La confusa de Cervantes

Cervantes, durante su asentada en Roma en 1570 como mozo y ‘camarieri’ del joven cardenal (¿homosexual?) Julio Acquaviva, durante sus cinco años en manos de sus carceleros de Argel (¿sodomitas?) y durante su largo buceo en la cárcel de Sevilla (’piedra de depravación’), conoce confinamientos sin recursos ‘virtuales’. Precisamente en el camino de Roma Cervantes con su mejor trino de jilguero (en español) dijo de Barcelona (única ciudad real que aparece en el Quijote): «...albergue de los extranjeros, sitio de belleza única». Pues en ella estuvo, entonces, a sus 22 años, y 41 años más tarde.

Cervantes aprovecha estos confinamientos, estas pausas en su vida, para darse a la Cábala hermética. Capta la diferencia de timbre y de cuerda que ésta tiene con el otro cantar: la exégesis de los textos bíblicos, nombrada ‘kábala filosófica’. Feliciano de Silva, con sus novelas cabalísticas (conocidas como ‘de caballerías’), y muy especialmente con su obra de teatro. La Celestina (eclipsada por la ¿de Rojas?) ha ido rompiendo senda años antes y abriendo el camino real y de herradura que conduce a la Alquimia.

La confusa de CervantesCuando Cervantes tiene 12 años, en 1559, el nombre del singular novelista y dramaturgo de Ciudad Rodrigo figura ya en el cartel del primer Índice de Libros Prohibidos. Esta ‘expurgación’ de la obra de su escritor castellano (¡español!) preferido hubiera podido encavarle siete estados debajo de tierra las llaves de ‘los libros secretos’. Por el contrario este veto, a santo tapado, despierta la curiosidad del adolescente Miguel, al escucho, de sus presentimientos. Feliciano de Silva es el primer escritor español que decide incorporar en una obra en prosa un cuadro pastoril. A Cervantes le sugestionaron las églogas bucólicas o ecológicas y especialmente el ‘lenguaje de los pájaros’, es decir los signos sonoros por los cuales se comunican las aves descritas por mi paisano. De este idioma primogénito se valieron Adán y Eva para entenderse cuando rompieron el hielo y el fuego.

El ser humano al salir de su nirvana prístimo extravió este esperanto espontáneo. Por ello nuestros inconsolables antepasados se apasionaron a título de compensación por la Ornitomancia, ensortijada ciencia que estudia la adivinación gracias al vuelo y al canto de los pájaros. Desde el ‘lenguaje de los pájaros’ Feliciano de Silva vadea a través de sus escritos hasta llegar al ‘lenguaje de los caballos’. Modo de comunicación hermético y nada virtual gracias al cual se relaciona el caballero con su cabalgadura. Cervantes, encandilado por estos recuerdos de su lectura de adolescente, trajina por un Mediterráneo bullebulle, en el cual los libros de Feliciano de Silva habían sido famosos. El autor mirobrigense en vida no sólo era el escritor español más célebre de su tiempo, con cerca de 50 ediciones de sus libros, sino además uno de los contados autores editados en todo el mundo civilizado de su época de Venecia a Londres. Hasta que un garrotazo postmortem del ‘Índice’ le envió al limbo de los ‘no-seres’ de la literatura y, por fin, con ayuda de una crítica chata del siglo XIX, al infierno de los chivos expiatorios.

Al retorno de su largo confinamiento en Argel, Cervantes intenta, a través del teatro, poner sobre el tapete y sobre las tablas de un corral español los prodigios vistos y los secretos intuidos. Su fogueo nos lo cuenta, siete meses y nueve días antes de ocultarse, en su prólogo a Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados. El teatro de Cervantes sondeaba la libertad de los hombres y de los pájaros, él que se sabe heredero de Feliciano de Silva y de Lope de Rueda. Del gran teatro español. A plana y renglón, paso por paso, pieza por pieza, habla al lector de su teatro, de su teoría de la escenificación: «Todos los aparatos de un ‘director’ ... se encierran en un costal y se cifran en cuatro pellicos blancos, en cuatro barbas y cabelleras y cuatro cayados poco más o menos... el adorno del teatro (es) una manta vieja, tirada con dos cordeles de una parte a otra... detrás de la cual están los músicos cantando sin guitarra algún romance antiguo». Se diría que está hablando a un autor (español o foráneo) de hoy refiriéndose a ‘Pétalos de confinamiento’ o a ‘Julieta’, que solo requieren hoy ‘una actriz, un director, y mucho talento’.

Pero a la zaga Cervantes metió en calor y juego a sus ingeniosos prodigios. Gracias a ellos da el salto atravesando el espejo hacia la quintaesencia como un pájaro con el don de lenguas. Gracias a este sostén Cervantes erige una obra teatral que a vagar y placer, pero a tragos, germina, escala, florece y toma vuelo.

Cuando la hebra de su vida estaba a punto de cortarse Cervantes recibió la visita de un editor español: «En esta sazón me dijo un librero que él me las comprara. Vendíselas al tal librero que las ha puesto en la estampa como aquí te las ofrezco». Gracias sean dadas a Juan de Villarroel el ‘librero’ que editó la obra dramática del autor del Quijote dejándonos escuchar ese eterno lenguaje de nuestros escritores, y que es el de los autores españoles y foráneos de hoy.

Dos años antes de ocultarse, en Adjunta al Parnaso, después de tantos confinamientos, Cervantes nos avisa de que «la comedia que más estimo y de la que más me precio fue y es ... La confusa». Obra perdida del autor del Quijote. Pero sabemos, gracias al Primer diccionario de la Lengua (1611) de Sebastián de Cobarruvias, que ‘confusión vale (hoy también en español) por... la operación que realiza en el horno hermético la Alquimia’. La confusión no es una provocación alcornoque ni una gansada moderna. Se deduce como la substancia en sí cuando se concibe en sí. La confusión inspira e inspiró siempre desde el Génesis el ‘tohu va-bohu’ de la esencia que rodea a la existencia con su rigor matemático.

Fernando Arrabal es dramaturgo.

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