La amenaza química de al-Qaeda (ARI)

Por René Pita, profesor de la Escuela Militar de Defensa NBQ del Ejército de Tierra y del Departamento de Toxicología de la Universidad Complutense de Madrid (REAL INSTITUTO ELCANO, 18/01/07):

Tema: Este ARI analiza el interés y la capacidad de obtener armas químicas por parte de al-Qaeda, así como su posible uso en atentados terroristas como arma de destrucción masiva, es decir, con el fin de causar un elevado número de víctimas.

Resumen: En las declaraciones de distintos miembros de al-Qaeda se justifica su derecho a adquirir y utilizar armas químicas en términos de reciprocidad, bien como medida disuasoria o como represalia por los ataques en Afganistán; y en términos de necesidad, como herramienta para asestar un duro golpe en su guerra contra Occidente. La información obtenida tras el inicio de las operaciones militares en Afganistán y el análisis de los intentos de atentados químicos parecen indicar que los programas de armas químicas de al-Qaeda no han llegado a buen puerto. Estos programas estarían basados en procedimientos muy rudimentarios, de escasa eficacia, tanto en la producción del agente químico como en su dispersión para causar un elevado número de víctimas. A pesar de esto, al-Qaeda sigue trabajando de forma activa para conseguir este tipo de armas. Además, han planteado ya estrategias distintas a la utilización de armas químicas “clásicas”, entre las cuales destaca la utilización de productos químicos de uso industrial, mucho más fáciles de adquirir.

Análisis: Como grupo terrorista de carácter religioso, al-Qaeda no encaja dentro del conocido axioma hecho por Brian Jenkins en 1975: “Los terroristas quieren muchos espectadores y muchos oyentes, pero no muchos muertos”.[1] Si bien esto no se puede considerar una regla estricta, encaja mejor con grupos terroristas de carácter laico y no con grupos terroristas de carácter religioso. En estos últimos predominan obligaciones divinas que pueden dar lugar a la desaparición de limitaciones de carácter moral a la hora de cometer un atentado. De hecho, el propio Jenkins reconocía recientemente: “Muchos de los terroristas de hoy en día quieren muchos espectadores y muchos muertos”.[2] Los atentados yihadistas del 11 de septiembre de 2001 (11-S) y posteriores parecen confirmar este hecho. Las armas químicas se suelen incluir dentro del concepto de armas de destrucción masiva (ADM), ya que un ataque eficaz con este tipo de armamento podría causar un elevado número de víctimas. Es lógico pensar, por tanto, que puedan ser consideradas una herramienta de interés para el terrorismo yihadista, pues le permitiría alcanzar sus objetivos.

Interés de al-Qaeda por utilizar armas químicas.
Ya en 1998 Osama Bin Laden afirmaba en una entrevista: “La adquisición de armas para la defensa de los musulmanes es una obligación religiosa. Si, de hecho, yo hubiese adquirido estas armas [químicas y nucleares], le daría gracias a Dios por habérmelo permitido. Y si busco adquirir estas armas, estoy cumpliendo con mi deber. Sería un pecado para los musulmanes no intentar poseer estas armas que prevendrían a los infieles de causar daño a los musulmanes”.[3] Distintas declaraciones hechas por Bin Laden a finales de 1998 y principios de 1999 van en este mismo sentido. Tras los atentados del 11-S, Bin Laden reafirmaba y justificaba la posesión de ADM como herramienta disuasoria: “Ayer [7 de octubre de 2001] oí el discurso del presidente americano Bush. Estaba atemorizando a los países europeos con que Osama quería atacar con armas de destrucción masiva. Quiero declarar que si América usa armas químicas y nucleares contra nosotros, nosotros podremos replicar entonces con armas químicas y nucleares. Tenemos estas armas como elemento disuasorio”.[4] El líder religioso de al-Qaeda, Abu Hafs “El mauritano”, confirmaba las declaraciones de Bin Laden en una entrevista emitida por al-Yazira: “Si tal arma [química, biológica o nuclear] está a disposición de al-Qaeda es como arma disuasoria, no para iniciar una acción. Dejad que América tema el peor escenario posible cuando ellos utilicen cualquier arma no convencional. Les estamos esperando, si Alá quiere”.[5]

