La apuesta de Netanyahu

Llevamos cuatro años en los que el primer ministro de Israel y líder del Likud, Beniamin Netanyahu, ha dedicado parte importante de su tiempo a distanciarse de las salidas de tono de su ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman, líder del partido Israel Nuestra Casa: por ejemplo, cuando en el 2011 en la Asamblea General de las Naciones Unidas criticó a los líderes mundiales, o cuando pidió que se destituyera al presidente palestino, Mahmud Abas, o cuando dijo que no tenía sentido negociar porque era imposible alcanzar la paz, etcétera

Pues resulta que ahora Netanyahu anuncia que en las próximas elecciones convocadas para el mes de enero el Likud se va a presentar en una lista conjunta con el partido de Lieberman.

Sin duda, Netanyahu ha logrado sorprender a todos, pero cuesta ver la lógica de su decisión. Netanyahu, como es habitual en él, actúa bajo amenaza. Esta vez probablemente ha presentido dos amenazas: una es la posibilidad de que una unión de los partidos de centroizquierda constituya una amenaza seria para los partidos de derecha, y la otra –más práctica– es que Avigdor Lieberman, después de las elecciones, se una por oportunismo a la coalición de centroizquierda (como ya hizo cuando en la década pasada se sumó a la coalición de Kadima y el Partido Laborista bajo el gobierno de Ehud Olmert) y con ello logre que el centroizquierda alcance el poder.

Beniamin Netanyahu puede pagar cara esta decisión. Aun cuando prometa que Lieberman no tendrá un papel determinante tras las elecciones, puede ocurrir que el bloque de centroizquierda consiga la mayoría, y entonces no sólo abandonaría su puesto de primer ministro, sino que se vería cautivo en un partido de extrema derecha, con eslóganes racistas y fascistas, y ello le alejaría de los sectores de derecha más moderados.

Su coalición con Lieberman puede llevar a Netanyahu a una situación nueva para él incluso si la derecha y los partidos religiosos ganasen en las próximas elecciones: con Lieberman le será mucho más difícil o hasta imposible establecer un coalición con alguien del bloque de centroizquierda, lo que le obligará a formar un gobierno de derechas más radical, algo que precisamente ha evitado durante su mandato.

Una coalición más radical le ataría de pies y manos frente a Estados Unidos y el resto del mundo, y le sería muy complicado representar el papel de ser alguien interesado en negociar con los palestinos y que tan sólo está esperando a que estos retiren sus condiciones previas para retomar el diálogo.

Por otra parte, puede suceder que esta nueva coalición haga que personas que votaron al partido de Lieberman porque, ante todo, veían en él el partido de los emigrantes de la antigua Unión Soviética no lo voten ahora al compartir listas con el Likud y dejar, por tanto, de tener esa particularidad de antes.

Mientras tanto, los seguidores del ministro Dan Meridor, que representan el sector más liberal en el Likud, no votarán a un partido en cuya lista aparece en segundo lugar Avigdor Lieberman, sobre el que hace mucho tiempo que planean grandes sospechas de estar implicado en actividades ilegales.

La consecuencia no tiene que ser necesariamente que todas esas personas voten ahora a partidos de centroizquierda, pero muchos de ellos simplemente no votarán. El porcentaje de voto en Israel baja en cada nueva convocatoria electoral. En los últimos años el porcentaje de voto fue en torno a un 60% y en las próximas elecciones puede seguir bajando. Dado que en Israel el Parlamento se compone de 120 diputados y no resulta sorprendente que un sector ideológico alcance la mayoría, basta con que se abstenga de votar un pequeño porcentaje de personas afines al Likud y al partido de Lieberman para que el centroizquierda bloquee la formación de un gobierno de derechas y religioso. Y en ese caso es muy posible que los partidos religiosos prefieran aliarse con el centroizquierda con el fin de no quedarse en la oposición, de modo que se establecería en Israel un gobierno nuevo. La sorprendente decisión del primer ministro Netanyahu demuestra que se trata de un político con una mente muy creativa, pero también indica que no está siendo muy inteligente. Es muy probable que el temor a esa coalición rival a la que Lieberman podría sumarse si no se presentara junto con el Likud sea la mejor noticia política para el bloque pacifista israelí cara a las próximas elecciones.

Yossi Beilin, ex ministro de Justicia israelí, negociador en el proceso de paz de Oslo.

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