La cuestión turca

Por José Félix Merladet (EL CORREO DIGITAL, 16/01/08):

La posible adhesión de Turquía a la Unión Europea es un tema de debate político tan recurrente como importante, que se ha puesto de actualidad en nuestro país con la visita a España del presidente turco Recep Tayp Erdogan. El siguiente análisis pretende ser un balance de los argumentos esgrimidos a favor y en contra y las paradojas de esta posible ampliación de la UE.

Geografía

Turquía tiene en Europa una parte de su territorio, Tracia, y su antigua capital, Estambul, si bien casi todo él (95%), fundamentalmente Anatolia, un 90% de su población y su capital actual, Ankara, están en Asia.

Se ha dicho que la población turca, con sus 73 millones de habitantes de los que más del 30% tienen menos de 15 años, podría contribuir a paliar el problema de envejecimiento de Europa. Sin embargo, hacia 2025-30 Turquía podría contar con nada menos que 100 millones de personas con lo que se convertiría en el país más poblado de la UE.

Además, si se le suman las poblaciones turcomanas de las llamadas 'repúblicas hermanas' de Asia central (Azerbayán, Kazajistán, Turkmenistán, Kirguizistán, Uzbekistán, Tayikistán) y los turcos dispersos por el mundo (algunos calculan que hay 20 millones ya en Europa) se llega a un conjunto de casi 200 millones de personas en una vasta zona de fronteras permeables, con grandes facilidades para obtener la doble nacionalidad. Un 30% de menores de 15 años en 200 millones da como resultado 60 millones de jóvenes, es decir que, dada la baja natalidad en la UE (donde hay solamente un 15% de menores de 15 años, lo que da un total aproximado de 70 millones de jóvenes), la mitad de los de ese vasto conjunto euroasiático serían de origen turco/turcomano. Dada la libre circulación de personas y trabajadores en la UE, el riesgo de conflictos de interés resulta patente.

Economía

Turquía representa un mercado en expansión para los productos europeos y un mercado de compras públicas de más de 30.000 millones de euros. Tiene una mano de obra barata y abundante, que en el futuro podría pagar las pensiones de una población europea envejecida. El comercio exterior está en una fase actual de gran expansión.

No obstante, su PIB per cápita es netamente inferior al de la UE: quince veces más bajo que la media de la de 'Los Quince' en 2002 e incluso la mitad del de los nuevos Estados miembros. La inflación en 2002 llegó a un nivel del 45%. En el índice de desarrollo humano de Naciones Unidas, ocupa el puesto 82º del mundo.

La adhesión supondría un gasto enorme para el presupuesto comunitario. El coste anual para la política agrícola común sería mayor que el de los diez nuevos miembros juntos y la PAC podría, simplemente, desaparecer. La agricultura representa aún un tercio de su población activa. Tras la entrada de Turquía, los nuevos miembros (y mucho menos los antiguos) no podrían recibir casi nada de los fondos estructurales con el presupuesto actual. La mano de obra turca podría circular por toda Europa afectando las remuneraciones y los sistemas de protección social.

Una gran parte del comercio exterior turco depende de tráficos ilegales, como los de drogas y personas. Según la Cámara de Comercio de Ankara, los negocios de la mafia turca fueron de más de 60.000 millones de dólares en 2004, es decir, el equivalente de la mitad del presupuesto nacional en ese año.

Instituciones

Turquía es ya miembro de la OTAN, del Consejo de Europa y de otras organizaciones europeas.

Pero Turquía, el último integrado en la UE, aún sin experiencia comunitaria, llegaría a ser el primer decisor. Para el Parlamento, con un número tope de europarlamentarios de 750, Turquía, con el 15% de la población total (20% en unas décadas), tendría 96 escaños, los mismos que Alemania, en detrimento del número de otros Estados. Turquía, con ese 15% de poder demográfico, jugaría un rol esencial en la toma de decisiones en el Consejo de Ministros (mayorías cualificadas con 65% de la población y 55% de los Estados).