Estas declaraciones fueron hechas antes o al comienzo de las operaciones militares en Afganistán. A partir de entonces, las declaraciones de los miembros de al-Qaeda parecen cambiar, y justifican el uso de ADM en el hecho de que en Afganistán se han utilizado armas que pueden considerarse ADM. Así, Suleiman Abu Gheith, portavoz de al-Qaeda, escribía en un artículo publicado en la página web de al-Qaeda en 2002: “No hemos alcanzado la paridad con ellos. Tenemos el derecho de matar cuatro millones de americanos –dos millones de ellos niños– y de exiliar al menos a dos veces más, así como de herir y mutilar a cientos o a miles. Además, es nuestro derecho el luchar contra ellos con armas químicas y biológicas, con el fin de afligirles con las enfermedades fatales que han afligido a los musulmanes por las armas químicas y biológicas [usadas por los americanos]”.[6] De la misma manera, Abu Muhammad Al Ablaj, un supuesto instructor de al-Qaeda que anunció en mayo de 2003 operaciones para contaminar con sarín –un agente neurotóxico de guerra– los suministros de agua de países occidentales, afirmaba: “En cuanto al uso de sarín y [armamento] nuclear, nosotros hablaremos de ellos en su momento y los infieles sabrán lo que les hace daño. Ellos no escatimaron esfuerzos para utilizarlas en su guerra contra nosotros en Afganistán y no dejaron ningún arma sin utilizar. Ellos, por tanto, no deben descartar la posibilidad de que nosotros les mostremos nuestras capacidades”.[7]

Si bien todas estas justificaciones sobre el uso de ADM están basadas en la reciprocidad, bien como medida disuasoria o como represalia justificada, en mayo de 2003 el clérigo saudí Naser Bin Hamad Al Fahd publicaba una fatwa en la que se autoriza el uso de ADM. Al Fahd lo justifica no sólo en argumentos basados en la reciprocidad, similares a los anteriormente mencionados, sino en textos islámicos que prueban que la utilización de ADM está autorizada si los responsables de la yihad deciden que este uso supone algún beneficio. Y así lo manifiesta Mustafá Setmarian Nasar, más conocido como Abu Musab Al Suri, uno de los principales ideólogos de al-Qaeda, que considera el uso de ADM como una “necesidad”.[8]

Programas de armas químicas de al-Qaeda.
Según Jamal Ahmed Al Fadl, un miembro de al-Qaeda que desertó y se convirtió en un informador del Gobierno de EEUU en 1996, a principios de los años noventa el propio Al Fadl y otros miembros de al-Qaeda se habrían entrevistado con un oficial del ejército sudanés con el fin de iniciar un programa de producción de armas químicas.[9] Tras los atentados contra las embajadas de EEUU en Kenia y Tanzania, el 7 de agosto de 1998, la operación de represalia incluyó el ataque a la planta farmacéutica al-Shifa, en Sudán. El ataque estaba justificado por el hecho de que en las muestras de suelo recogidas en las afueras de esta planta farmacéutica se había encontrado metilfosfonotiolato de O-etilo (EMPTA), un precursor del agente neurotóxico VX; y por la supuesta financiación, por parte de Bin Laden, de un programa de agentes neurotóxicos de guerra que se llevaba a cabo en distintos centros militares sudaneses, de los cuales formaba parte al-Shifa. Sin embargo, la credibilidad de la justificación del ataque a al-Shifa quedó empañada por una serie de hechos, entre los cuales destacan las declaraciones de ingenieros y asesores occidentales de la planta farmacéutica en el sentido de que allí no se fabricaban armas químicas. El hecho de que el EMPTA tenga aplicaciones en la industria química con fines distintos a la fabricación de armas químicas y la negativa de EEUU a una investigación de la ONU, contribuyeron también a restar credibilidad a aquellas justificaciones.

Desde octubre de 2001, periodistas y fuerzas militares en Afganistán han descubierto documentos escritos y electrónicos con procedimientos rudimentarios para la fabricación de armas químicas.[10] Estos procedimientos son similares, y en algunos casos copias literales, a los incluidos en los denominados cookbooks,[11] publicaciones muy populares en EEUU entre los grupos terroristas de extrema derecha y los terroristas amateur.[12] Un ejemplo de la relación de las publicaciones yihadistas con estos cookbooks se puede apreciar en un documento de la Agencia Central de Inteligencia de EEUU (CIA) de 2003.[13] En él se observa un diagrama para la producción de iperita (gas mostaza), descubierto en Afganistán, que resulta ser una copia del diagrama del conocido cookbook Assorted Nasties.

