La amenaza persiste

Ignacio Cosidó (GEES, 08/07/05)

La amenaza persiste y es preciso que la derrotemos. El atentado múltiple de Londres ha puesto una vez más de manifiesto que el terrorismo constituye hoy la principal amenaza a nuestras democracias. Con sus acciones, los terroristas no pretenden sólo sembrar la muerte y el dolor en nuestras sociedades, sino también doblegar nuestra voluntad de defender la libertad en nuestro territorio y en cualquier lugar del mundo. Las palabras del Primer Ministro británico pocas horas después de los atentados, respaldado por los principales líderes del mundo, nos indican felizmente que esa voluntad de los británicos y del conjunto de las democracias difícilmente va a ser doblegada.

La segunda conclusión que debemos extraer de los terribles atentados de ayer es que esta es una guerra declarada al conjunto del mundo libre. Quienes crean que es posible buscar alguna formula de compromiso con los terroristas para alcanzar la impunidad están profundamente equivocados. Los terroristas sólo ven en nuestras ofertas de diálogo y en nuestras cesiones síntomas de debilidad que acrecientan su voluntad criminal. La unidad de los países democráticos, en especial, la alianza entre la Unión Europea y los Estados Unidos para hacer frente a esta letal amenaza, es hoy la necesidad más acuciante para la pervivencia de la libertad en el mundo.

En España estos atentados han supuesto algo más que una triste rememoración de los atentados del 11 de marzo. El Gobierno ha activado el máximo nivel de alerta terrorista ante la posibilidad de que haya una réplica de este atentado en nuestro país. Pero las lecciones que debemos extraer de estos atentados en Londres deben ser más profundas y perdurables.

Zapatero ha optado por una estrategia del dialogo y el apaciguamiento para hacer frente a la amenaza terrorista. En el orden interno esto se ha traducido en su oferta de dialogo a ETA para que abandone las armas y en diversas concesiones, como su negativa a instar la ilegalización de la nueva marca política de la banda terrorista. En el orden externo, su estrategia se basa en complacer la demanda de los terroristas, como supuso la precipitada retirada de las tropas de Irak, así como la propuesta de un dialogo entre civilizaciones que oculte en realidad una connivencia con las distintas tiranías y totalitarismos que, por desgracia, subsisten en el mundo actual.

Esta estrategia contrasta con lo expresado pro Tony Blair muy poco después del atentado: ‘Es importante que los terroristas sepan que nuestra decisión de defender los valores y nuestra forma de vida se aumenta y es más grande que su decisión de matar a inocentes para imponer el extremismo en el mundo’. El Primer Ministro se hizo además portavoz de todo el resto de líderes reunidos en Escocia para resaltar su determinación unánime para acabar con el terrorismo.

Los atentados de Londres deberían propiciar al menos tres líneas de acción por parte del Gobierno español. En primer lugar, una reevaluación de la amenaza del terrorismo islamista en nuestro país. El Secretario de Estado de Seguridad afirmaba recientemente en el Senado que “se han puesto medios suficientes como para que esa amenaza disminuya, es decir, para que se neutralicen los problemas que para la seguridad de los ciudadanos pueda suponer un fenómeno tan complejo como éste”. Es evidente que este exceso de complacencia debe ser rebajado a la vista de lo sucedido en Londres.

En segundo lugar, es necesario un cambio en la estrategia antiterrorista diseñada por Zapatero. El apaciguamiento es la peor receta que pude aplicarse a un terrorismo extremadamente fanático y destructivo como el protagonizado por los radicales islamistas. Hay que retomar el discurso y la acción para hacer de la derrota del terrorismo, de cualquier terrorismo, la máxima prioridad de todo el Estado.

Finalmente, sería muy positivo un giro en nuestra política exterior que contribuyera a fortalecer la alianza de los países democráticos para enfrentarse a esta amenaza común, en vez de debilitar la relación trasatlántica, como ha hecho la política exterior socialista desde que retomó el poder.