La compra de «Financial Times»

Los negocios se venden cuando van bien y cuando van mal; por miedo, por aburrimiento y por incapacidad para gestionarlos; a veces, porque el precio de venta supone una irresistible tentación. La familia Graham vendió hace dos años el «Washington Post» al fundador de Amazon, Jeff Bezos, por unas perrillas (ni 200 millones de euros) porque no acertaban a gestionar el negocio del diario. Y el «Post» anda ahora buscando su identidad en la nueva era digital de la información y el periodismo. El otro gigante norteamericano, «New York Times», persigue el éxito y el futuro por sus propios medios, con algún apoyo financiero adicional con acento mexicano, pero sin renunciar a su carácter e historia; sin aceptar fracaso o incapacidad ante la nueva era. «Dow Jones» (Wall Street Journal) sufrió cambio de propiedad hace ocho años, cuando la dispersa familia Bancroft ve ndi ós ul e ga do por 5.000 millones de euros al inquietante universo de Murdoch, sin daños aparentes, hasta ahora. Las ventas del «Post» y del «Journal» respondían a la incapacidad de los editores tradicionales (grupos familiares en tercera generación) atragantados por la emergencia de internet y las redes sociales. Nadie, con credenciales, ofreció más por el «Post»; y nadie se decidió a enfrentarse a Murdoch por el «Journal». Los relevos de propiedad no han modificado sustancialmente el carácter de ambos medios, pero es obvio que hay nuevos objetivos y procedimientos y que el futuro está abierto. Otros medios cambiaron de propiedad, algunos a manos de ricos sin vocación, atraídos por el misterio de la información, que fracasaron por ausencia de proyecto viable.

El «Financial Times», otro de los gigantes de la información global, cuyo grupo propietario (Pearson) pudo apostar por la compra del «Post» o del «Journal», ha entrado, sorprendentemente, en la ronda de cambios de propiedad. No por malos resultados o gestión defectuosa. «Financial Times» ganó casi 40 millones de euros el último año, con casi 500 de facturación, no ha conocido pérdidas a lo largo de toda la crisis, y las gente de Pearson se declaraban orgullosos editores del diario durante más de sesenta años. Pero deciden vender porque «entiende que estamos en un punto de inflexión de los medios informativos, afectados por el explosivo crecimiento de los formatos de información en móviles y redes sociales». Una oferta sustanciosa, ¡cuarenta veces beneficio!, les lleva a preferir dinero en mano a sostener el orgullo de editor de uno de los diarios más prestigiosos e influyentes del mundo.

Pearson concentra el foco de su negocio en educación y edición, como uno de los primeros grupos del mundo, pero con renuncia a los medios informativos, que formaban parte de su carácter durante seis décadas. Vende a un grupo del sector, líder en Japón, con éxito y experiencia, pero que viene del otro mundo, de otra cultura con distintos procedimientos. Los compradores dicen que «comparten los valores periodísticos del “Financial Times”», pero en la sala de redacción de Londres sienten escalofríos e incertidumbres. El comprador advierte que no piensa empezar con ajustes y despidos, pero todo está por ver.

Estamos ante un acontecimiento que produce perplejidad: ¿una noticia esperanzadora, primavera para el periodismo, o todo lo contrario, invierno para el modo de ejercer la profesión? El tiempo nos dará la respuesta. Un dato llamativo es el precio: ¡enorme!, casi cuarenta veces beneficio anual, cuando el multiplicador habitual va de diez a quince. ¿Qué han visto los japoneses de Nikkei en «Financial Times» para pagar tanto?; ¿sobreprecio para colocarse en la plaza de Londres y en los mercados del dólar y el euro?; ¿amenaza ese precio el carácter del «Financial Times», siempre altivo, a veces arrogante, pero también imprevisible e indomable, que es la puerta de la independencia? ¿Ningún europeo o atlántico ha tenido la ambición suficiente para relevar a Pearson? Parece que los alemanes de Axel Springer y los americanos de Bloomberg estuvieron en tratos con Pearson, pero no se han atrevido a tanto como los japoneses.

No se puede objetar la operación por razones nacionales cuando se defiende lo global y la libertad de inversión, pero cuesta imaginar qué objetivos marcará un consejo de «Financial Times» dominado por japoneses muy japoneses. El precio es esperanzador para el futuro del periodismo y de los medios tradicionales (aunque renovados). Significa que los medios de calidad valen, que la marca vale, que una sala de redacción competente con 500 periodistas irreemplazables en unos meses vale. La prensa de calidad, y desde luego que el «Financial Times» pertenece a esa familia, tiene alto precio, merece la pena.

Por el lado del vendedor sorprende que renuncie a un negocio tan relevante como editor de uno de los medios más influyentes del mundo. Ha podido la fatal atracción por el efectivo, que lleva a renunciar a una actividad que conocen bien y en la que llevan seis décadas. La anterior presidenta ejecutiva de Pearson, Marjorie Scandino, CEO de Pearson entre 1997 y 2012, reiteró que nunca vendería «Financial Times». Su sucesor lo ha hecho, con el argumento de que se trata de un negocio especializado, azaroso e incierto que se desarrolla en tabletas, teléfonos listos y redes sociales. Pearson anota como valores propios la condición de «valientes, imaginativos y decentes», que su objetivo es mejorar el mundo por la educación. ¿No se ajusta a esos principios un medio como «Financial Times»? Precisamente uno de los diarios que protagonizan con éxito el tránsito de lo analógico a lo digital, con todos los soportes activos, incluido el papel, padece la renuncia del editor tradicional en favor de otro que viene del otro lado del hemisferio. Queda al menos el hecho de que el periodismo de calidad tiene valor, que obtiene un precio tentador.

Fernando González Urbaneja, periodista.

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