La mayoría de los documentos relacionados con armas químicas descubiertos en Afganistán provenían del campo de Abu Khabab, en el complejo de Darunta, un campo de entrenamiento especializado en armas químicas. El campo recibió su nombre de la persona que lo dirigía, el egipcio Midhat Mursi, también conocido como Abu Khabab, que murió en un ataque aéreo de EEUU en la frontera entre Afganistán y Pakistán en enero de 2006. De hecho, la conocida filmación emitida por la CNN, en agosto de 2002, en la que se veía cómo un perro era expuesto a una sustancia tóxica, habría sido filmada por Abu Khabab. Estas imágenes son un buen ejemplo de los rudimentarios procedimientos que se estudiaban en estos campos de entrenamiento. La existencia de experimentos en animales en este campo de Darunta ya era conocida antes de la intervención militar en Afganistán. En julio de 2001, Ahmed Ressam, un argelino detenido por intentar atentar con explosivos contra el aeropuerto internacional de Los Ángeles, declaró cómo le habían enseñado a preparar ácido cianhídrico (mediante la mezcla de una sal de cianuro y ácido sulfúrico) durante su estancia en el complejo de Darunta en 1998.[14] Más recientemente, en noviembre de 2006, un libro publicado por Omar Nasiri, seudónimo de un supuesto informador de los servicios de inteligencia del Reino Unido y de Francia, reveló su participación en pruebas de agentes químicos cianurados con animales en el campo de entrenamiento de Khaldan.[15]

Uno de los principales descubrimientos que aportaría información sobre el programa de armas químicas de al-Qaeda lo realizó el periodista Alan Cullison, del Wall Street Journal, en Kabul.[16] Cullison compró un ordenador portátil supuestamente utilizado por Muhammad Atef (Abu Hafs), líder militar de al-Qaeda y uno de los principales defensores de la adquisición de ADM, que murió en noviembre de 2001 en Afganistán. El ordenador contenía documentos que describían el intento de iniciar un programa de armas químicas y biológicas denominado al-Zabadi (“Yogur”). Abu Hafs y Ayman Al Zawahiri habrían iniciado el programa en mayo de 1999, tras estudiar distintos libros y publicaciones biomédicas occidentales sobre armas químicas. Sorprende el escaso presupuesto inicial, entre 2.000 y 4.000 dólares. El responsable del programa, Abu Khabab, le habría comunicado a Al Zawahiri la posibilidad de producir un “gas neurotóxico” de elaboración casera a base de insecticidas y de un aditivo químico que facilitaría su penetración a través de la piel. Aunque la identidad del “gas neurotóxico” no se menciona, la referencia a un insecticida hace pensar en que Abu Khabab podría estar hablando de insecticidas organofosforados. Estos presentan un mecanismo de acción semejante a los agentes neurotóxicos de guerra, pero son mucho menos tóxicos. La opción de utilizar insecticidas en vez de producir agentes neurotóxicos de guerra reflejaría la dificultad de fabricar estos agentes siguiendo los rudimentarios procedimientos de los cookbooks.[17] Incluso la organización religiosa Aum Shinrikyo, responsable de los atentados con sarín en 1994 en Matsumoto y en 1995 en Tokio, tuvo grandes dificultades para poner en marcha su programa de producción de sarín, a pesar de tener importantes medios técnicos y económicos. Si bien logró obtener el know-how de Rusia, su planta de producción de sarín a gran escala no fue nunca operativa.

Un problema añadido al uso de un arma química está en la necesidad de disponer de los sistemas de diseminación o dispersión adecuados, si el objetivo es producir un elevado número de víctimas.[18] Las municiones para la dispersión de un arma química son municiones especiales en las que, por ejemplo, el efecto térmico es mínimo con el fin de no inactivar la sustancia química tóxica. Otra opción sería la de utilizar sistemas de dispersión basados en la aerosolización. Afortunadamente, los cookbooks no son capaces de resolver el problema de la dispersión del agente de forma adecuada. En el libro de Omar Nasiri se describen los intentos fallidos de utilizar munición para morteros, cargada con iperita, en el campo de Khaldan.[19] Si bien Nasiri relata que, finalmente, los responsables de las pruebas celebraron la aparición de una “espesa nube de humo”, esto no indica que hubiesen conseguido su objetivo.

