La cultura de la remezcla

Por Javier Candeira, experto en nuevas tecnologías (LA VANGUARDIA, 21/10/07):
Vivimos en la cultura de la remezcla. La música popular, el arte contemporáneo y la literatura producen obras compuestas, como la criatura de Frankenstein, de retales de obras anteriores. Es un fenómeno antiguo, ahora acelerado por la tecnología. Ya en el siglo cuarto, Ausonio escribió las reglas para componer centones, poemas escritos con versos de otros poemas. Ejemplos modernos de esta larga tradición se pueden ver en el apropiacionismo posmoderno del escritor Jasper Fforde, en los cuadros de latas de sopa y cajas de jabón de Andy Warhol, en los sampleados que forman las bases de las canciones hip-hop y en las parodias de tráilers cinematográficos que se pueden ver en YouTube.

La fluidez y ubicuidad de la web hacen que este medio sea especialmente apropiado para la remezcla. Un documento en un sitio web es a la vez definitivo y temporal: definitivo porque está publicado, a la vista de cualquier ciudadano provisto de un navegador y una conexión; y temporal porque, a diferencia de las publicaciones en soporte físico, el documento digital no está coagulado en su forma final: es a la vez la materia prima y el plano maestro con el que construir el vídeo, la música o el texto que llega al público, pero sigue siendo una colección de bits y, como tal, sigue siendo maleable y remezclable.

La web 2.0 significa la puesta a disposición del público de las herramientas para la remezcla de la web. Mientras que la primera web daba por hecho que sus lectores directos serían personas provistas de programas de navegación, la web 2.0 funciona bajo la premisa de que entre el sitio web y el lector final puede haber uno o incluso varios intermediarios, tanto programas como personas, que combinen varios sitios web entre sí. Algunos la llaman “la web social” o “la web programable”, y quizá tenga un poco de ambas.

Remezclar la primera web requería despiezar y extraer los recursos mediante programas escritos específicamente para cada sitio web, realizando contorsiones para descifrar el formato “legible por humanos” de los documentos publicados. La web 2.0 consiste en ofrecer cada recurso en dos formatos. Por un lado está el de siempre, legible por humanos, y por otro lado, un formato mecánico, abierto a que cualquier programa pueda capturar, modificar, reciclar y combinar la información antes de que le llegue al lector final.

De los verbos de la frase anterior, el más importante es combinar. Los mecanismos de la web 2.0 no sólo permiten, sino que incitan a tomar las noticias de la BBC y extraer de ellas las palabras clave mediante el analizador léxico de Yahoo!, introducirlas en Flickr y YouTube para recuperar fotografías y vídeos relacionados, extraer los topónimos de las mismas noticias mediante el servicio de nomenclátor de Metacarta, disponer todo ello sobre un mapa de Google Maps y empotrarlo en un periódico, en MySpace o en el weblog personal de cada uno.

Para ayudar a manejar la complejidad de esta explosión combinatoria de servicios y opciones, también existen servicios basados en la web para construir los programas que hacen estas remezclas. El servicio Yahoo! Pipes incluso permite que unos tomen como base las remezclas de otros, evitándose comenzar desde cero. El resultado de esta remezcla puede a su vez usarse como ingrediente para la remezcla de otra persona, y así sucesivamente, como las infinitas tortugas de la fábula, apiladas una encima de la otra hasta llegar al elefante que sostiene el mundo.

¿Les atenaza el vértigo? No es de extrañar, es algo vertiginoso. Para entenderlo podemos echar mano de una metáfora. Imaginen unas latas de conserva mágicas de las que, al abrirlas por el lado 2.0, se extraen los ingredientes sin cocinar. Se abre la lata de mejillones por debajo, y salen mejillones crudos, aceite, vinagre, pimentón y clavo. Casi todos seguirán usando el lado tradicional, del que salen mejillones en escabeche, pero muchos usarán la puerta trasera para obtener ingredientes con los que hacer sus propias recetas para consumo propio y de otros, en el acto o en nuevas latas con apertura trasera 2.0.

Como la cocina, la cultura y el conocimiento son procesos, no productos, y la web social y programable es un reconocimiento de esta realidad. Los mecanismos de la web 2.0 la convierten en un ecosistema del conocimiento que incorpora las prácticas sociales aceptadas en los procesos culturales y científicos: la referencia, la cita, la incorporación de obras, datos, informaciones, opiniones y saberes ajenos junto con la elaboración propia.

En la automatización de estas prácticas sociales tienen gran importancia el software libre y las licencias Creative Commons, instrumentos de autorización que otorgan los permisos tradicionalmente reservados por la draconiana legislación de derecho de autor. Y en la democratización de las herramientas de remezcla está la clave de una ciudadanía con acceso al proceso de creación de la cultura y el conocimiento en la web, y no a su mero consumo como productos.