La consulta hacia la independencia

Por Odón Elorza, alcalde de San Sebastián (EL PAÍS, 18/08/08):

La ciudadanía sabe que para el PNV la estrategia de la consulta es necesaria para cerrar filas, para enarbolar una bandera de enganche que les permita jugar al victimismo y concentrar el voto nacionalista. Pero sobre todo para mantenerse en el poder. Se supone que han hecho sus cálculos para sumar votos, pero si las cuentas fallan, la división en el PNV explotará con crudeza al día siguiente de las elecciones. Yo confío en la decisión política de la ciudadanía vasca para poner fin a una larga etapa en la que el nacionalismo gobernante ha pretendido contaminarlo todo, confundiendo país con proyecto nacionalista y reduciendo la vitalidad de la sociedad vasca con premisas excluyentes.

Desde siempre, la estrategia del PNV ha jugado a dos barajas. De un lado, expone la cara amable estatutista, y, del otro, el discurso radical. Conociendo a su electorado, pretende hacer equilibrios entre los autonomistas convencidos y los independentistas. Y ahora más que nunca, busca concentrar el voto nacionalista pescando entre el electorado de EA, EB y Aralar. Incluso aspira a captar votos dentro del electorado de Batasuna.

Pero esta vez la jugada no debería salirle bien al PNV, porque mantiene contradicciones irresolubles. Los discursos de Egibar, Ibarretxe, Urkullu, Imaz, Arzalluz… más que un ejemplo de pluralismo interno son la demostración de un partido en crisis.

Pero lo más grave es que con la “legitimidad” de un voto prestado quieren meter al pueblo vasco en un callejón sin salida, con ETA a la desesperada dispuesta a todo. Mientras, frívolamente, el PNV juega con las identidades en un país harto de tanta bronca. Es el ejemplo de Urkullu con su deseo futbolístico “que gane Rusia a España” o la devoción del PNV por el proceso hacia la independencia de Kosovo. Ambas expresiones son la constatación del sentimiento del PNV hacia la España democrática. Eso me lleva a pensar que en algo nos habremos equivocado los vascos no nacionalistas.

Ante estas realidades políticas, sumadas al grado de confusión y hartazgo de buena parte de la ciudadanía vasca, me pregunto qué podría hacer el PSE-EE. De entrada, tiene que dejar bien claro, de manera pedagógica, que con la llamada consulta pretenden iniciar una vía hacia la independencia. Así de simple. Digámoslo claro para que nadie se engañe. EA no se cansa de repetirlo a diario, y líderes del PNV, tampoco. Referirse a esa consulta como “el derecho a decidir” forma parte de la ceremonia de la confusión. En ese terreno y con términos tan engañosos, el PNV se siente cómodo porque oculta el objetivo final de este laberíntico proceso que es la independencia, respetable pero no alcanzable a cualquier precio y con cualquier tipo de apoyo ciudadano.

El panorama vasco aparece plagado de incertidumbres, con un lehendakari mermado en su credibilidad. Por tanto, es imprescindible despertar confianza entre la ciudadanía en una coyuntura política como ésta y en medio de una crisis económica que ataca el empleo y el bienestar de las personas. El PSE-EE ha de plantear nuevas ideas sobre una gestión democrática y participativa para recuperar la confianza de la población vasca en las instituciones y en el futuro del país, sin mostrar prisas ni obsesiones por el poder. Y su candidato deberá dejar bien claro que no formará gobierno con el PP, y que para aprobar las leyes y proyectos estratégicos para Euskadi buscará apoyos transversales sólidos.

Patxi López y el PSE-EE representan una alternativa que, para liderar la sociedad vasca en esta etapa de renovación histórica, trabajan a favor de compartir identidades y fortalecer Euskadi, su economía, su vida social, cultural y su imagen en el mundo. Sin necesidad para ello de confrontarse con España y sin alentar el conflicto entre identidades.

El candidato socialista debe convencer de que gobernará mejor, con más calidad democrática, contando con la energía que aportan las ciudades como San Sebastián y poniendo al frente de los diferentes cargos a los hombres y mujeres más preparadas, tengan o no carnet del PSE-EE. Esto es decisivo en un país que tiene todo tipo de organismos copados por personas con carnet del PNV.

Frente a la radicalización del PNV, el compromiso socialista ha de ser el de reforzar el autogobierno vasco para que resulte más útil al país, a la vida y felicidad de la ciudadanía y a la causa de la paz. Y a la vez debiéramos apostar por incorporar contenidos concretos al proyecto pendiente del federalismo, buscando un modelo de lealtad federal entre los pueblos y de lealtad con el Estado en esta España plurinacional.