La crisis estadounidense

El cierre administrativo de Washington se pone de manifiesto de muchas maneras y prácticamente todo el mundo se ve afectado. Yo no soy un empleado del Gobierno, pero la situación me ha afectado porque no puedo realizar mi paseo diario, por prescripción médica, en el parque Rock Creek, el gran bosque que atraviesa la capital muchos kilómetros de norte a sur. El parque permanece cerrado e incluso –notable engorro– no es posible utilizar los servicios públicos.

Por supuesto este último aspecto es prácticamente insignificante en comparación con los verdaderos apuros que aquejan a tantas personas que han de hace frente al perjuicio económico causado. Los expertos dicen que es imposible intentar siquiera dar cifras sobre las consecuencias económicas. Y, cuestión de no nimia importancia, hay que consignar el daño político y psicológico: la impresión de que el sistema estadounidense ya no funciona.

Sería injusto afirmar que todo es culpa de los republicanos. Las intenciones de Obama pueden haber sido loables, pero el momento roza la metedura de pata. No se emprenden costosas reformas en un momento de crisis. Y la reforma sanitaria de Obama debería haberse combinado con una revisión general del sistema de salud estadounidense. Mientras los países europeos gastan un 8,7% de promedio de su PIB en servicios de salud, Estados Unidos gasta el doble en un sistema que no ofrece mejores resultados.

La gran mayoría de los estadounidenses echan las culpas a los republicanos por el cierre administrativo, no sin razón. ¿Por qué deberían impulsar una política que evidentemente les hará mucho daño políticamente? Las razones suelen malinterpretarse fuera de EE.UU. Se acostumbra a pensar que los republicanos son el partido favorecido y apoyado por Wall Street. Tal fue el caso en otros tiempos, pero la influencia de Wall Street se exageró con frecuencia. Ciertamente, no es el caso en la actualidad. Wall Street está muy preocupado por la política republicana que está haciendo daño a sus intereses en el país y en el extranjero. Pero ahora no se halla en condiciones de influir en el Partido Republicano. El apoyo financiero proviene de un pequeño grupo de multimillonarios excéntricos como los hermanos Koch y Peter Thiel. A estos donantes apenas se les conoce fuera de EE.UU., pero los Koch poseen la segunda mayor empresa privada del país y Thiel creó Paypal. Su ideología es tal vez más afín al anarquismo que al conservadurismo… Si la situación empeorara esto podría cambiar, pero en la actualidad el populismo parece ser más fuerte que la influencia política de los intereses capitalistas tradicionales.

El Partido Republicano está influenciado por el Tea Party y también en cierta medida por elementos de ideología libertaria, como el Instituto Cato, fundado en 1974. Sus puntos de vista gozan de dilatada tradición; son personas que ven a su principal enemigo en el Gobierno y en la Administración, que juzgan que la sociedad debe contar con protección ante estas instancias: cuanto menos Gobierno y Administración, mejor. Buena parte de ellos no sostienen opiniones muy firmes y sólidas acerca de las drogas ni de los matrimonios homosexuales. Están de acuerdo con los conservadores en materia de política exterior y de defensa; cuanto menos activo se muestre EE.UU. en el extranjero, mejor. También están de acuerdo en que la presión fiscal debería ser la menor posible, y preferiblemente ninguna.

Sin embargo, ¿quién se hará cargo de la educación, de la seguridad en las calles, del mantenimiento de las carreteras y del transporte público? Tales problemas no les preocupan mucho; en todo caso, opinan que deberían ocuparse de ellos, principalmente, las ciudades y el gobierno local. Tales elementos radicales cuentan con apoyo principalmente procedente del Sur y del Medio Oeste. El número de sus representantes en el Congreso es relativamente pequeño, tal vez no más de treinta escaños. Pero son escaños prácticamente asegurados. La influencia de este reducido grupo es grande, pero no durará, porque la mayoría de los republicanos tienen escaños que no son seguros. Ellos saben que su política irresponsable en las últimas semanas ha sido impopular. En momentos en que el apoyo popular a la presidencia de Obama ha disminuido rápidamente, los elementos radicales en las filas republicanas han logrado que su partido sea aún más impopular. El índice de aprobación de Obama es sólo del 43%, pero para el Partido Republicano es del 38% y el de los republicanos en el Congreso, del 14%.

¿Cómo va a salir EE.UU. de este embrollo? Se ha comparado la situación actual con la del periodo de Weimar; es decir, la de Alemania antes de que Hitler llegara al poder. Esto es inverosímil; lo cierto es que la situación actual es muy distinta. Tal vez los radicales se escindirán de los republicanos, aunque parece poco probable, pues los terceros partidos han fracasado siempre. Se trata de una crisis político-institucional y las instituciones pueden asegurarse. Por el momento, las perspectivas económicas no son muy negativas. En plena conmoción por el cierre administrativo, pocos observadores han prestado atención a un hecho muy interesante: en el 2013, EE.UU. toma la delantera a Rusia y Arabia Saudí como mayor productor mundial de petróleo y gas. Un hecho económico, pero que tendrá consecuencias políticas.

Walter Laqueur, consejero del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington. Traducción: José María Puig de la Bellacasa.

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