La crisis en el País Vasco

El País Vasco vive la crisis de forma distinta al resto de España, como se manifiesta en su tasa de paro, que es del 11,6%, casi la mitad de la media. También su deuda pública es más baja: 7,2% del PIB, muy inferior a la española y por debajo de la catalana, que es del 16,9%; como lo es la tasa de inmigración, solo del 6%.

En lo primero que uno piensa cuando ve estas diferencias es en las ventajas del concierto económico, pero los datos apuntan que no es solo eso. De hecho, la relación entre gasto público y PIB en el País Vasco es inferior a la media española, lo que sugiere que la clave está más en cómo se emplean los recursos públicos -la gestión- que en su cuantía. Además, son dos realidades diferentes. La estructura productiva de este territorio es muy específica, y su desarrollo industrial ha contado con apoyo político constante; el sector inmobiliario, por su parte, no ha hecho estragos; y, encima, ha incorporado una actividad turística de nuevo cuño.

En la crisis de los 90, el PIB vasco se contrajo más que el español, pero ambos perdieron el mismo empleo. En la recesión actual, habiéndose retraído las dos economías en la misma proporción, su tasa de desempleo ha aumentado la mitad. Es decir, que en la última década el País Vasco ha mejorado más que España su capacidad de respuesta a un ciclo recesivo.

Las razones de fondo que explican esa evolución singular tienen que ver sobre todo con un modelo productivo donde el peso de la industria es mayor. La reconversión de los 80 supuso la desaparición de gran parte de su industria pesada, dando paso a otra de más valor añadido, con empresas de menor tamaño y con buena capacidad exportadora: el 50% de su producción. El subsector de los servicios a empresas es uno de los que más se ha desarrollado y más ha incrementado su participación en el PIB. De esta forma, la intensa destrucción de empleo manufacturero de los últimos tres años le ha afectado menos. Su tejido industrial, básicamente autóctono, tampoco atrajo grandes inversiones extranjeras, por lo que apenas ha notado el proceso de deslocalizaciones que tanto ha castigado a Catalunya.

La iniciativa de los emprendedores vascos también ha contado con la colaboración público-privada de la red de centros tecnológicos y de las universidades. Desde los primeros 90, Vitoria fomentó la creación de clusters, agrupaciones de empresas relacionadas entre sí y localizadas en la misma zona geográfica. Hoy existen 12 relativos a 11 sectores. Las fuentes coinciden en que funcionan muy bien y que han ayudado a dinamizar sobre todo la actividad auxiliar de la industria. La economía vasca, que en el primer trimestre del año creció el 0,9%, está siendo impulsada por la industria, que contribuyó con un 3%. Y la inversión por habitante en I+D se sitúa en 623 euros al año, mientras que en el conjunto del país es de 318.

Todos los gobiernos vascos han mantenido una política industrial decidida, mientras que en otras autonomías se ha aplicado -por activa o por pasiva- la norma de que la mejor política industrial es la que no existe. No es casual que entre el 2000 y el 2008 la renta per cápita vasca aumentara el 23,1%, frente al 12,7% de la española. Aunque es importante señalar que su PIB crece mucho más que la población, que en los últimos 30 años ha estado prácticamente estancada. Como los alemanes, los vascos no trabajan más que los españoles: su jornada trimestral es de 397 horas frente a nuestras 410.

El cese del terrorismo ha favorecido al turismo, una actividad en la que Euskadi nunca había sido puntera, pero que en los últimos años ha experimentado un notable despegue. En el primer trimestre del año ha sido el principal responsable de que el empleo en el sector servicios haya crecido un 1,5%.

Otro dato fundamental que ayuda a entender la situación de Euskadi es que no tuvo boom inmobiliario, lo que responde a la planificación territorial aplicada y sostenida en el tiempo por los gobiernos autónomos, como en el caso de la industria, y a que no es un territorio de segundas residencias, que las tiene, pero en Cantabria, Rioja y el norte de Aragón, zonas próximas más baratas. No deja de llamar la atención que la comunidad donde una de sus capitales, San Sebastián, ha tenido de siempre los precios de la vivienda más caros de España -y que ahora empiezan a subir de nuevo- no haya sufrido la explosión de otros lugares.

Respecto a la liquidez y al apoyo financiero a las empresas, uno de los problemas más graves del momento, quizá resulte significativo apuntar que, según los datos correspondientes al primer trimestre del año, solo una de las tres cajas locales tuvo saldo negativo en su inversión crediticia. En el caso de las cinco de Catalunya sucede justo lo contrario, únicamente una de ellas prestó más.

A estos rasgos que explican la economía vasca y sus diferencias con la española se podría añadir una conclusión adicional: la legislación laboral, que es común, quizá no sea tan determinante en la tasa de paro como se repite machaconamente desde ciertos ámbitos.

Por Joaquín Romero, periodista.

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