de poner en marcha la aeronáutica naval. Un año más tarde, se declararon aptos los primeros oficiales: Francisco Taviel de Andrade, Julio Guillén Tato, Vicente Cervera Jiménez-Alfaro, José Gómez Ceballos, José Montis Villalonga, Manuel de la Sierra Bustamante, Juan Manuel Durán González, Pío Esteban Escoriaza, Ramón Carranza Gómez.

Con un presupuesto de «dos millones» de pesetas, cantidad que tuvo que aumentarse a «cuatro», comenzó la actividad naval. Se compraron los primeros hidroaviones, se contrataron instructores extranjeros para el servicio de aerostación. A pesar de las dificultades iniciales, a finales de 1923, la aeronáutica naval disponía de sesenta hidroaviones, cuatro globos libres, tres cautivos y seis dirigibles.

En junio de 1920 fallecieron los primeros pilotos efectuando prácticas de vuelo: el teniente de navío Vicente Cervera, profesor de vuelo, y el habilitado del Dédalo Juan Suárez de Tangil, hermano del conde de Vallellano. La primera baja en acción de guerra fue el alférez de navío Jorge Vara Morlan que murió en Tiguisas (Marruecos). Más tarde, efectuando maniobras navales en aguas de Barcelona, fallecía el teniente de navío Durán que había formado con Ramón Franco, Ruiz de Alda y el mecánico Manuel Rada el famoso raid (Plus Ultra).

Estos primeros años fueron los peores: a los dolorosos accidentes mortales, había que añadir la amargura de una escasez de material aéreo que llegó a poner en peligro su propia existencia. Sin embargo, no se perdió la moral del personal y a trompicones pero con entusiasmo, se salvó este bache. En 1926 la Armada abandonó parte de las instalaciones de El Prat y se ubicó definitivamente en San Javier (Murcia), que se convertiría en la base principal de la aeronáutica. Se crearon estaciones aeronavales en Cádiz, Cartagena, Ferrol y destacamentos en Marín y Mahón. Terminada la pacificación con Marruecos, la marina de guerra pensó que era el momento de organizar sus fuerzas navales, crear doctrina y ser útiles a la Armada española

A comienzos de la Guerra Civil, la aeronáutica naval se encontraba en uno de los mejores momentos como resultado de un minucioso plan puesto en marcha. La experiencia y profesionalidad de los pilotos navales era muy alta. Sin embargo, no se puede hablar de una aviación embarcada a pleno rendimiento a causa del deficiente estado operativo del Dédalo. Contaba con unos 150 aviones y dirigibles distribuidos:

Base aeronaval de Barcelona. Tras la reorganización del plan naval la Armada abandonó parte de sus instalaciones de El Prat, permaneciendo solamente los talleres de mantenimiento, escuelas y un pequeño destacamento de hidros. Base aeronaval de San Javier. En ella se concentraban todas las instalaciones incluida la de aerostación. Se la dotó de modernos hidroaviones y dirigibles proporcionándole una mayor actividad y capacidad operativa. Destacamento aeronaval de Mahón con reducidas instalaciones. Mantenía solamente hangares para dar cabida hasta media docena de aviones. Destacamento aeronaval de Marín. Aquí se encontraba la escuela de tiro y una escuadrilla de hidros en misiones de adiestramiento..

En julio de 1936, la aviación naval estaba a favor del Movimiento Nacional. En Barcelona y San Javier sucumbieron ante la avalancha marxista siendo detenidos todos los jefes y oficiales. En Marín, fueron pieza clave del triunfo del Movimiento en Galicia. En el Estrecho, la aviación naval y militar escribió páginas de gloria facilitando el paso del convoy de la Victoria. En Baleares, los pilotos navales bajo el mando del almirante Francisco Moreno Fernández (marqués de Alboran) lucharon en apoyo de las Fuerzas de Bloqueo del Mediterráneo.

Al finalizar la guerra, en octubre de 1939, se creó el Ejército del Aire. Esta ley preveía la existencia de fuerzas de cooperación con la Marina y el Ejército. Nada se decía sobre la posibilidad de que la Armada pudiese tener medios aéreos, negándole el derecho a contar con una aviación propia. A los pilotos navales se les ofreció pasar definitivamente al arma de aviación. Solo un grupo de jefes y oficiales se alistaron, y otros prefirieron continuar en la marina. No fue hasta 1954 cuando la Armada retomó el protagonismo con el nacimiento del Arma Aérea, siendo el almirante Suances de la Hidalga su impulsor.

He querido destacar el tesón de unos hombres que sin distinción de categorías escribieron volando, en paz y en guerra, páginas gloriosas de la historia de la Armada, sin olvidar los accidentes mortales de pilotos navales que fallecieron a bordo de aeronaves.

Fernando de la Guardia Salvetti, Capitán de Navío (R)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *