La apuesta del clérigo iraquí Sadr

Por Edward E. Luttwak, experto del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), Washington (LA VANGUARDIA, 04/09/05):

Los líderes suníes de Iraq que alzan ahora la voz para protestar por el amplio federalismo de la nueva Constitución podrían aceptarlo… si se aplicara sólo a los kurdos. Saben que la alternativa es la secesión kurda y la formación de un
Kurdistán independiente. Para ellos, incluso un gobierno regional en Kirkuk con sus propias arcas, su ejército y su propio petróleo, sería mejor que eso. Sin embargo, los suníes rechazan ese mismo federalismo para los chiíes porque los consideran hermanos árabes que en el pasado siempre se sometieron al dominio suní, y creen que volverán a hacerlo en cuanto los estadounidenses se marchen, a menos que entre tanto obtengan un gobierno propio. La nueva Constitución lo permitiría, porque las provincias de mayoría chií del sur – donde se encuentra la mayor parte de los yacimientos petrolíferos de Iraq- constituirían un gobierno regional. Siguiendo el estilo habitual de Oriente Medio, los líderes suníes descontentos con la Constitución han amenazado con recurrir a la violencia, así como a más manifestaciones. No obstante, esto no tendrá ninguna influencia en los radicales suníes, los baasistas ni los islamistas que cada día perpetran ataques mortales. La oposición de éstos es mucho más elemental: rechazan cualquier forma de democracia porque quieren restituir el mandato de la minoría suní; y para los islamistas los chiíes merecen morir de todos modos, puesto que son apóstatas del verdadero islam con sus falsos profetas y las peregrinaciones a sus tumbas.

Con todo, también hay un líder chií que se opone enérgicamente al federalismo: Moqtada Al Sadr, cuyos seguidores son en buena parte analfabetos, los chiíes más pobres y violentos de los suburbios de Bagdad y más allá, cuya milicia Mahdi luchó contra las tropas estadounidenses en el 2004, aunque éstas protegían a los chiíes de sus atacantes suníes. Como joven clérigo que debe toda su autoridad a su difunto padre, un ayatolá populista, Al Sadr tiene en su contra a los ayatolás vivos de Iraq, que desprecian su ignorancia y violencia. Puesto que Al Sadr no puede competir con ellos en autoridad religiosa, se enfrenta a sus detractores con una postura nacionalista árabe y no deja de recordarles que el gran ayatolá chií Sistani es en realidad persa y no árabe, y que los Hakim que encabezan el Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq (SCIRI) y su milicia Badr vivieron como exiliados subvencionados en Irán hasta que los estadounidenses los trajeron de vuelta,y muchos lucharon para Irán contra sus compatriotas iraquíes en la prolongada y cruenta guerra Irán-Iraq. Al Sadr se opone al federalismo porque con él se crearía un gobierno regional chií de al menos seis provincias -con los mayores yacimientos petrolíferos- que obedecería a sus enemigos Sistani y el SCIRI; también sostiene que caería bajo influencia iraní (nadie ha considerado todavía la posibilidad de que, por el contrario, la minoría árabe chií de Irán pudiera verse atraída por un gobierno árabe chií de Iraq). Para enfatizar su mensaje, Al Sadr ordenó la semana pasada que sus hombres atacaran a la milicia Badr. Obtuvo éxito en Bagdad, donde el Mahdi cuenta con numerosos miembros; pero fracasó en Najaf, donde Al Sadr y su milicia son francamente odiados desde la destrucción que provocaron el año pasado, hasta que sus hombres fueron aniquilados por los estadounidenses. (La situación no es del todo simple desde el punto de vista de Estados Unidos, ya que el violento y antiestadounidense Al Sadr es el único líder chií que se opone a la influencia iraní en Iraq.) Ya era bastante terrible habérselas con el Al Sadr bandido, pero en la próxima votación sobre la nueva Constitución será mucho peor, puesto que de repente se ha convertido en la figura política clave que podría decidir el resultado. Así funciona la aritmética política: para rechazar la Constitución y provocar unas nuevas elecciones mediante las que establecer una segunda asamblea constitucional, los opositores necesitan una mayoría de dos tercios de votos negativos en al menos tres provincias. Los suníes sólo tienen probabilidades de ganar en dos provincias, y únicamente obtendrían también la provincia de Bagdad si Al Sadr ordena a sus seguidores de los suburbios de la capital que voten que no junto con los suníes locales, con lo cual garantizarían el fracaso de la Constitución. Como el bandido político que es, Al Sadr está dispuesto a dejarse comprar, sin lugar a dudas. El año pasado lo buscaban por asesinato; ahora quiere ser reconocido como estadista. También quiere dinero, claro está, y, al menos implícitamente, la humillación de Sistani y el SCIRI. Podría recibir ofertas y tal vez las negociaciones hayan empezado ya, pero algunos de los chiíes a los que ataca con palabras y balas tienen en sus filas a miles de hombres y creen que lo único que deberían ofrecerle son balas.