La crisis del constitucionalismo

Nadie ha atribuido los malos resultados del Partido Socialista de Euskadi a su radicalidad. Pero podrían hacerlo quienes sí la han atribuido a los resultados de la coalición PP-Cs. Porque esta coalición ha perdido 14 diputados desde el mejor resultado histórico del PP en las autonómicas vascas, los 19 diputados de 2001, pero el PSE ha perdido 15 desde su máximo histórico, los 25 de 2009. Y es que estamos ante una crisis del constitucionalismo, que afecta tanto al centro-derecha nacional en el País Vasco como al centro-izquierda, por mucho que algunos quieran cerrar los ojos ante este problema común. Y que viene de lejos.

Los nacionalistas sumaron este domingo el 67% del voto, su mejor resultado histórico. Una buena parte de ese voto se explica por los sentimientos de identidad que hacen del País Vasco una autonomía no comparable a Galicia ni al resto de España, y en la que ni el PP ni el PSE pueden aspirar a ser partidos mayoritarios, hagan lo que hagan, y pongan el candidato que pongan. A este factor fundamental de la identidad nacionalista, se suma una política nacional de pactos, tanto del PP como del PSOE, que ha identificado al PNV como el partido representante de los intereses de los vascos, el que obtiene ventajas para su territorio, el partido útil. Una política a la que ahora el PSOE ha sumado a Bildu, el nuevo «conseguidor» para los vascos, y, además, blanqueado en sus vínculos con ETA. Esto último, facilitado por una sociedad que no desea que le recuerden su pasado reciente de terror contra la mitad de la población.

Pero hay un tercer factor del que hay miedo a hablar, el más profundo de todos, el de la españolidad. Si los partidos nacionales se llaman a sí mismos constitucionalistas en el País Vasco es porque no se atreven a incorporar en su denominación el españolismo. Por miedo a ser acusados de radicales. Porque la «radicalidad» en el debate vasco, esa radicalidad de la que algunos acusan a la coalición PP-Cs, estriba en esta cuestión. No hay diferencia programática alguna entre el PP vasco y el del resto de España, ni de mensajes, ni de estilo. Lo que hay es una atribución de radicalidad construida desde el nacionalismo y la extrema izquierda, y que se basa en la negación del derecho a hablar de España, ser España y sentirse España en el País Vasco.

El problema del llamado constitucionalismo es haber interiorizado ese discurso sobre la radicalidad de lo español. De tal manera que tanto el PP como el PSE han perdido su capacidad para representar a todos los vascos que se sienten fuertemente españoles. Porque el comportamiento político, ahora y siempre, es sobre todo una cuestión de identidades; y en el País Vasco hay una identidad fuertemente articulada, y otra, acomplejada; una que arrastra a los ciudadanos, y otra que los desanima y desvincula.

Si el constitucionalismo está fracasando en el País Vasco es porque se ha dejado condicionar por el discurso nacionalista sobre la radicalidad, porque está construyendo su imagen y sus mensajes a partir de la definición del adversario. Y su espacio electoral es precisamente el de la alternativa a la identidad del nacionalismo. No es el eje izquierda/derecha del resto de España el que mueve su voto; es el eje nacionalista/españolista. Y el segundo es central en una región donde aún no se ha logrado el pluralismo y la libertad plena para ser, sentirse y expresarse como español. Y donde el regionalismo, el vasquismo equivalente al galleguismo, ha sido arrasado y fagocitado por el nacionalismo. O eres nacionalista, y, por lo tanto, amante de tu tierra, o eres un español, que no ama ni defiende el País Vasco.

El constitucionalismo tuvo un espacio importante en la lucha contra ETA, porque la lideró. Y ahora tiene otro espacio importante, la representación de los vascos que se sienten plenamente españoles, tan amantes de su tierra o tan vasquistas como los nacionalistas, y hartos de ser discriminados, silenciados, o señalados por ello. Son al menos la mitad de los vascos, algunos de izquierdas y otros de derechas, y les llaman radicales quienes no tienen problema alguno para sentirse españoles en el resto de España.

Edurne Uriarte es Secretaria de Estudios y Programas del PP.

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