La clase media abandona al PSOE

No sólo la izquierda está sufriendo las consecuencias de la crisis. Merkel, Berlusconi o Sarkozy también han perdido sus elecciones locales allí donde estaban en el poder. Lo que está teniendo lugar es una reacción antigubernamentalista de los perjudicados por la crisis, que hace pagar a la clase política, sea cual sea su ideología, el no poder volcar en las élites, a salvo de cualquier demanda de responsabilidad, su frustración. Y si la crisis penaliza con mayor saña a la izquierda es, primero, porque esta es quien más debería defender a los desfavorecidos. Digamos que estos hacen a los cuadros políticos de izquierda solidarios con ellos a la fuerza, haciéndoles perder sus puestos de trabajo. Y segundo, porque la oferta electoral específica de Zapatero se ha vuelto obsoleta con la crisis, más que la ideología general de izquierda, lo que está provocando en el PSOE un debate sobre cuál debe ser la dirección de su necesario reposicionamiento electoral, si a derecha o izquierda.

Para responder a este dilema se debe partir del hecho fundamental de la sociología electoral española de los últimos años: el abandono paulatino del PSOE por la clase media, culminado en las elecciones locales y autonómicas, en las que las primeras estimaciones indican que el PSOE ha trasvasado dos veces más votos al PP que a su izquierda.

La clase media no es una realidad objetiva, como sí lo son la siempre reducida clase alta y la menguante clase obrera. Hay más personas que se declaran subjetivamente de clase media que aquellas que lo son objetivamente, según su renta. La esencia de este segmento social es la movilidad vertical, el querer ser segmento superior: de clase media baja a clase media media, y de esta a clase media alta y, si es posible, el gran salto a clase alta. A diferencia de la clase obrera, o alta, con referencias sociales fijas y, por tanto, opciones políticas estables, la clase media ha de calcular muy cuidadosamente, en cada elección, quién le puede ayudar en su movilidad social. Por eso es el grupo social menos electoralmente leal. Apoyó a González en su proyecto europeísta, pero lo empezó a abandonar con el aumento de la presión fiscal. Dividida en la primera victoria de Aznar, le proporcionó al PP la absoluta cuatro años más tarde. Cuando Aznar, en expresión tan tremenda como acertada de Duran Lleida, se volvió “políticamente loco” en la segunda mitad de su segunda presidencia, la clase media empezó a desertar de un PP radicalizado, apoyando a Zapatero en el 14-M, a quien todavía sostuvo, pero ya por poco, en las generales del 2008, cuando el PSOE ya había iniciado su hemorragia de votos moderados. En España quien ha tenido el apoyo de la clase media ha ganado las elecciones. Siempre. Porque los electores decisivos que rompen nuestro bipartidismo imperfecto – el alrededor de 7% de moderados que no votan sistemáticamente a un partido-son en su mayoría de la clase media.

¿Qué valores políticos tiene la clase media? Hay dos dimensiones ideológicas básicas. Una es la derecha-izquierda clásica, liberalismo económico frente a economía social de mercado. Zapatero, en una decisión táctica que ahora se ve como errónea pero que proporcionó dos victorias, decidió no confrontar al PP en este vector. En lo esencial, el capitalismo ya estaba bien como estaba para el PSOE. La crisis económica volvió obsoleto este no posicionamiento.

La segunda dimensión es la que enfrenta estilos de vida tradicionales contra creativos, lo duro contra lo blando, religión contra autodeterminación vital individual, Occidente contra interculturalidad – la llamada dimensión posmaterialista-.Confrontar al PP en este vector ha sido la gran apuesta de Zapatero. La clase media, asustada por el neoconservadurismo malhumorado de Aznar, que duró en el PP incluso después de dejar de ser presidente, hasta el congreso de Valencia, se refugió hasta el 2008 en el PSOE, pero el perfil discreto de Rajoy también ha vuelto obsoleto este posicionamiento del PSOE.

La reubicación ideológica del PSOE que le permitiría volver a atraer, con tiempo, a la clase media es clara. Primero, reabrir la confrontación con el PP en la dimensión clásica, izquierda-derecha, reivindicando la socialdemocracia y la seguridad material de la ciudadanía. El límite que la clase media pondría a esta reivindicación es la presión fiscal. Pero esto exige competentísimos equipos de gobierno que sean capaces de hacer, como se dice ahora, más con menos. No es esa la reputación hoy del PSOE. Segundo, hacer mucho más sutil la ofensiva posmaterialista: no hablar de multiculturalidad, enfatizar los argumentos económicos sobre inmigración, mantener  presión sobre cuestiones de sexo pero sin aparecer prisionero de grupos radicales, etcétera. En este vector lo que la clase media exige al PSOE es autoridad, endurecerse. Se acabó lo blando. No es esa tampoco hoy la reputación del PSOE.

El debate del PSOE no debería versar tanto sobre si su giro ha de ser a derecha o izquierda, dilema cuya solución es obvia, sino en cómo ganar credibilidad en su capacidad de gobierno, en competencia y autoridad. Y este no es un tema ideológico, sino organizativo (orgánico, lo llamarían en el PSOE), y por tanto mucho más difícil. El gran reto de Rubalcaba, y de Chacón cuando en su día le toque, que le tocará, es qué talento atrae el partido.

José Luis Álvarez, profesor de Esade.

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