La conexión pakistaní

Walter Laqueur, director del Instituto de Estudios Estratégicos de Washington. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 20/07/05).

De manera repentina e inopinada, he aquí a Pakistán situado en el centro del debate sobre el terrorismo. Tres de los cuatro jóvenes que llevaron a cabo los atentados a principios de este mes en Londres habían nacido en Inglaterra y procedían de familias pakistaníes; el cuarto era amigo suyo. Como mínimo uno de ellos, Sheh-zad Tanweer, había visitado una madraza, o escuela religiosa islámica, en Pakistán en el transcurso del último año, al igual que otros terroristas europeos como Richard Reed (el terrorista del zapato), Sayid Badat y Ahmed Omar Sheij, que asesinó (y así lo grabó el vídeo) al periodista norteamericano Daniel Pearl.

Tanto la existencia de estas escuelas religiosas como su función han sido bien conocidas durante mucho tiempo. Obedecen principalmente a la iniciativa de las dos principales organizaciones terroristas pakistaníes, Jesh El Mohamed (el ejército de Mahoma) y Lashkar i Tai-ba, ambas prohibidas en la actualidad aunque perviven bajo distintas denominaciones. Cuando se creó Pakistán (1947-1948) sólo funcionaba un puñado de estos centros. Hoy día su cifra se calcula en un abanico que va de 3.000 a 13.000 escuelas, donde se estima que se imparten enseñanzas a un total de uno a dos millones de estudiantes. Las madrazas enseñan el Corán de memoria a sus alumnos; en sus ratos de recreo los alumnos pueden jugar al fútbol, pero también se les instruye en el uso del kalashnikov y otras armas. Dada la baja calidad del sistema educativo pakistaní, lo cierto es que muchos padres juzgan que en cualquier caso mejor será que asistan a la madraza en lugar de quedarse sin ninguna formación.

Por esta y otras razones, los escasamente entusiastas intentos del Gobierno pakistaní de clausurar las madrazas o, al menos, controlarlas de alguna forma no se han visto coronados por el éxito. Fuentes del Gobierno pakistaní niegan que estas escuelas se hallen involucradas en instrucción de terroristas, y en efecto es muy posible que (como sostienen algunos) tan sólo se hallen comprometidas en tales actividades en una proporción inferior al 5%. No obstante, tal factor significaría que tales centros se contarían por centenares; el Gobierno indio, por su parte, afirma que es poseedor de fotografías aéreas de numerosas escuelas coránicas. Además, muchos jóvenes estudiantes musulmanes de países extranjeros -procedentes tanto de Asia central como del Cáucaso y de Europa- cursan estudios en estas escuelas. No deja de ser sorprendente, toda vez que su nivel académico es bajo o inexistente y, evidentemente, cualquier alumno seria y responsablemente interesado en el islam tiene a su disposición muchas otras alternativas, como por ejemplo el centro Al Azhar de la Universidad de El Cairo.

¿Por qué el Gobierno pakistaní consiente la existencia de estos centros de instrucción de terroristas? En parte debido a que no posee fuerza suficiente para eliminarlos, como el Gobierno palestino no posee fuerza suficiente para controlar a Hamas y a la Yihad Islámica. De todos modos, el presidente Musharraf y su entorno necesitan también a los islamistas radicales; no son aliados de fiar e incluso algunos de ellos han intentado en el pasado liquidar a Musharraf, pero éste se enfrenta a muchos otros enemigos y parece inferir que, si les concede un cierto grado de libertad, ellos le soportarán y, en definitiva, respetarán.

Las madrazas funcionaron como centros de reclutamiento de los talibanes en Afganistán y también en el curso de la lucha armada contra India en Cachemira. Siguen tratando de penetrar subrepticiamente en Afganistán y de atacar suelo indio de vez en cuando. Sin embargo, tal intento resulta mucho más difícil que antes: las relaciones entre India y Pakistán han mejorado últimamente y, en cualquier caso, India es un gran y poderoso país que -como enseña la experiencia- se halla en disposición de lanzar duras represalias. Además, ante la presencia de fuerzas armadas de numerosos países en Afganistán, los talibanes sólo pueden actuar en grupos y número reducido.

¿Pueden estos factores dar razón de las recientes actividades de estudiantes pakistaníes de estas auténticas universidades de la yihad en Europa? Sí y no. Existe, sin duda, una solidaridad musulmana, pero tiene sus límites. Afganistán y Cachemira fueron en su día claros campos de batalla en tanto que Europa se encuentra mucho más lejos; es un enemigo distante que no reviste tampoco tanta importancia. Pero, de nuevo, y si es así, ¿qué motivos animaron a quienes movían los hilos, los que enviaron a los soldados de a pie a perpetrar los atentados en Londres? No hay respuestas nítidas y evidentes. Si -como algunos errados comentaristas creen- todo esto guarda relación con Iraq e Israel, habrían atacado estos lugares o en todo caso el propio Estados Unidos, el gran Satán. Cosa que no hicieron.

Los atentados de Londres pueden resultar plausiblemente una acción contraria a lo pretendido. En otros tiempos, las autoridades con ascendencia sobre los británicos musulmanes no hicieron demasiado caso de las actividades de los jóvenes radicales, afirmando que eran inexistentes o que, en todo caso, no entrañaban consecuencias. Sin embargo, el criterio predominante en estos momentos es que estos bárbaros -o, más bien, la mano oculta tras ellos-están lesionado gravemente los intereses de la comunidad en general. Por esta razón, esa juventud podría colaborar con las autoridades para identificar a los elementos problemáticos a fin de aniquilarlos o erradicarlos… cosa que no ha hecho en el pasado.

Después de todo lo dicho, cabría temer que Londres podría convertirse en el Luxor del terrorismo en Gran Bretaña: en 1995 un grupo de yihadistas egipcios atacó a turistas extranjeros en esta localidad y mató a una sesentena de ellos. Pero fue una acción muy impopular en el interior del propio Egipto, aparte de que casi destruyó la industria turística egipcia. De hecho, los ataques de Luxor fueron el final de muchos años de terrorismo egipcio autóctono y lo propio podría suceder en Gran Bretaña.

Sea como fuere, nunca debería olvidarse que para perpetrar un atentado terrorista sólo son menester unos cuantos terroristas -no muchos miles- y que ese puñado siempre será fácil de reunir.