Todavía hoy no se ha informado del descubrimiento de centros de producción de armas químicas en Afganistán. El Departamento de Defensa de EEUU sólo ha presentado una centrífuga y un horno, hallados por fuerzas militares británicas cerca de Kandahar, como el equipo que al-Qaeda tenía destinado a la fabricación de armas químicas y biológicas.[20] La versión no clasificada del informe de la Comisión de ADM de EEUU, de fecha 31 de marzo de 2005, concluye que al-Qaeda no tenía capacidad para producir armas químicas a gran escala.[21] Sin embargo, el informe indica que esta conclusión está limitada por la dificultad de los servicios de inteligencia para penetrar en la red terrorista y obtener inteligencia humana (HUMINT).

Tras la desaparición de los campos de entrenamiento de Afganistán, Internet y las páginas web yihadistas han adquirido una mayor relevancia. Al Suri, en su libro Llamada a la resistencia islámica global, aparecido en Internet en 2005, describe un nuevo movimiento global de la yihad de carácter descentralizado y difuso –calificado como al-Qaeda 2.0 por Peter Bergen en 2002–[22] en el que las células autónomas tienen un papel relevante. Estas células deben ser autosuficientes, incluso en lo que se refiere a su entrenamiento. En este sentido, las páginas web yihadistas suponen una importante herramienta que pone al alcance de las células distintos manuales de instrucción y adiestramiento, así como lecciones aprendidas de atentados cometidos por otras células.[23] Por ejemplo, en octubre de 2004 la cuarta edición de la denominada “Enciclopedia de la yihad” estaba disponible en distintas páginas web. La “Enciclopedia”, al igual que otros documentos electrónicos,[24] incluye información y procedimientos sobre armas químicas idénticos a los encontrados en Afganistán, es decir, similares a los descritos en los cookbooks. Algunas páginas web ofrecen directamente las páginas escaneadas de estos cookbooks y archivos de vídeo en los que se detallan los procedimientos de estas publicaciones. Por ejemplo, una conocida página web dedicada a Abu Musab Al Zarqawi, ofrece un archivo de vídeo en el que se explica el proceso de extracción de ricina.[25] Este vídeo es una copia directa del conocido vídeo casero de terrorismo amateur titulado El James Bond pobre saluda a los rusos.

Intentos de al-Qaeda de atentar con armas químicas.
Un estudio detallado de los incidentes con armas químicas relacionados con al-Qaeda muestra que los principales agentes químicos que han sido objeto de su interés son la ricina y el ácido cianhídrico.[26] De hecho, procedimientos para su obtención son habituales en publicaciones yihadistas. En concreto, los procedimientos para la obtención de ricina a partir de las semillas de ricino son copias de los incluidos en distintos cookbooks, pero son ineficaces por el escaso contenido de ricina de los extractos finales.[27] En enero de 2003 se informó de la detección de ricina en un apartamento al norte de Londres vinculado a simpatizantes norteafricanos de al-Qaeda. Sin embargo, resultó ser un “falso positivo” ya que no se confirmó la presencia de ricina en los análisis realizados en el laboratorio de referencia. A pesar de esto, en la vivienda se encontraron semillas de ricino y un procedimiento escrito para la extracción de ricina.[28] Sólo uno de los arrestados relacionados con este incidente, Kamel Bourgass, fue condenado en abril de 2005 por conspirar para perturbar el orden público mediante el uso de sustancias tóxicas y explosivos. Bourgass ya había sido condenado, en 2004, por asesinar a un policía durante la redada en que fue capturado.

Aunque el ácido cianhídrico se produce fácilmente añadiendo un ácido a una sal de cianuro, el principal inconveniente para los terroristas está en transportar y mezclar ambos reactivos sin ser descubiertos. Dispositivos químicos improvisados (improvised chemical devices, o ICD) que intentan solucionar este problema ya han sido desarrollados y están disponibles en las páginas web yihadistas. Es el caso del ICD denominado al-Mubtakkar,[29] con el cual una célula de al-Qaeda, radicada en Arabia Saudí, habría intentado atentar en Nueva York a principios de 2003.[30] Sorprendentemente, el atentado lo habría abortado el propio Ayman Al Zawahiri.

