La crisis, burbujas y falacias

Ningún responsable político bien informado puede creer que estamos ante una crisis de la economía española al margen de la crisis internacional. Los resultados del segundo trimestre del año en las principales economías, los movimientos en las Bolsas, la pérdida de la calidad crediticia de Estados Unidos, la evolución de las primas de riesgo y que nuestro diferencial con el bono alemán haya bajado drásticamente al adoptar el BCE las medidas adecuadas, son buena prueba de ello.

Las proclamas del Partido Popular propugnando un adelanto del adelanto electoral para calmar a los mercados son una falacia. La mayoría de los países de la OCDE hacen frente a una misma situación: excesivo endeudamiento, crecimiento muy débil de sus economías; elevadas tasas de desempleo y fuerte contracción de la demanda interna.

El BCE ha subido este año dos veces los tipos de interés y en su última reunión los mantuvo. Reducir la tasa de inflación en las circunstancias actuales no puede ser el único objetivo. Es el momento de priorizar la recuperación de la actividad económica, de que el BCE baje los tipos y de acelerar la aplicación de todas las medidas diseñadas para fortalecer el Fondo de Estabilidad del euro.

Los intereses electorales no deberían estar reñidos con el rigor. El rigor exige analizar las causas de la crisis, extraer conclusiones y tomar las medidas necesarias para salir de ella y evitar que se vuelva a repetir. La situación económica es muy compleja y España, como el resto de los países, necesita que el principal partido de la oposición sea responsable y anteponga el interés de nuestro país a los intereses partidistas. La confianza no se genera reivindicándola, sino construyéndola.

El intento del PP de hacer creer que es ajeno a la especificidad de la crisis de la economía española y que de esta crisis se sale si ellos alcanzan el gobierno, es otra falacia.

El crecimiento de la economía española no puede, ni debe, volver a sustentarse en un crecimiento basado en el todo urbanizable de la Ley del Suelo del 98 y en la construcción residencial, bases del inicio de la burbuja inmobiliaria y del mal llamado «milagro español» que el PP intenta resucitar. Tercera falacia.

La especificidad de la crisis de la economía española se debe a la burbuja inmobiliaria y a sus nefastas consecuencias acumuladas durante los años de bonanza: un excesivo peso de la construcción residencial; un elevado endeudamiento de las empresas privadas para construir más viviendas, de las familias para comprarlas y de las entidades para financiarlas ante la insuficiencia del ahorro nacional, provocando una elevada exposición al riesgo inmobiliario de nuestro sistema financiero y el empeoramiento de su solvencia ante el desplome de los precios de los activos inmobiliarios.

La burbuja inmobiliaria y sus consecuencias son nuestro lastre. Si descontáramos la aportación negativa de la inversión en construcción al crecimiento del PIB, España estaría creciendo a un ritmo similar al de la zona euro. Burbuja que se ha desarrollado porque se carecía de la necesaria regulación y supervisión financiera internacional para impedir los excesos, porque había entidades financieras que aplicaron una política de asunción de riesgos imprudente y porque las agencias de calificación de deuda, lejos de preverlo, lo facilitaron.

En definitiva, factores nacionales e internacionales que no deben olvidarse y que el PP no reconoce porque no le conviene o porque lo ignora. En todo caso, un grave error de quien aspira a gobernar.

Ha fallado el funcionamiento de los mercados. Es necesaria una adecuada y exigente supervisión financiera y coordinación económica a nivel internacional. Es necesaria más y mejor Europa con una auténtica gobernanza en torno al euro. La recuperación y salida de la crisis requiere que fluya el crédito con normalidad, pero eso no depende de las capacidades de ningún Gobierno aisladamente. La solución ha de venir de las medidas que se adopten a nivel internacional con el concierto de todos.

Lo que si podemos y tenemos que hacer es proseguir con la reestructuración del sector financiero, mejorar la calidad de la supervisión financiera, los criterios de asunción de riesgos y la transparencia en defensa de los consumidores financieros.

Lo que sí se puede, y vamos a intensificar, es la capacidad de crecimiento de la economía española para que la recuperación se acelere y volvamos a crear empleo. Por ello, la política económica tiene que centrarse en cumplir con los compromisos de estabilidad presupuestaria y en desarrollar todas las potencialidades de la economía española. Tenemos motivos para la confianza. No debemos olvidar las fortalezas de la economía española, con una base empresarial muy bien posicionada a nivel internacional en sectores como el turismo, el bancario, las telecomunicaciones, las infraestructuras o las energías renovables. Tenemos una economía más capitalizada y mejor formada que nunca. Tenemos un desarrollado Estado del Bienestar al que no debemos ni vamos a renunciar.

Potenciar nuestras fortalezas y resolver nuestras debilidades son las claves del nuevo crecimiento. Las falacias no sirven de nada.

Inmaculada Rodríguez-Piñero, coordinadora del programa económico del PSOE.

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