La brecha salarial dispara la desigualdad

Los salarios tienen una incidencia determinante en la desigualdad extrema, ese mal que lastra el desarrollo sostenible e impide acabar con la pobreza. Cuando se habla de las condiciones laborales para una vida digna, el debate se centra en los salarios mínimos, indispensables para garantizar derechos. Sin embargo, el impacto de la remuneración variable de los ejecutivos, la escasez de empleo que se agudiza y un mínimo sentido de la ética, han puesto el foco también en los salarios máximos y por lo tanto en las brechas salariales dentro de las organizaciones. De todo esto trata un reciente informe de Oxfam Intermón.

En los países de la OCDE, los salarios más bajos han caído desde 1990 mientras aumentaban el 20% los de los directivos. En los países en desarrollo, la situación es más aguda. Por un lado, está la informalidad en el empleo que aun afecta a mayorías. Por otro, los salarios en las cadenas globales de producción, agrícolas, textiles o de componentes. Salarios medios entre 70 y 120 dólares al mes en países como Nepal o Pakistán impiden a la gente salir de la pobreza. Las más de 300.000 mujeres que trabajan en el sector textil de Myanmar, cobrando una media de 40 dólares al mes, no pueden afrontar ni la salud ni la educación. La acumulación se produce aguas arriba, bien en forma de beneficio, bien en salarios desorbitados de quienes controlan esas cadenas. En el lado positivo cabe mencionar a Brasil donde, entre 2001 y 2012, el 10% de los salarios más bajos creció por encima del 10% superior, lo que tuvo una incidencia determinante en la reducción de la desigualdad en ese país. La brecha salarial importa y mucho.

Todo ello sin olvidar que la brecha salarial de género es insultante en todo el mundo. Los cálculos de Oxfam indican que de seguir este ritmo solo se podrá alcanzar la igualdad salarial entre mujeres y hombres -algo tan evidente como pagar lo mismo por el mismo trabajo- en el año 2133.

España destaca por su elevada brecha salarial, de las más altas entre los países desarrollados. A partir del 2008, en plena crisis, los salarios del 30% que menos cobra cayeron un 18%. En el mismo período, de fuerte destrucción de empleo, subieron aquellos del tercio de remuneraciones más elevadas.

La caída de los salarios bajos supone que el número de trabajadores pobres haya crecido hasta casi el 14%, cifra solo superada en Europa por Rumanía, Grecia y Serbia. Se trata de personas que aun teniendo un salario, no pueden cubrir sus necesidades básicas. Una realidad que se ceba en los más jóvenes, un cuarto de los cuales se encuentra al límite de la exclusión.

Además del cierre urgente de la injusta brecha salarial de género, la sexta mayor de Europa, proponemos dos medidas para afrontar la desigualdad salarial.

La primera es subir el Salario Mínimo Interprofesional de los 764 actuales a 1.000 euros. El SMI español es el segundo más bajo de la UE. Cobrar el salario mínimo, especialmente en las grandes ciudades, es sinónimo de vulnerabilidad. Un 18% de las mujeres trabajadoras, frente a un 8% de los hombres, se encuentra así.

La segunda medida que proponemos es fijar una brecha salarial máxima. Actualmente, el salario máximo es 100 veces mayor que el medio -que no el mínimo- en las empresas del Ibex, alcanzando hasta 400 veces más en algunas de ellas.

Somos conscientes de que esta es una propuesta disruptiva. A fin de cuentas se trata en su mayoría de empresas privadas que fijan las remuneraciones según su criterio, captando talento para mejorar su productividad y premiar la responsabilidad. Bien. Aunque cabe preguntarse cuánto. Cuál es el valor real y máximo que una persona puede aportar a una organización. ¿Millones de euros?, ¿cientos de veces más que la mayor parte de los empleados? Y todo ello en tiempos y organizaciones que han destruido empleo, mientras mantenían o subían los salarios más altos. La ética también tiene un lugar en esta discusión económica.

La brecha que sugerimos es de 1 a 10 entre salario máximo y salario medio. Suficiente para premiar la aportación, sin caer en excesos demenciales que afianzan la desigualdad extrema en la sociedad.

Un buen número de empresas y organizaciones avanzan en esa dirección, con reducciones salariales para frenar la destrucción de empleo y brechas que incluso llegan a ser de 1 a 3 entre salario mínimo y máximo, que permiten gestionar organizaciones complejas de forma razonable, preservando al máximo el empleo. Uno de los bienes más escasos de nuestro futuro inmediato.

José María Vera, Director de Oxfam Intermón.

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