Agentes neurotóxicos de guerra, como el sarín, han sido también motivo de interés por parte de al-Qaeda. Estos agentes poseen unas propiedades físico-químicas y toxicológicas ideales para utilizar en atentados terroristas. Sin embargo, y como ya se ha comentado antes, su síntesis resulta bastante compleja.

Pero quizá el plan de al-Qaeda para atentar con sustancias químicas que ha estado más cerca de ejecutarse fue concebido en Jordania a principios de 2004. En este atentado no se iban a utilizar agentes químicos de guerra “clásicos”, como los anteriormente mencionados, sino productos químicos industriales tóxicos (toxic industrial chemicals, o TIC), de más fácil adquisición debido a su amplio uso en la industria química. La eficacia del atentado, de haberse llevado a cabo, es discutible. El plan consistía en mezclar los TIC con explosivos de forma aleatoria, sin tener en cuenta que las sustancias químicas pueden inactivarse por el efecto térmico de la explosión.[31] Pero el cambio en la estrategia de selección de sustancias químicas permitió almacenar grandes cantidades de TIC que, una vez dispersados de forma eficaz, podrían haber causado graves problemas.

Recientemente, también se ha visto el interés de los terroristas yihadistas en otras propiedades de las sustancias químicas de uso industrial distintas a las toxicológicas, fundamentalmente las propiedades inflamables y explosivas. Es el caso de Dhiren Barot, arrestado en agosto de 2004 en el Reino Unido y que, en octubre de 2006, se declaró culpable de planear atentados para causar múltiples víctimas en el Reino Unido y en EEUU.[32] Su plan principal consistía básicamente en hacer explotar tres limusinas en aparcamientos subterráneos. El documento con la información para este atentado, titulado “Borrador para el proyecto limusinas con gas”, se halló en un ordenador portátil descubierto en Gujrat (Pakistán), en julio de 2004. En un capítulo de este documento, Barot describe un trabajo de investigación realizado sobre la base de las propiedades inflamables y explosivas de las sustancias químicas.[33] De hecho, en distintos archivos electrónicos se encontraron páginas escaneadas del libro Hazardous Chemicals Handbook que contiene esta información. A través de la identificación de huellas dactilares se pudo saber que Barot había consultado este libro en la sección de Ciencias de la biblioteca del University College de Londres. A continuación, Barot realizó un estudio sobre la facilidad de obtención de estas sustancias en el Renio Unido, concluyendo con una selección de las más adecuadas por sus propiedades inflamables y explosivas, así como por su facilidad de adquisición. El documento incluye también capítulos sobre las explosiones BLEVE (boiling liquid expanding vapor explosion) y otro sobre “aditivos” en el que se estudian las sustancias que pudieran incrementar los efectos de los componentes seleccionados para el atentado. Se sabe también, a través de huellas dactilares, que Barot consultó el libro Hazardous Chemicals Desk Reference para estudiar la reactividad de las sustancias seleccionadas. Además, el capítulo sobre “aditivos” trata la incorporación de material radiactivo con el fin de conseguir “bombas sucias”. Es más, el mismo documento describe un plan específico para utilizar una “bomba sucia”, indicando que podría llevarse a cabo prácticamente en cualquier sitio: “Por ejemplo, en muchos [sitios]: el centro de Londres, España, EEUU, etc.”. Finalmente, el documento plantea que tanto el proyecto “limusinas con gas” como el proyecto “bomba sucia” podrían tener lugar en trenes: “Habiendo visto la digna acción que tuvo lugar en Madrid, nos hemos animado a perseguir y desarrollar esta vía”.

