La debilidad del PSOE es la fuerza que impulsa a Podemos

La encuesta del CIS hecha pública el pasado miércoles certificó lo que ya apuntaban anteriores sondeos: Podemos se ha convertido en la segunda fuerza, arrebatándole al PSOE la hegemonía de la izquierda. Ese es el peor de los escenarios para Pedro Sánchez, que está siendo contestado por distintos grupos en su partido y, en especial, por la presidenta de la Junta de Andalucía. Sin embargo, el CIS muestra también que el crecimiento de la formación de Pablo Iglesias se ha ralentizado. La esperanza de los socialistas está en recuperar a los votantes de centro izquierda. Pero, para hacerlo, es necesario un programa claro, acorde con esa ideología y un liderazgo indiscutible.

El jueves a las nueve de la mañana el secretario general del PSOE acudió a la sede de EL MUNDO para participar en un foro económico (ver el suplemento Mercados). Lucía sonrisa, en contraste con el rostro serio, preocupado, que ocupaba la portada de nuestro diario debajo de la información sobre la encuesta del CIS que convertía a Podemos, de hecho, en el voto útil de la izquierda. Como es lógico, le pregunté por ello y ésta fue su respuesta: «Las encuestas son lo que son, y en ésta veo mucha cocina. Podemos no está por encima del PSOE».

La tesis de los socialistas es que al Gobierno le interesa amplificar la fuerza de Podemos para generar miedo y para que el PP aparezca como la única opción capaz de frenar el tsunami populista. Ya sabemos que los sociólogos tienen una gran capacidad culinaria y que, con los mismos ingredientes, según sea el chef, puede salir paella o arroz caldoso. Pero la realidad es la que es: Podemos es el tercer partido en liza y hará imposible un gobierno en solitario de populares o socialistas.

El fin del bipartidismo es un hecho que nadie discute. La cuestión es si el PSOE va a aguantar su ascenso y se va a mantener como el primer partido de la oposición, o incluso si tiene posibilidades de ganar.

En la encuesta del CIS hay dos aspectos que llaman la atención y que muestran que el partido de Iglesias puede haber tocado techo. El primero de ellos es que su avance se ha ralentizado: entre mayo y octubre, según el CIS, Podemos pasó del 8% al 22,5% en intención de voto; mientras que de octubre a enero su crecimiento ha sido de sólo 1,4 puntos.

El segundo aspecto es más relevante aún: sólo un 16,4% de los encuestados se autodefinen como de izquierda o extrema izquierda, que es como mayoritariamente identifican a Podemos.

Como, según el sondeo, IU sigue contando con algo más del 5% del electorado, habría que deducir que una parte significativa del voto de Podemos no procede de votantes afines a la extrema izquierda. Es decir, que, según esas estimaciones, Podemos no sólo habría acaparado una parte sustancial del voto a la izquierda del PSOE, sino que le habría comido a dicho partido una buena parte de su electorado. Se trata, por tanto, de un voto prestado que se corresponde con opciones más moderadas y que, probablemente, por desesperación o hartazgo, se inclina por Podemos como protesta contra el poder establecido, pero que, en condiciones normales, nunca les votaría.

Si nos atenemos a la adscripción ideológica de los encuestados y de cómo perciben al PSOE, la encuesta muestra una gran paradoja. La mayoría sitúa al PSOE en el centro izquierda, que es donde se coloca el mayor porcentaje de ciudadanos: 35,4%. Es decir, que, según los datos del CIS, el PSOE estaría 12 puntos por debajo de lo que le correspondería en virtud de la ideología que manifiestan tener los votantes.

Esta es una de las razones que alimenta la esperanza del PSOE de recuperar sus expectativas de aquí al mes de noviembre.

Esa es precisamente una de las lecciones que debería aprender el líder de los socialistas: la única posibilidad real que tiene de remontar es volver a ocupar el espectro ideológico del centro izquierda. Los coqueteos con Podemos sólo benefician al partido de Pablo Iglesias.

Ese debate político, que no es nuevo en el socialismo español (ya se vivió en época de Joaquín Almunia), ahora se complica por la disputa sobre el liderazgo.

En el PSOE muchos pensaron que la victoria de Pedro Sánchez en las primarias sería la chispa que encendería la recuperación del voto desde el 28% en que lo dejó Rubalcaba en los comicios de 2011.

No ha sido así y, por ello, se ha puesto en marcha una operación de relevo, pilotada desde Andalucía.

Tanto desde distintos sectores del partido, como desde los grandes grupos económicos, Susana Díaz ha sido impulsada a adelantar las elecciones con el objetivo de cambiar la dinámica depresiva del PSOE y, a renglón seguido, dar el salto a la política nacional como candidata a las generales.

Los datos que maneja la presidenta de la Junta andaluza son muy halagüeños y la sitúan al borde de la mayoría absoluta en su comunidad. A pesar de todo, necesitaría apoyos. ¿Con quién volvería a gobernar en coalición? Un dirigente del PSOE contesta a esa pregunta: «Si Susana se queda muy cerca de la mayoría, le pedirá al PP que le permita gobernar. No veo un gobierno de coalición, pero sí un gobierno en minoría con apoyos puntuales del PP, lo que sería bien valorado por los ciudadanos de dentro y de fuera de Andalucía».

Si obtiene un buen resultado, la presión del propio partido y de los grupos económicos será tan fuerte que no podrá resistirse a pelear por el liderazgo con Pedro Sánchez, que, pase lo que pase, presentará su candidatura.

El riesgo, claro está, es que Díaz se quede lejos de la mayoría absoluta, incluso por debajo del resultado de Griñán. Si se diera ese escenario, los mismos grupos que ahora apoyan a la presidenta andaluza, presionarían a Carmen Chacón para que se presentase a las primarias.

Lo que parece evidente es que el liderazgo de Pedro Sánchez tiene periodo de caducidad (las elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo) y que tendrá que hacerse a la idea de competir con una mujer (Díaz o Chacón) en las primarias del mes de julio.

Sánchez ha desperdiciado un tiempo precioso en aclarar por dónde quería ir. No valoró la repercusión de algunas de sus decisiones y, tal vez sin pretenderlo, se enemistó con algunas de las familias más influyentes del partido.

Ahora su mejor baza es poner en práctica políticas que le reconcilien con el electorado de centro izquierda. El pacto antiterrorista que acaba de firmar con Rajoy es un paso en la buena dirección y una forma eficaz de hacer frente a la avalancha de Podemos.

La duda es saber si Sánchez está todavía a tiempo de hacerse con las riendas del partido y, con ello, evitar la poderosa operación que hay en marcha contra él.

Podemos no ha crecido tanto por su propia fuerza como por la debilidad del PSOE. Y esa es una lección que nadie debería olvidar.

Casimiro García-Abadillo, director de El Mundo.

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