La araña de Louise

La «Mamá» de Louise Bourgeois (francamente «Maman») es una araña, con las iniciales de la artista, de mármol, acero inoxidable y bronce. Pesa 22 toneladas mide 10 metros de diámetro y 10 de altura. Bajo su abdomen tiene una faltriquera con 26 huevos de mármol. Sus ocho patas se yerguen verticalmente antes de torcerse casi horizontalmente para alcanzar el resto del cuerpo del animal. ¿Batirá hoy todas las plusmarcas en Nueva York? ¿Por más de 35 millones de dólares? ¿Será la obra más cara vendida en una venta pública por una artista femenina? ¿Por delante de Frida Kahlo –La Tierra Misma–, Camille Claudel o Tamara de Lempicka? La precedente araña fue adjudicada por 28 millones de dólares en 2015. De la escultura que muchos llaman Spider se «fundieron» seis ejemplares. Bourgeois con razón se hizo llamar «artista plástica». Solo había podido dibujar con tinta y lápiz carbón una primera e irreconocible «Maman» en 1947. Las seis arañas están en Kansas City, San Petersburgo, Bilbao, Londres, Tokyo, Ottawa [con polémica: costó en 2005 3,2 millions de dólares, lo cual representaba la tercera parte del presupuesto del Museo de Bellas Artes de Canadá] Seúl y Doha. Las seis «Maman» ¿son ocho? Seguramente me equivoco en mis cálculos.

La araña de LouiseDesde 1980 veía a Bourgeois todos los años en su humilde casa de la calle 14. Siempre trató de saber con detalles (como José María Aznar en nuestro único encuentro) la vida de mi padre «verdadero pintor en la cárcel» . Si Borges me llamó «africano» ella se empeñaba en repetir «usted también es artista plástico». Las mujeres que me han formado, sin imaginarlo ellas mismas, como la madre Mercedes (teresiana de Ciudad Rodrigo), Luce Moreau o Louise Bourgeois, nunca hicieron nada como todo el mundo, pero me dieron pautas mudas extraordinariamente justas para poder comportarme. No había ninguna originalidad en que Louise Bourgeois, por ejemplo, tomara su «coca-cola» en una taza que le calentaba su amiga portorriqueña.

La madre de Bourgeois reparaba tapices en el taller de su marido. Era su mejor amiga: «limpia, inteligente, paciente, razonable e indispensable como una araña». La familia poseía un taller de tapicería en el n° 174 del boulevard Saint-Germain junto al café Flore (el Gijón parisiense) en el n° 172. «Mi escultura es una oda a ella: a la tejedora de la tela de los afectos y atrapada por ellos». Su madre se ocultó cuando la artista tenía 21 años. Días después intentó suicidarse lanzándose al río Bièvre.

La escultura se la pidió en sus juveniles 88 años Unilever Serie. Para su participación inaugural cargaba el título de «I do, I undo, I redo». Ignoro por qué nadie se aventura a traducir en ninguna lengua este bourgeoisiano «Yo hago, Yo deshago, Yo vuelvo a hacer». La primera vez que se expuso la obra fue, pues, en La Tate Gallery de Londres con «un préstamo de larga vida». Después de mucho pensárselo (y nueve años) el museo londinense (transformado en «Tate Modern») la compró. Al fin. Hoy forma ya parte de la colección permanente del Museo como la del Guggenheim de Bilbao. ¿Es la 2/6? ¡Qué suerte! y, sin embargo, solo se encuentra instalada en la parte posterior del edificio bajo el Puente de la Salve. Es más fácil ver a Puppy que mide tan solo 12,4 metros de altura y pesa únicamente 16 toneladas. Este «westhighland-white-terrier» escocés de Jeff Koons fue instalado en 1997 en la entrada del Museo (en el centro de la plaza Txema Aguirre) con su manto cambiante de decenas de miles de flores. Vi con Lis y el buen alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, desde una habitación del hotel Dómine, cómo tres obreros afeitaban al perro desde un ascensor improvisado.

