La burbuja de la supremacía de Estados Unidos

Por George Soros, presidente del Soros Fund Management y del Open Society Institute. © Project Syndicate, 2003 (EL PAÍS, 17/03/03):

Mientras las tropas estadounidenses e inglesas se preparan para invadir Irak, la opinión pública de esos países no apoya una guerra sin la autorización de la ONU. El resto del mundo está abrumadoramente en contra de la guerra. Sin embargo, a Sadam Husein se le considera un tirano al que hay que desarmar, y el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad la resolución 1.441, que exigía que Sadam se deshiciera de sus armas de destrucción masiva. ¿Qué fue lo que provocó esta desconexión? Irak es el primer caso en el que se está aplicando la doctrina de Bush y está provocando una reacción alérgica. La doctrina de Bush se basa en dos pilares: en primer lugar, EE UU hará todo lo que esté en su poder para conservar su incuestionable supremacía militar y, en segundo lugar, EE UU se atribuye el derecho de la acción preventiva. Estos pilares soportan dos clases de soberanía: la soberanía estadounidense, que tiene precedencia sobre los tratados y las obligaciones internacionales, y la soberanía de todos los demás Estados. Esto recuerda a la Rebelión en la granja, de George Orwell: todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros. Pero naturalmente, la doctrina de Bush no está formulada de una forma explícita, sino enterrada en un lenguaje orwelliano que encierra un doble sentido. El doble sentido es necesario porque la doctrina contradice los valores estadounidenses.

La Administración de Bush cree que las relaciones internacionales son relaciones de poder. La legalidad y la legitimidad son simplemente decorativas. Esta creencia no es falsa, pero exagera un aspecto de la realidad excluyendo los demás. El aspecto que resalta es el poderío militar. Pero ningún imperio pudo nunca mantenerse unido por el poderío militar exclusivamente. Sin embargo, ésa es la creencia que guía a la Administración de Bush. El primer ministro Sharon, de Israel, la comparte y miren adónde le ha llevado. La idea de que la fuerza equivale al derecho no se puede conciliar con la de una sociedad abierta. De ahí la necesidad del doble sentido orwelliano. Pero nadie posee la verdad definitiva. Quienes así lo afirman están abocados a equivocarse en ocasiones, de modo que sólo pueden imponer sus opiniones por medio de la coacción y la represión. Bush no tiene en cuenta la posibilidad de que pueda estar equivocado y no tolera ningún desacuerdo. Si no estáis con nosotros, estáis con los terroristas, afirma.

Por supuesto, la presencia de opiniones extremistas en la rama ejecutiva no convierte a Estados Unidos en un Estado totalitario. Los principios de la sociedad abierta están plasmados en la Declaración de Independencia y las instituciones de la democracia estadounidense están protegidas por la Constitución. Hay controles y equilibrios y el presidente tiene que obtener el apoyo del pueblo. Sin embargo, la doctrina de Bush podría provocar daños indecibles antes de que sea abandonada (y acabará siéndolo). Encuentros paralelos entre la búsqueda de la supremacía estadounidense de la Administración de Bush y un proceso de alza/baja, o burbuja, en el mercado de renta variable. Las burbujas no surgen de la nada. Tienen una base sólida en la realidad, pero un concepto falso distorsiona la realidad. En este caso, la posición dominante de EE UU es la realidad y la búsqueda de la supremacía estadounidense, el concepto falso.

Durante un tiempo, la realidad refuerza el concepto falso, pero al final el abismo entre la realidad y la idea falsa se vuelve insalvable. Durante la fase de consolidación, el concepto falso puede ser puesto a prueba, y cuando pasa la prueba con éxito se ve ratificado. Eso agranda el abismo y acaba provocando un cambio radical. Cuanto más tarde llega éste, más devastadoras son las consecuencias. Parece haber algo de inexorable en esto, pero un proceso de alza/baja puede ser interrumpido en cualquier etapa. La mayoría de los periodos alcistas se interrumpen mucho antes de alcanzar los extremos del último mercado al alza. Cuanto antes suceda, mejor. Así es como veo la búsqueda de la supremacía estadounidense por parte de la Administración de Bush.

El Gobierno de Bush llegó al poder con una ideología basada en el fundamentalismo de mercado y la supremacía militar. Antes del 11-S no pudo hacer muchos progresos a la hora de llevar a la práctica esa ideología porque carecía de un mandato claro y de un enemigo definido. El terrorismo le proporcionó el enemigo ideal porque es invisible y nunca desaparece. Al declarar la guerra contra el terrorismo, el presidente Bush obtuvo el mandato nacional que le hacía falta. Pero sus políticas ya han causado una serie de consecuencias no premeditadas. La UE y la OTAN están divididas. EE UU es percibido como un gigantesco matón que presume de su fuerza. Afganistán ha sido liberado, pero la ley y el orden no se han establecido más allá de Kabul. De hecho, el presidente Karzai debe ser protegido por guardaespaldas estadounidenses. Y el conflicto palestino-israelí está cada vez más enconado.

Más allá de Irak acecha una amenaza aún más peligrosa en Corea del Norte, una crisis que el presidente Bush precipitó en su afán de romper con lo que considera el apaciguamiento de Clinton. Bush repudió la política de acercamiento que introdujo el presidente Kim Dae Jung, de Corea del Sur, e incluyó a Corea del Norte en el eje del mal.

Una victoria rápida en Irak con pocas pérdidas humanas podría generar un cambio dramático en el conjunto de la situación. Los precios del petróleo podrían caer, los mercados de renta libre podrían echar las campanas al vuelo, los consumidores podrían comenzar a gastar de nuevo y las empresas podrían acelerar el gasto de capital. EE UU pondría fin a su dependencia del petróleo saudí, el conflicto palestino-israelí podría hacerse más manejable y se podrían iniciar negociaciones con Corea del Norte sin pérdida de prestigio. Bush cuenta con eso. Pero la victoria rápida en Irak es la parte fácil. Lo que viene después es lo que hace vacilar. En un proceso de alza/baja, el pasar una prueba en los primeros momentos tiende a reforzar el concepto falso que lo desencadenó. Eso es lo que hay que temer aquí.

No es demasiado tarde para evitar que el proceso de alza/baja se salga de control. La ONU podría acceder a la petición de varios meses que ha hecho el jefe de los inspectores, Blix, para concluir las inspecciones. Podría reducirse la presencia militar de EE UU en la región, pero podría incrementarse de nuevo si Irak se echa atrás. La invasión podría llevarse a cabo a finales del verano. Eso constituiría una victoria para la ONU y para EE UU, cuyo hostigamiento hizo que el Consejo de Seguridad actuara con firmeza. Eso es lo que proponen los franceses, pero no es lo que va a suceder. El presidente Bush ya ha declarado prácticamente la guerra. Es de esperar que la conquista de Irak sea rápida y relativamente indolora. Expulsar a Sadam es algo bueno, pero es necesario oponerse a la forma en que lo está haciendo el presidente Bush. A la larga, la sociedad abierta no puede sobrevivir a menos que la gente que vive en ella crea en ella.

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