La crisis moral de Francia

Francia está deprimida. Su presidente se debilita, preconiza disposiciones anticonstitucionales, establece una amalgama entre inmigración y delincuencia. Es grave. El país atraviesa un momento difícil en que las ilusiones caen unas tras otras, los ciudadanos descubren que la democracia ya no es lo que era porque ha sido maltratada, secuestrada, la política ha sido socavada por escándalos de dinero, la crisis económica se ha transformado en crisis moral. Se ha perdido la confianza. La población asiste al naufragio político hasta el punto de que, en una elección parcial en Rambouillet el pasado 11 de julio, un escaño de diputado que siempre había ocupado la derecha ha pasado a una candidata de Europa Ecología (izquierda), Anny Poursinoff, con un índice de abstención bastante elevado.

Ello supuso un shock en el seno de la UMP, el partido de la mayoría presidencial. El contexto de escándalos y ausencia de transparencia jugó claramente en esta elección, que sorprendió a todo el mundo y que tiene el significado de una prueba

¿Qué pasó ? Nunca un presidente de la República en ejercicio había estado tan bajo en los sondeos. Parece que ya no los lee porque le ponen nervioso; son el reflejo de una enfermedad en el país de la cual él tiene gran parte de responsabilidad. Nunca un presidente en ejercicio había tenido intenciones tan excesivas. Para asegurarse los votos del Frente Nacional en el 2012 habla como un dirigente de este partido de extrema derecha.

Francia reaccionó bastante bien durante la crisis. Pero sus efectos colaterales se hacen sentir en la mayoría de los aspectos y nadie queda libre de ellos.

Y en este cuadro de inquietud, de miedos y de angustia, Nicolas Sarkozy ha lanzado su principal reforma, la de las pensiones. Y, casualidades del destino, es al ministro actual que tiene más problemas al que le toca la difícil tarea de defender esta reforma. Se trata del ministro de Trabajo, Eric Woerth, implicado en el complejo caso de Liliane Bettencourt. Fue interrogado por la policía el 29 de julio. Debía dar explicaciones sobre las acusaciones de financiación ilegal de la UMP, sobre un eventual tráfico de influencias ejercido por el contrato de su mujer en la residencia de Liliane Bettencourt y por el papel desempeñado en el tratamiento fiscal a esta última.

Esta reforma de las pensiones es una necesidad. La haga un gobierno de derechas o uno de izquierdas, Francia no puede hacer una reforma a medias de esta medida vital para el futuro del país. Faltos de imaginación, los sindicatos siguen sin darse cuenta de que las huelgas y las manifestaciones ya no tienen efecto en la clase política. La depresión no sólo alcanza a la clase dirigente, tampoco la izquierda y los sindicatos quedan excluidos.

En este contexto de degradación, la selección nacional de fútbol se comportó de modo indigno en el Mundial de Sudáfrica. Y este equipo no sólo fue derrotado y no volvió a jugar, sino que nos dimos cuenta de que no formaba un auténtico equipo, que los jugadores se peleaban entre ellos o con el seleccionador, que hicieron una huelga y se negaron a entrenar yque finalmente volvieron a Francia con la vergüenza en el rostro.

Un equipo deportivo es, en principio, el reflejo de la sociedad. Este equipo de fútbol ha sido el reflejo fiel de una Francia decepcionada y en vías de perder sus valores. Esta lamentable derrota no ha hecho más que acentuar la enfermedad general.

Y entonces estalla un caso de ramificaciones complejas: se trata de la fortuna de la mujer más rica de Francia, Liliane Bettencourt, dueña, entre otras cosas, de gran parte de L´Oréal. Esta anciana dama tiene una generosidad variable: sin contarlos dio a un amigo el equivalente a mil millones de euros. Su hija ha demandado al beneficiario por abuso de debilidad de la donante. El juicio se ha aplazado pero se ha sabido que una de las contables de Liliane Bettencourt es la esposa del tesorero de la UMP y actual ministro deTrabajo; diversas cantidades al parecer fueron entregadas para financiar la campaña presidencial de Nicolas Sarkozy, se han descubierto cuentas en Suiza, una isla en las Seychelles y confidencias grabadas por uno de los empleados de la dama. En definitiva, todo ello huele mal y la organización no gubernamental Transparence France afirma en su informe sobre la corrupción que “Francia sigue vehiculando una imagen relativamente degradada de su clase política y de su administración pública”; esta ONG coloca a Francia en el lugar 24 sobre 180 países en lo referente a la corrupción, justo por delante de Santa Lucia (Caribe) y de Chile. Incluso habiendo reglamentado la financiación de los partidos políticos, hay quienes sortean las reglas e incumplen las leyes. Para hacer olvidar este escándalo sobre la fortuna de Liliane Bettencourt, Nicolas Sarkozy propone retirar la nacionalidad a los delincuentes hijos de inmigrantes, mostrando así músculo en materia de seguridad. Sin embargo, en el 2004, siendo ministro del Interior, Nicolas Sarkozy escribía : “Para cada delito debe haber una respuesta firme. Pero esta no puede cambiar según se sea, con el carnet en la mano, francés o no”. El primer artículo de la Constitución dice: todos los franceses son iguales sea cual sea su origen, su raza y su religión. Francia vive una crisis ética. Los valores de su democracia estallan en pedazos. Es inquietante.

¡La Unión Europea debería tener un consejo de sabios que llamara al orden a los dirigentes europeos que pierden el control de sí mismos y hacen cualquier cosa!

Tahar Ben Jelloun, escritor y miembro de la Academia Goncourt.