Louise Joséphine Bourgeois, nació en París el 25 de diciembre de 1911 y se ocultó en Nueva York el 14 de mierdra del año 137 de l’Era ‘Patafísica (31-V-2010, aparente). Su nombre de pila Louise es un homenaje à la revolucionaria Louise Michel. En 1937 conoció al historiador de arte américano y profesor en NYU Robert Goldwater (1907-1973). Se casó con él y se instaló en Nueva York… ¿refunfuñando? Es posible que solo aceptara el destierro con tal de que se llevara a América al huérfano francés de tres años Michel Olivier nacido en 1936 y que por cierto se ocultó en 1990 (que en paz descanse). Louise Bourgeois y Robert Goldwater lo adoptaron inmediatamente después de su boda. La pareja tuvo en 1940 y 41 dos hijos en Nueva York: Jean-Louis nacido en Julio de 1940 y Alain en Noviembre de 1941. ¿Originaron la obra de Bourgeois, «Le père et les trois fils» que representa tres pequeñísimas sillas bajo el asiento de una enorme silla? Su primer hijo (profesor en Harvard) se llama Jean-Louis Bourgeois.

Al pene («el padre») Bourgeois lo llamó siempre «fillette» (chiquilla). Precisamente el pene de su obra de 1982 será inmortalizado por Robert Mappelthorpe. Realicé con ella varios libros de bibliofilia y poco antes de ocultarse le hice mi última visita. Esta vez como enviado oficial y «Promotor Insigne» del Colegio de «Patafísica». En 1999, por el conjunto de su obra recibió el León de oro de la Bienal de Venecia. El 21 de septiembre de 2008, en medio de una sorpresa memorable, el presidente de la República francesa Nicolas Sarkozy (en compañía de Jack Lang y las esposas) la condecoró con la Legión de honor en su casa En 2009, por haber marcado la historia de los Estados-Unidos, se le concede el National Women’s Hall of Famer. Y en 2009, poco antes de ocultarse, en Nueva York, el colegio de «Patafísica» la nombró «Commanderesse exquise» de la Orden de la Grande Gidouille.

Las relaciones de Bourgeois con mi hija fueron siempre difíciles y tensas a pesar de la buena voluntad que siempre puso en todo la artista. Lélia A. (21 años). –En el «Carpos’s Café» (en la esquina de Mac Dougal y Bleeckler) hoy, en 1991, solo gano 5 dólares por hora sirviendo hamburguesas y capuchinos.

Louise Bourgeois (80 años). –Le propongo una buena idea: ¿por qué no hace como yo?

Lélia A. –¿Como usted? (Gritando ) ¡Me niego a ser artista!

Louise Bourgeois –Un consejo para salir de apuros: ¿por qué no vende y compra pisos? Después de un silencio crispado Lélia A. (convencida). –Usted no conoce… ¡nada del amor!

Louise Bourgeois (ofendida). –Nada prueba que usted pueda permitirse decir tal inexactitud.

Pero durante más de una hora la joven enloquecida da explicaciones con mil detalles cada vez más sorprendentes. Que terminan, según ella, probando que «Manon Lescaut» y «La Sirena del Misisipi» son semejantes. Lo mas extraordinario de esta larguísima improvisación es que Louise Bourgeois, quien parece no haber leído aún «Manon Lescaut», escucha pacientemente la meticulosa arenga. Yo no cuento para ambas. Finalmente:

Louise Bourgeois. –Es simple: usted cesará de servir hamburguesas. En una universidad será nombrada profesora con un buen sueldo:

Lélia A (con desprecio). –¿Como mi madre que es profe en la Sorbonna? (Gritando) ¡Nunca ejerceré tal oficio!

Louise Bourgeois (aún más comprensiva). –Usted ha contado muy bien la novela, puede ser escritora. Los editores le harán un puente de oro.

Lélia A (con mayor desprecio aún) . –¿Como mi padre ? (Gritando) ¡Por nada del mundo haré ese oficio!

Obviamente a Louise Bourgeois, desterrada, nunca le preocupó lo que pudieran valer sus quehaceres. Y ya casi centenaria, tan despierta como siempre, solo siguió su propio ritmo.

Fernando Arrabal, dramaturgo.

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