Conclusiones: La falta de procedimientos y programas de producción de armas químicas adecuados explicarían por qué al-Qaeda no ha sido capaz hasta ahora de llevar a cabo un ataque químico de forma eficaz. Aunque un ataque con un agente químico de guerra “clásico” y un eficaz sistema de dispersión o diseminación parece poco probable, lo que está claro es el interés de al-Qaeda en cometer un atentado de este tipo. No se debe descartar, por tanto, que con el tiempo al-Qaeda también pueda tener acceso a agentes químicos y sistemas de dispersión más eficaces. El propio Al Suri, en su libro Llamada a la resistencia islámica global, propone la necesidad de crear “brigadas para operaciones estratégicas” con capacidad financiera para adquirir y utilizar ADM,[34] consciente, quizá, de la dificultad de las células autónomas para constituir equipos multidisciplinares con capacidad de producir y dispersar de forma eficaz un arma química. La adquisición de armas químicas a través del mercado negro o de Estados patrocinadores son opciones que podrían permitir que al-Qaeda consiguiese el objetivo de llevar a cabo un ataque químico eficaz. Ya en una carta fechada el 5 de junio de 2002, Bin Laden escribía al mulá Muhammad Omar, el líder talibán en Afganistán: “Es un hecho que la región de las repúblicas islámicas [de la antigua Unión Soviética] es rica en importantes experiencias científicas en industrias militares convencionales y no convencionales, y que desempeñan un papel importante en el futuro de la yihad contra los enemigos del islam”.[35] Al Suri recoge también esta opción en un documento publicado en Internet en diciembre de 2004: “Finalmente, la última opción: destruir América a través de operaciones estratégicas y decisivas que incluyan armas de destrucción masiva (nuclear, química o biológica). El muyahidín puede obtener estas armas cooperando con aquellos que ya las posean, comprándolas o construyendo y utilizando armas radiactivas primitivas conocidas como ‘bombas sucias’”.[36] Más recientemente, en un archivo de audio distribuido en páginas webs yihadistas, el 28 de septiembre de 2006, Abu Hamza Al Muhajir, el nuevo emir de al-Qaeda en Iraq, realizaba una llamada a personas con conocimientos de química, entre otras, para desarrollar y usar armas no convencionales en Iraq.[37] Como resultado de este llamamiento ha surgido una revista electrónica en la que se publican artículos sobre aspectos tecnológicos que puedan resultar útiles para la yihad.[38]

Otra opción que los grupos yihadistas ya han intentado es el uso de TIC,[39] en vez de armas químicas de las consideradas “clásicas”, y de procedimientos de dispersión rudimentarios. Según el razonamiento de Brynjar Lia, de la misma manera que al-Qaeda ha utilizado aviones como misiles, podrían utilizar TIC como armas químicas.[40] Estos ataques alternativos podrían tener consecuencias importantes tanto en el número de víctimas directas por las propiedades tóxicas, inflamables o explosivas de la sustancia, como por sus efectos psicológicos. El importante efecto psicológico de un ataque químico y las alteraciones socio-económicas que podría inducir, ha llevado a que algunos autores empiecen a hablar del concepto de “armas de alteración masiva”.[41] El ataque con sarín al metro de Tokio en 1995 es bastante representativo, ya que aproximadamente 4.000 personas de las 5.000 afectadas presentaban síntomas y signos clínicos de origen psicogénico, pero no por haber estado expuestas al sarín. Según Abu Walid Al Misri, editor de una revista para los talibán, al-Qaeda conocía los importantes efectos psicológicos de las ADM desde que empezó a considerar la posibilidad de obtenerlas: “Otro grupo pensaba que este tipo de armas, si Bin Laden pudiera obtenerlas, serían tácticas debido a su débil y primitiva capacidad de destrucción. Sin embargo, ellos continuarían llamándolas ‘armas de destrucción masiva’ para crear miedo. Son armas primitivas con capacidad táctica y no estratégica. En otras palabras, su uso daría a los muyahidín credibilidad, prestigio e influencia psicológica”.[42]

El informe preliminar del Consejo sobre Terrorismo Global (Council on Global Terrorism) expresa: “Los gobiernos no pueden protegerlo todo, a la vez y durante todo el tiempo”.[43] Efectivamente, es imposible proteger todos los objetivos frente a cualquier tipo de ataque y durante todo el tiempo. El intentar conseguirlo supondría un consumo de recursos tal que al-Qaeda alcanzaría uno de sus objetivos, tal y como se desprende de las declaraciones de Bin Laden en un mensaje en vídeo emitido en octubre de 2004: “Aún mas grave para América es el hecho de que los yihadistas hayan obligado recientemente a Bush a recurrir a un presupuesto de emergencia con el fin de continuar su lucha en Afganistán y en Iraq, lo que prueba el éxito del plan de desangrar [a EEUU] hasta el punto de la bancarrota, si Alá quiere”.[44] Las medidas de seguridad apropiadas en las instalaciones críticas y los nuevos modelos de inteligencia permitirán reducir la vulnerabilidad frente a la amenaza del terrorismo yihadista.[45] La escasa HUMINT y los incorrectos análisis de la información, que conducen a malos productos de inteligencia, son algunas de las deficiencias observadas en lo que a la amenaza química yihadista se refiere. Finalmente, en el caso de que se produzca un atentado químico, las autoridades públicas deberán estar preparadas para minimizar los efectos físicos y psicológicos, con una gestión centralizada y coordinada de todos los organismos intervinientes.