Geoestrategia

Por una parte, Turquía es un pilar de la OTAN, que refuerza decisivamente el flanco sudeste de la Alianza. Tiene un gran Ejército, el segundo más numeroso de la OTAN, con más de 500.000 soldados y un presupuesto anual que supera los 7.000 millones de euros. Todo ello traería consigo una UE más fuerte y con más posibilidades para crear una política de defensa y seguridad propia de un actor global. También conllevaría una mejora en la situación geoestratégica de toda la Unión, pues Europa tendría el control de los estrechos turcos y se aproximaría a los yacimientos de petróleo y gas en Asia central y el Golfo Pérsico.

El dato negativo es que Turquía, hasta ahora, se ha opuesto en la OTAN a toda iniciativa de autonomía militar europea. Más atlantista que europeísta, podría ser un nuevo 'submarino' de EE UU en la UE. Además, su adhesión provocaría también que la UE tuviera a sus puertas algunos de los polvorines del globo (Irak, Irán, Siria, Chechenia, Kurdistán, Armenia-Azerbayán, etcétera). Estos conflictos cercanos podrían llevar a la Unión Europea a situaciones no deseadas. Pasaría de ser árbitro o mediadora exterior a ser parte activa en las crisis.

Democracia

La adhesión ayudaría a Turquía a progresar en el respeto de los derechos humanos y la democracia. De hecho, algunos creen factible crear con el partido AKP, en el poder, una especie de 'democracia musulmana' turca semejante a la 'democracia cristiana' que consolidó Europa en la posguerra.

El fin del poder de tutela existente de los militares kemalistas por mor de la democratización podría, paradójicamente, suponer el fin del laicismo y una progresión del integrismo islámico más allá de la moderación actual y coyuntural del AKP, que es islamista. Algunas voces en dicho partido piden el retorno de la sharia islámica. En Turquía, el 99% de la población es musulmana y el respeto de las minorías étnicas y religiosas es muy débil. Aún no se ha reconocido el genocidio de entre 600.000 y 1.500.000 armenios en 1915. Tampoco se ha puesto fin a la invasión turca de una parte del territorio de un Estado de la UE: Chipre. La mayor parte de las condenas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos relativas a los atentados a la vida, la tortura, la situación de las mujeres y de las minorías han sido pronunciadas contra este país.

Una UE con 90 millones de musulmanes podría abrir sus puertas a un 'caballo de Troya' islámico que atraería irresistiblemente a nuevas poblaciones que rechazan el secularismo, los derechos humanos y la integración. En algunos países como Alemania y Bélgica pueden verse barrios enteros de turcos que conservan usos, vestidos e idioma y rechazan toda asimilación. La UE devendría un difuso espacio sin límites y en permanente expansión (¿por qué Turquía sí y Ucrania, o incluso Rusia, no?). Terminaría convirtiéndose en una mera zona de librecambio incapaz de suscitar un patriotismo 'europeísta'. Este sólo puede dimanar de la autoconciencia de una identidad, es decir, de poseer un fin y unos límites claros.

Turquía tiene a su favor que desde 1974 nunca se ha visto que tras la apertura de las negociaciones una candidatura para la adhesión haya fracasado. Un rechazo a Turquía después de varios años de negociación sería una catástrofe diplomática. El problema es que la decisión de abrir el proceso de adhesión fue precipitada y si bien la mayoría de sus líderes (Chirac, Schroeder, Aznar, Zapatero, Blair, etcétera) estaba a favor, la población europea no ha sido nunca consultada. Según los sondeos un 70% está en contra.

Parece que la mayoría de los argumentos son contrarios a la adhesión; pero no es menos cierto que hay fuertes razones para establecer lazos especiales reforzados con Turquía, tal vez por medio de un acuerdo de asociación privilegiada.

La opinión en la corte bruselense parecería ser ahora que con Turquía todo menos las instituciones. Es decir, que podría participar de las políticas comunitarias aunque no en la toma de decisiones. Pero, una vez empezadas las negociaciones, ¿quién osará ponerle el cascabel al gato?