La cultura del cese bilateral

Todas las organizaciones, incluidas las que realizan acciones terroristas y las de delincuencia transnacional, buscan maximizar beneficios y reducir al máximo los costos. Aún en el marco de un proceso de paz toman decisiones de acuerdo a sus intereses y valoraciones estratégicas, mucho más, cuando, como en el caso de las FARC, se concibe el diálogo con el Estado como una forma de lucha revolucionaria.

La consigna de «cese bilateral de hostilidades» que agita las FARC tiene claros propósitos políticos y militares a su favor y un altísimo costo para el Estado de derecho. Un análisis simple de costo-beneficio demuestra que tal decisión en vez de contribuir a la firma rápida de un Acuerdo de Terminación del Conflicto, alarga la confrontación y dificulta aún más las negociaciones. Las razones son:

1) Con el «cese» las FARC buscan dividir a la sociedad a partir del ejercicio de la violencia. Como instrumento de propaganda y desinformación procuran legitimarse al simular compromiso con la paz y deslegitimar al Estado al acusarlo de responsable de la continuidad de la violencia.

2) La experiencia enseña que un «cese bilateral», que no sea producto de la disolución de las FARC, lo utilizan para fortalecerse. La «tregua» pactada en 1984 permitió el crecimiento exponencial del grupo. En 1982 eran 1.300 individuos, en 1990 llegaron a ser 8.200. Un aumento de más de 500%. Las FARC se convirtieron en fuerza ofensiva y desarrollaron la capacidad para propinar los más duros golpes a las Fuerzas Armadas en los años noventa, gracias a la inmersión en la cocaína y de inmovilizar a la fuerza pública con el llamado «cese de fuegos».

3) El «cese bilateral» es una suspensión de hostilidades. Se mantiene el estado de guerra. Al detener las operaciones en contra del grupo se les otorga a sus miembros protección, lo que estimula que se alargue indefinidamente la negociación hasta que el Estado acepte todas las exigencias.

4) Es imposible un «cese bilateral» sin zonas de concentración de las estructuras de FARC, pues fuera de ellas se mantendrán otros grupos armados que deben ser combatidos. Es previsible que al establecerse en medio del conflicto deban ser varias las zonas, estar ubicadas a todo lo largo y ancho del territorio nacional y tener una extensión considerable, por obvias razones de seguridad para la guerrilla. Es tanto como tener diez o quince «caguancitos» en regiones de influencia de las FARC y que coinciden con las de cultivos ilícitos y de minería criminal. Lugares de descanso, reabastecimiento, reentrenamiento y de inmunidad para los miembros del grupo.

5) Dos cuestiones son previsibles: fortalecimiento militar facilitado por la suspensión de operaciones de las Fuerzas Armadas y consolidación del control de las FARC en determinados territorios.

6) Adoptar un «cese bilateral» junto a la equivocada decisión del Gobierno Nacional de suspender la aspersión con glifosato de los cultivos de coca, dejaría las manos totalmente libres a las FARC para acrecentar el narcotráfico. Eso es más control territorial en zonas de cultivos ilícitos, más ingresos económicos y más coerción sobre la población. Argumentos éstas que juegan a favor de alargar el proceso y dilatar la firma de un acuerdo hasta que no estén por completo satisfechos.

7) El «cese bilateral» no incluye interrumpir actividades criminales como narcotráfico, extorsión y secuestro. Al paralizar a la fuerza pública en la práctica se les da licencia para seguir delinquiendo.

8) El «cese bilateral» es una estratagema, una maniobra de engaño, como lo fue el anuncio de un cese unilateral e indefinido que hicieron en diciembre pasado. Con él se propusieron manipular a la opinión pública y a la comunidad internacional. No obstante que disminuyeron de forma temporal y conveniente las acciones violentas, siguieron matando, reclutando niños y traficando estupefacientes. Está demostrado que las FARC engañan con anuncios y que no es posible en ellas confiar.

El centro del proceso debe ser la agenda de negociación acordada, no los acontecimientos de la confrontación armada. Un «cese bilateral» es una grave y permanente fuente de crisis que deslegitima el proceso, como lo ha sido el «desescalamiento». Cualquier acción, tanto de las FARC como de la fuerza pública, independiente de las circunstancias, se constituye en un serio factor de perturbación sobre la Mesa de Conversaciones. No importa la agenda, sino el «cese».

Detrás de la retórica de «parar la guerra» y «salvar vidas» con la que presentan el «cese bilateral», lo que existe es un gravísimo riesgo para el proceso de paz y para la sociedad colombiana. La forma de conseguir esos propósitos es la firma inmediata del Acuerdo de Terminación del Conflicto; consecuencia de ello vendrá el cese bilateral y definitivo, simultáneo con el desmantelamiento de ese aparato criminal. Lo otro, es evidente, es racional para las FARC y una locura para la sociedad colombiana.

Alejandro Ordóñez Maldonado, procurador general de la nación de Colombia.

1 comentario


  1. Estoy totalmente deacuerdo.Al dilatar el fin de este proceso,las farc solo buscan fortalecerse

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