NOTAS:

[1] Brian M. Jenkins, “International Terrorism: A New Mode of Conflict”, en David Carlton y Carlo Schaerf (eds.), International Terrorism and World Security, Croom Helm, Londres, 1975, p. 15.

[2] Brian M. Jenkins, “The New Age of Terrorism”, en David G. Kamien (ed.), The McGraw-Hill Homeland Security Handbook, McGraw-Hill, NuevaYork, 2006, p. 119.

[3] Entrevista a Osama Bin Laden por Rahimullah Yusufzai, “Conversation with Terror”, Time, 11/I/1999.

[4] Entrevista a Osama Bin Laden por Hamid Mir,“Osama Claims He Has Nukes: If US Uses N-arms It Will Get Same Response”, Dawn, Karachi, 10/XI/2001.

[5] Entrevista a Abu Hafs “El mauritano” en al-Yazira, 30/XI/2001.

[6] “‘Why We Fight America’: Al-Qa‘ida Spokesman Explains September 11 and Declares Intentions to Kill 4 Million Americans with Weapons of Mass Destruction”, The Middle East Media Research Institute (MEMRI) Special Dispatch Series, nº 388,12/VI/2002.

[7] Citado en Robert Wesley, “Al-Qaeda’s WMD Strategy after the US Intervention in Afghanistan”, Terrorism Monitor, vol. 3, nº 20, 21/X/2005, pp. 1-3.

[8] Evan Kohlmann, “Abu Musab al-Suri and His Plan for the Destruction of America: ‘Dirty Bombs for a Dirty Nation’”, 11/VII/2005, disponible en http://www.globalterroralert.com/pdf/0705/abumusabalsuri.pdf (accedido el 9/XII/2006).

[9] Véase, por ejemplo, Peter L. Bergen, Holy War, Inc., Free Press, Nueva York, 2001, pp. 59-60, 84.

[10] Para más información sobre los hallazgos relacionados con armas químicas en Afganistán, véase René Pita, “Assessing al-Qaeda’s Chemical Threat”, International Journal of Intelligence and Counterintelligence, vol. 20, 2007 (en prensa).

[11] Libros con recetas de cocina o, en general, libros con instrucciones detalladas.

[12] Incluso dos de estos cookbooks fueron hallados en Afganistán.

[13] Central Intelligence Agency (Directorate of Intelligence), Terrorist CBRN: Materials and Effects (U), CTC 2003-40058, mayo de 2003.

[14] United States of America v. Mokhtar Haouari, United States District Court, Southern District of New York, S4 00Cr. 15 (JFK), 5/VII/2001, pp. 620-626.

[15] Omar Nasiri, Inside the Jihad, Basic Books, Nueva York,2006, p. 221.

[16] Alan Cullison y Andrew Higgins, “Files Found: A Computer in Kabul Yields a Chilling Array of al Qaeda Memos”, The Wall Street Journal, 31/XII/2001; y Alan Cullison, “Inside Al-Qaeda’s Hard Drive”, The Atlantic Monthly, septiembre de 2004.

[17] De hecho, en uno de los documentos hallados en el ordenador, Abu Hafs se queja de la falta de especialistas con experiencia técnica.

[18] Tampoco Aum Shinrikyo fue capaz de solucionar este problema a pesar de los medios económicos y técnicos de los que disponía.

[19] Omar Nasiri, Inside the Jihad, op. cit., p. 222.

[20] Judith Miller, “Threats and Responses: Terrorist Weapons; Lab Suggests Qaeda Planned to Build Arms, Officials Say”, The New York Times,14/IX/2002.

[21] The Commission on the Intelligence Capabilities of the United States Regarding Weapons of Mass Destruction, Report to the President of the United States (Unclassified Report), 31/III/2005, pp. 267-278.

[22] Peter L. Bergen, “Al-Qaeda’s New Tactics”, The New York Times, 15/XI/2002.

[23] Recientemente, en un conocido foro yihadista se ha publicado un documento con lecciones aprendidas en los atentados de Madrid del 11 de marzo de 2004.

