La cara B de los comicios británicos

A pesar de las predicciones expresadas en la prensa sobre el posible caos político en el Reino Unido después de las elecciones generales, la verdad es que la política británica es inherentemente estable y tarde o temprano revierte a su tradicional tranquilidad. Los británicos como pueblo han sobrevivido a invasiones militares, ejecuciones de sus reyes, la abolición de la monarquía y el establecimiento de una república, el ascenso y la caída del imperio, dos guerras mundiales, el ataque sostenido del terrorismo y la amenaza de desintegración política. Han sobrevivido no a causa de alguna gran virtud moral que poseen, sino porque el sistema bajo el que viven tiene características que no se encuentran en otros países, y ciertamente no en España.

El Reino Unido es muy diferente de España, pero la mayoría de los españoles no son conscientes de ello. El Reino Unido tiene un sistema monárquico muy diferente; tiene un sistema distinto de elecciones; también tiene una visión diferente de lo que es el Estado. En España, el Estado es un monolito que los políticos manipulan a favor de sus partidos, sus clientes y sus propios bolsillos. En España, el Estado tiene decenas de miles de funcionarios que tienen derecho a un sueldo permanente del Gobierno y que nunca pueden perder. Esta inmensa burocracia es terreno propicio para la corrupción. No puede suceder en Gran Bretaña, porque la política del Reino Unido está separada de la administración. En el Reino Unido no existe un Estado o cuerpo de funcionarios controlados por los políticos. De hecho, en Gran Bretaña la presencia del Estado ha sido, hasta ahora, mínima. Por esa razón, los británicos no tienen un DNI, con la evidente sorpresa de la gente de España que tienen que presentar su DNI en muchas de sus actividades. En el Reino Unido no es necesario un DNI para abrir una cuenta bancaria; en España no se puede abrir una cuenta sin uno.

La separación de la política de la administración en el Reino Unido, garantiza que el Gobierno pueda continuar, incluso si el resultado de las elecciones crea caos en el Parlamento. El Parlamento no es totalmente esencial para el Estado. El casi invisible Estado británico es un fenómeno muy extraño. Permítanme ilustrarlo de esta manera. Cuando yo era estudiante en Oxford, un día me topé con un turista que me preguntó por el camino a «la universidad de Oxford». Le expliqué que no había tal lugar, porque todo lo que veía era en realidad la universidad. Estaba allí, porque no estaba allí. Lo mismo sucede con el sistema político británico. Si usted intenta averiguar acerca de la constitución británica, encontrará que es difícil de identificarla. No está allí. No está escrita en ningún pedazo de papel, y no tiene texto. Nadie sabe cuándo comenzó a existir, y nadie sabe cuáles son sus principios fundamentales.

Como resultado, no hay reglas fijas. Las llamadas elecciones democráticas no tienen reglas democráticas. El éxito de los conservadores esta semana parece confirmar que existe una cierta estabilidad en el sistema político británico. Pero eso es sólo parte de la historia, porque como veremos también hay otros aspectos. Los británicos están contentos con el sistema, y existen buenas razones (que no vamos a discutir aquí) que se pueden ofrecer en su defensa.

Incluso si las elecciones hubieran terminado en caos, los británicos, en general, estarían contentos, porque nunca han aceptado la intrusión del Gobierno en sus vidas, y un Parlamento caótico no les habría molestado excesivamente. Como saben los que han visto el programa de televisión Sí, ministro, el Gobierno británico puede funcionar perfectamente sin sus políticos y sin Parlamento. Es cierto que la administración tiene que ser financiada con el dinero suministrado por el Parlamento, pero aún eso no es imprescindible. La administración y sus funcionarios forman parte de la Administración Pública, que es independiente del sistema político, y pueden continuar funcionando incluso si el Parlamento no está activo.

Un malentendido crucial acerca de las elecciones de esta semana, es la suposición de que los resultados realmente representan lo que parecen representar. Nada podría estar más lejos de la verdad. La victoria masiva del SNP en Escocia, por ejemplo, ha llevado a muchos españoles -sobre todo en Cataluña- a suponer que el nacionalismo ha triunfado. Lejos de ello. Los escoceses que votaron por el SNP estaban votando en contra del sistema de gobierno de Londres, y de ninguna manera estaban a favor de la separación. De hecho, durante la campaña electoral el SNP cuidaba mucho de no identificarse con el separatismo. Insistían en que querían mejoras en el Gobierno, a través de un papel nuevo y poderoso en Westminster. Una alta proporción de los que votaron por el SNP se opone firmemente a la separación.

Al hablar del SNP, también deberíamos tener cuidado con las interpretaciones que la prensa ofrece, tanto británica como internacional. La victoria del SNP no fue un paso adelante hacia el nacionalismo. Al aniquilar el Partido Laborista en Escocia, el SNP simplemente ha asegurado que los conservadores tengan la mayoría absoluta en Westminster. Eso, sin duda, no era lo que pretendían los líderes del SNP, pero fue el resultado que se produjo. Hicieron posible una victoria conservadora. Gracias a esto, el SNP tendrá un papel mucho menor en Westminster de lo que había esperado.

Los votantes en el Reino Unido han optado por la oportunidad de cuestionar la validez de la política tradicional, que siempre operaba a través del sistema de dos partidos. Pero eso ha tenido muchas consecuencias extrañas. En las elecciones de esta semana, casi cuatro millones de electores votaron por el UKIP, que ganó exactamente un escaño en el Parlamento. La mitad de ese cifra, o cerca de dos millones de personas, votaron por el SNP: ese partido ganó 56 escaños en el Parlamento. Incluso un cínico tiene que admitir que hay algo mal en un sistema llamado democrático que puede permitir tales desigualdades. Si el Reino Unido hubiera tenido el mismo sistema electoral que los españoles, el UKIP, que ha ganado el mayor porcentaje de la votación nacional después de los Conservadores y Laboristas, ahora sería una gran presencia en Westminster, con tal vez más de 100 escaños. En lugar de ello, tiene un solo escaño, y su líder no ha podido ser elegido para el Parlamento. Lo mismo podría pasar en España con Podemos, si España tuviera el sistema electoral británico. Otra consecuencia extraña es la destrucción casi total del Partido Laborista en Escocia, donde ha sido el partido dominante durante un siglo. La mayoría de los votantes laboristas en Escocia han preferido votar nacionalista, a pesar de no ser separatistas.

Al final, el resultado práctico es que los conservadores gobernarán por otros cinco años, con una mayoría segura. Esta vez no necesitarán el Partido Liberal Demócrata, que solía tener 55 escaños y ha sido ahora también aniquilado, reteniendo sólo 8 escaños. En cambio, los conservadores pueden confiar en el firme apoyo del Partido Unionista de Irlanda, que les ha respaldado tradicionalmente. El Gobierno seguirá como antes, pero las cosas realmente no serán las mismas, porque hay decisiones importantes por delante, entre ellas el cumplimiento de las promesas generosas hechas durante la campaña electoral. Cameron también tiene que dirigir un referéndum sobre Europa, y tiene que ver lo que puede hacer para mantener felices a los escoceses. Los augurios son buenos. La economía está comenzando a mejorar, y todo indica que David Cameron puede esperar cinco años más de poder ininterrumpido.

Henry Kamen es historiador británico. Su última obra, publicada por La Esfera de los Libros en 2014, es España y Cataluña. Historia de una pasión.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *