La agonía de España

España agoniza. No toda agonía acaba en muerte, pero sí la mayoría. No es ya que no sea esto, no sea esto; es que esto es mortal. Sabemos lo que nos pasa, aunque la mayoría no quiera enterarse. Es frecuente la tendencia humana a ignorar lo desagradable. El virus moral es más grave que el político, y el político que el médico. La sociedad más desmoralizada y adormecida y el Gobierno peor posible para la situación más trágica. Y el diagnóstico es, sin embargo, claro.

Es una obviedad que el separatismo constituye una amenaza para la unidad nacional. Lo grave es que el Gobierno se apoye en los votos separatistas. No hay un caso parecido en todo el Occidente aletargado.

Pero hay otra ruptura de la unidad, acaso más grave: la ruptura de la concordia, la voluntad de unos gobernantes de excluir a, por lo menos, media España, de acabar con ella, de destruirla. Además no se trata de una experiencia nueva sino de la reedición, irresponsable y culpable, de una maldad reciente: el Frente Popular. Pero la memoria es frágil, ni «histórica» ni «democrática».

Tal vez todo sea muy sencillo, terrible pero sencillo. Sólo hace falta abrir los ojos para verlo. Estamos muy cerca de febrero del 36. Aunque eso no signifique que nos espere julio del 36. Es improbable pero no imposible. Lo cierto es que el proyecto es claro: la destrucción de la Constitución y de la convivencia, de la concordia y de la libertad, de la Monarquía y del Estado de Derecho. Estamos ante un proyecto totalitario socialcomunista y separatista, ante un inmoral proyecto totalitario. Y las víctimas apenas exhiben unas vagas y lastimeras protestas. La última prueba: el apoyo de Bildu (ETA) a los Presupuestos del Frente.

Un ciudadano puede estar contra la Monarquía y rechazar la Constitución. Un diputado puede ser republicano y aspirar a cambiar la Constitución. Pero un ministro no puede ser desleal a la Constitución y a su Rey. Más de uno ha traicionado su promesa de lealtad al tomar posesión de su cargo. Vamos no de la ley a la ley, sino de la ley a la ilegalidad, a la destrucción del Derecho. Es difícil sentir una vergüenza política comparable a la que cabe sentir ante las declaraciones de un ministro de Justicia que confiesa que el Rey ha sido excluido del acto judicial de Barcelona para salvaguardar la convivencia. Un ministro piensa que la presencia del Rey en una ciudad española es una provocación.

El totalitarismo se apoya siempre en la mentira. Él mismo es la mentira. El Frente popular es totalitario. Por eso es la mentira y necesita mentir. La República es la democracia y la Monarquía el fascismo. Franco dio un golpe de Estado fascista contra la democracia. Franco es semejante a Hitler (¿por qué no a Stalin?). Así, nos obligan a hablar sobre lo que preferiríamos no hacerlo. Un poquito de Historia. El 18 de julio no fue un golpe de Estado fascista contra la democracia, sino un acto de defensa de una parte de España que se negaba a ser destruida. ¿Era democrática la persecución de los católicos? ¿O el incendio de iglesias y conventos? ¿O el asesinato de Calvo Sotelo? ¿O la revolución comunista? ¿Fascistas? Había algunos, muy pocos. ¿Eran, acaso, fascistas los conservadores, los liberales, los católicos, los monárquicos? ¿O los socialistas que, como Besteiro, se opusieron al comunismo? ¿O los anarquistas que combatieron al estalinismo? ¿O Marañón, Ortega y Unamuno? ¿Eran demócratas todos los anarquistas? ¿Lo eran los comunistas? ¿Lo era Largo Caballero? ¿Lo era la Pasionaria? ¡Basta ya de mentiras! Hubo crímenes y errores en los dos bandos. Y el franquismo duró más de lo necesario. Pero el maniqueísmo frentepopulista resulta insoportable. La guerra civil no fue una lucha entre fascistas y demócratas, sino un conflicto entre los partidarios de la revolución comunista y quienes se resistieron a ella. Y es precisamente esta revolución, este trágico error histórico el que quiere repetir la coalición actual de republicanos, comunistas socialistas filocomunistas y separatistas.

El proyecto es claro. La democracia es el Frente Popular, es decir, el Gobierno y sus aliados y apoyos: socialistas extraviados, comunistas y separatistas. Lo demás es fascismo, es decir, Vox y Partido Popular. Queda decidir de qué lado queda Ciudadanos. Sin este análisis no se entiende lo que sucede en España y, desde luego, en Madrid. En la capital se libra una batalla decisiva entre el Frente Popular y los defensores de la libertad y la Constitución. Si cae Madrid daremos un paso decisivo hacia el abismo. El modelo no es la socialdemocracia ni el socialismo democrático. El modelo es el comunismo venezolano o chino. Es decir, el fin de la democracia y del Estado de Derecho. No hay concordia sin libertad, ni libertad sin concordia. Se tienen las dos o se pierden ambas. Los enemigos de la libertad luchan por destruir la concordia.

En este sentido, el proyecto de ley de memoria «democrática» es mendaz y totalitario, pero no tiene nada de cortina de humo para desviar atenciones y distraer incautos. Forma parte del proyecto político fundamental. Con él, la libertad morirá. Criticar al Gobierno terminará por ser atentado contra la memoria «democrática» y apología del fascismo. Al mismo fin obedece la lucha contra la libertad de enseñanza. Todo gobierno que impone a los ciudadanos lo que se puede o no se puede afirmar en el ámbito de las opiniones, las valoraciones y las teorías es un gobierno totalitario. A los gobiernos no les corresponde decidir lo que está bien o mal en el orden moral, ni lo que es verdadero en el ámbito científico, ni cómo han sucedido los hechos en el pasado. ¿Saben, acaso, cuántos libros viejos y sabios habría que censurar y quemar con esta delirante memoria «democrática» o con las pretensiones de la ideología de género? Lo que sucede es que tienen, y en muchos casos ni eso, una dieta intelectual unilateral. Leen poco y, en general, malo.

Por lo demás, sabemos que la democracia no garantiza la libertad (Tocqueville). También sabemos que el comunismo la impide. Sólo un ignorante o un malvado puede afirmar que todo anticomunista sea un fascista. La ruina económica nos acecha, pero aún peor es la ruina moral. Y, muy probablemente, no sean independientes.

España agoniza. Confiemos en que no muera. Luchemos por ello. Concluyo con un viva a España, a la libertad, a la concordia y al Rey.

Ignacio Sánchez Cámara es catedrático de Filosofía de la Universidad Rey Juan Carlos.

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