[24] Los más conocidos, además de la “Enciclopedia”, son el manual titulado Estudios militares en la yihad contra los tiranos, el Manual de sustancias tóxicas del muyahidín y el documento “Cómo pelear en solitario” de Muhammad Khalil Al Hakaymah.

[25] La ricina es una toxina presente en las semillas de ricino (Ricinus communis L.).

[26] René Pita, “Assessing al-Qaeda’s Chemical Threat”, op. cit.

[27] Estos procedimientos se estudian en René Pita et al., “Extracción de ricina por procedimientos incluidos en publicaciones paramilitares y manuales relacionados con la red terrorista al-Qaeda”, Medicina Militar, vol. 60, nº 3, 2004, pp. 172-175.

[28] Los vínculos de Bourgass con la mezquita de Finsbury Park y el hecho de que en la librería de ésta se fotocopiaran los procedimientos para la extracción de ricina y para la producción de otras sustancias tóxicas, desencadenaron la redada en la mezquita el 20 enero de 2003.

[29] Para más información sobre el funcionamiento de un al-Mubtakkar, véase René Pita, “Assessing al-Qaeda’s Chemical Threat”, op. cit.

[30] Ron Suskind, The One Percent Doctrine, Simon & Schuster, Nueva York, 2006, pp. 217-218.

[31] Como ya se ha explicado, el “arte” de la guerra química consiste en diseñar municiones en las que, entre otras cosas, el efecto térmico sea mínimo.

[32] Se cree que Dhiren Barot podría ser Issa Al Britani,la persona que Khalid Sheikh Muhammad, cerebro del 11-S, dice haber enviado por orden de Bin Laden a Nueva York en 2000-2001 con el fin de identificar objetivos para cometer atentados (no relacionados con el 11-S). El perfil de Barot está disponible en Global Security (accedido el 9/XII/2006).

[33] Su investigación se centró en los límites de inflamabilidad de las sustancias químicas.

[34] Paul Cruickshank y Mohanad Hage Ali, “Jihadist of Mass Destruction”, The Washington Post, 11/VI/2006.

[35] Citado en Michael Scheuer, “New York Subway Plot and al-Qaeda’s WMD Strategy”, Terrorism Focus, vol. 3, nº 24, 20/VI/2006, pp. 6-7.

[36] Citado en Evan Kohlmann, “Abu Musab al-Suri and His Plan for the Destruction of America: ‘Dirty Bombs for a Dirty Nation’”, op. cit.

[37] Sammy Salama y Gina Cabrera-Farraj, “New Leader of al-Qaeda in Iraq Calls for Use of Unconventional Weapons against US Forces; Possible Poisoning of Iraqi Security Forces at Central Iraq Base”, WMD Insights, nº 10, noviembre de 2006, pp. 2-3.

[38] “Al-Fajr Media Center Releases High Technology Journal”, Terrorism Focus, vol. 3, nº 47, 7/XII/2006, p. 1.

[39] De hecho, cada vez es más frecuente la aparición de recomendaciones sobre el uso de TIC en páginas web yihadistas. Véase, por ejemplo, Abdul Hameed Bakier, “Jihadi Forum Outlines Use of Poisons for Terrorist Attacks”, Terrorism Focus, vol. 3, nº 47, 7/XII/2006, p. 2.

[40] Brynjar Lia, “Al-Qaida’s CBRN Programme: Lessons and Implications”, Norwegian International Defence Seminar (NIDS) II, Lillestrøm (Noruega), 12/X/2004, p. 7.

[41] Jean Pascal Zanders, “Weapons of Mass Disruption?”, en Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) Yearbook 2003, Oxford University Press, Oxford, 2003, pp. 683-690.

[42] Citado en Peter L. Bergen, The Osama bin Laden I Know, Free Press, Nueva York, 2006, p. 342.

[43] Preliminary Report of the Council on Global Terrorism: State of the Struggle against Global Terrorism, p. 23.

[44] “The Full Version of Osama bin Laden’s Speech”, The Middle East Media Research Institute (MEMRI) Special Dispatch Series, nº 811, 5/XI/2004.

[45] Para un análisis del nuevo modelo de inteligencia para afrontar el terrorismo internacional, véase Antonio Díaz, “La adaptación de los servicios de inteligencia al terrorismo internacional”, ARI nº 52/2006, Real Instituto Elcano, 8/V/2006.