La casa común

Por Andoni Unzalu Garaigordobil (EL CORREO DIGITAL, 15/12/07):

¿Cuáles son las razones que impulsan a una persona a preferir un Estado a otro? Estamos acostumbrados a responder a esta pregunta desde la perspectiva estrictamente identitaria. La respuesta correcta sería: prefiero pertenecer al Estado que mejor reconoce mi identidad nacional. Todos los procesos de recuperación de soberanía nacional de los países ex comunistas de Europa Central seguramente nos apuntan otras razones. Por ejemplo, la inmensa mayoría de la población rusófona de los países bálticos apoyó sin reservas la independencia (bien es cierto que cuando comenzó la construcción nacional y les convirtieron en apátridas cambiaron de idea). El deseo de libertad y el de participar en Europa fueron elementos que conjuntamente impulsaron en Centroeuropa los procesos de recuperación de soberanía nacional.

¿Cómo explicar la derrota consecutiva de los referendos de Quebec? Cerca del 80% de la población es francófona y defiende los valores de la francofonía y la diferencia identitaria frente a la federación, pero los independistas no llegan al 50% y en las últimas elecciones han cosechado un sonado fracaso.

Yo voy a defender la tesis de que cuando un ciudadano opta por escoger un Estado (o el grado de lealtad hacia él) analiza y valora diversos elementos en los que la identidad es una más y, muchas veces no la más determinante, aunque la lealtad a la identidad suele ser, por lo general, difícil de modificar a nivel personal, incluso cuando se vive en un Estado diferente.

Ámbito de libertad y derecho

El Estado visto como ámbito de libertad y derecho es sin duda la faceta de mayor importancia. Si los ciudadanos están obligados a habitar un Estado sin libertad, procurarán democratizar ese Estado o, si lo ven más factible, desgajar una parte de él para construir un nuevo Estado democrático. Entre nosotros, esta función de garante de libertad y derecho nos parece algo obvio -tal vez demasiado obvio-, y nadie se plantea que pueda dejar de cumplir esta función o que corra un riesgo serio.

Ventana de oportunidad

Me parece este apartado interesante, sobre todo en la actualidad, con movimientos migratorios casi masivos. Esta visión se concreta en las oportunidades previsibles que un ámbito concreto me ofrece para mi desarrollo y progreso personal. Se plasma en la disyuntiva siguiente: yo, si pudiera vivir en ese otro Estado, ¿viviría mejor o peor? ¿Tendría más opciones de progresar que en el mío o no? La respuesta afirmativa a esta pregunta son los grandes movimientos migratorios. La pertenencia al Reino de Castilla ha sido siempre interpretada como una ventana de oportunidad por los vascos de todo tiempo, desde el proceso de la llamada Reconquista, pero sobre todo con el desarrollo de los negocios de las colonias americanas. Lo mismo que a partir del XIX como oportunidad de desarrollo industrial con el Estado proteccionista.

Esta ventana de oportunidad al amparo del Estado español ha sido hábilmente aprovechada por los vascos de todo tiempo e incluso hoy no creo que nadie -bueno, alguno sí, pero son muy pocos- esté dispuesto a renunciar. La pertenencia al Estado español ha sido siempre ventajosa para los vascos y nunca han planteado renunciar a ella, ni siquiera ahora.

Ámbito de seguridad

El vivir la pertenencia a un Estado dado como ámbito de seguridad es probablemente un factor muy importante para la ciudadanía. En el caso de los vascos, con una gran tradición guerracivilista, mayor que la española, por cierto, la garantía del Gobierno central ha sido siempre importante. Y en lo que se refiere al tema del terrorismo de ETA, ha sido un elemento importantísimo y determinante. Un elemento importante que es necesario, además, reivindicar. Si hoy preguntáramos si queremos la competencia exclusiva, marginando a los poderes del Gobierno central, en la lucha contra el terrorismo no tengo la menor duda de que la respuesta, no ya mayoritaria, sino abrumadora, sería la del ‘no’ entre los ciudadanos vascos. La labor de los diferentes gobiernos centrales para garantizar la seguridad frente al terrorismo ha sido fundamental en los últimos treinta años. El enorme esfuerzo del Gobierno central con personas y recursos económicos ha impedido que se impusiera el fanatismo en nuestro país. Es hora ya seguramente de reivindicarlo. Es hora ya de decir claramente y sin complejos que la derrota de ETA se la debemos al Gobierno central. Imagínense por un momento los años 80 y 90 sin la presencia del Gobierno central, con la competencia exclusiva del terrorismo en manos del Gobierno vasco. Imagínenselo un momento.

Ámbito de solidaridad

Es ésta una función poco reivindicada pero fundamental para la vigencia del Estado: la convicción de que los diferentes componentes serán solidarios entre sí, de forma que garanticen un futuro más o menos seguro para todos, sean cuales sean los avatares que le toque vivir a cada parte.

Sin esa convicción de que cada parte será razonablemente solidaria con las demás es imposible garantizar la unidad del Estado común.

Estructura legal

El Estado como estructura legal de la nación en su función de comunidad de identidad es una función más, pero no la única. Otra cosa es que los que la priorizan lo plantean como requisito único para la viabilidad de las otras funciones, cosa que no es posible defender, y mucho menos en la actualidad, cuando conseguir una única identidad nacional es imposible en las sociedades modernas. Si analizamos cada una de las funciones con los parámetros de dividir, mantener o ampliar el ámbito territorial del Estado nos daría el siguiente resultado:

-Las funciones de ventana de oportunidad, seguridad y solidaridad, por su propia naturaleza, nos pedirán siempre mantener o ampliar el ámbito territorial del Estado.

-Las funciones de libertad y derecho son en sí mismas neutras en este sentido.

-La función del Estado como comunidad de identidad plantea simultáneamente mantener y dividir el ámbito territorial creando tensiones que tienen difícil solución. Por un lado, mantener, porque en todos los ámbitos territoriales hay ciudadanos en una cuantía importante que definen su comunidad de identidad con el ámbito territorial del Estado. Y dividir, porque hay en algunos territorios partes importantes de ciudadanos que buscan una comunidad de identidad territorialmente más restringida.

Lo que planteo es que un ciudadano interioriza de forma simultánea todas estas funciones a la hora de calibrar su deseo de pertenecer a un Estado. Por ello es perfectamente normal, y nada paradójico, que un 80% de ciudadanos de Quebec se identifiquen con la cultura francófona, que la quieran defender, pero que no llegan al 50% los que quieran abandonar el Estado común. O que los rusófonos de los países bálticos apoyaran la independencia porque primaron el deseo de libertad y oportunidades dentro de la Unión Europea. Y me parece que en sociedades democráticas desarrolladas difícilmente se puede decidir abandonar el Estado, salvo en momento de gran manipulación y crisis en el que el Estado común no puede garantizar las funciones descritas. Más normal será su deseo de pertenecer a ámbitos más grandes que fraccionar el que habita.

El ciudadano moderno tiene una percepción del Estado como ‘casa común’ donde se le garantizan su libertad y oportunidades personales. Donde habitan gentes diversas y diferentes y que por ello mismo la identidad siempre tiene que ser utilizada en plural. En la casa común habitan identidades diferentes. Conseguir que las personas que reivindican diferentes identidades puedan vivirlas de forma razonable es posiblemente la mayor transformación del viejo Estado nacional.