La democracia de la India está detenida

La democracia de la India está detenida
Money Sharma/AFP via Getty Images

La condena de Rahul Gandhi, líder del opositor Congreso Nacional Indio, y su descalificación como legislador en la Lok Sabha (la Cámara Baja), han sacudido al sistema político de la India. Más allá de reverberar en ambas cámaras del Parlamento, el episodio ha abierto un nuevo capítulo lamentable en la historia política de la India -y plantea serias dudas sobre el futuro de su democracia.

Gandhi fue acusado por unos comentarios que realizó durante un discurso de campaña en 2019 en el estado de Karnataka, al sur del país. Después de discutir las aflicciones económicas de la India, Gandhi nombró a seis “ladrones” que habían sido responsables de que eso sucediera: Nirav Modi, Mehul Choksi, Vijay Mallya, Lalit Modi, Anil Ambani y el primer ministro, Narendra Modi. “Una pregunta”, bromeó Gandhi, “¿cuáles son los nombres de todos estos ladrones? Modi, Modi, Modi. Nirav Modi, Lalit Modi, Narendra Modi y, si investigan un poco más, surgirán muchos Modi más”.

Es obvio que Gandhi hacía referencia a individuos específicos, supuestamente, por saquear la economía de la India, antes de hacer un comentario improvisado sobre que tres de ellos comparten el apellido. Se podría decir que Gandhi no tenía ninguna necesidad de nombrarlos en absoluto. Pero los políticos, inclusive muchos del Partido Bharatiya Janata (BJP por su sigla en inglés), que actualmente está en el poder, han dicho cosas mucho peores en los discursos electorales sobre todo tipo de grupos -desde políticos rivales hasta minorías- sin que estuvieran acusados penalmente de nada.

Decir, como dijo el legislador del BJP Purnesh Modi, que el comentario sarcástico de Gandhi difamaba a toda la “comunidad Modi” calificándolos de ladrones es, en el mejor de los casos, una exageración. Y dictaminar, como lo hizo un tribunal en Surat, en el estado occidental de Gujarat, que constituye una difamación criminal que merece el máximo castigo posible es más que sospechoso.

La historia se vuelve más turbia. El primer juez en recibir la demanda en 2019 reflexionó en voz alta que no parecía tener demasiada sustancia. En lugar de correr el riesgo de que su caso se desestimara, Purnesh Modi se dirigió a pasos acelerados al Alto Tribunal para garantizar una suspensión de su propia petición. Luego, dos años más tarde, Gandhi brindó un discurso en el Parlamento (en gran medida, eliminado de los registros) acusando al primer ministro de capitalismo clientelista, y Modi corrió rápidamente al Alto Tribunal para que se levantara la suspensión.

Qué conveniente que el juez en Surat fuera reemplazado justo antes de la llegada de Modi, y que el nuevo juez estuviera dispuesto, no solo a reflotar el caso, sino también a pronunciar un veredicto de culpabilidad en menos de tres semanas. Y qué conveniente que la sentencia a dos años que impuso el juez sea el mínimo requerido para descalificar a un legislador del Parlamento por otros seis años.

El BJP estaba demasiado ansioso por implementar el veredicto: en el lapso de 24 horas, el secretario de la Lok Sabha declaró que Gandhi ya no era miembro del Parlamento y, en el próximo día hábil, recibió una carta con instrucciones para vaciar su residencia gubernamental. Pero los políticos del Congreso sospechan, y muchos sugieren que el veredicto no resultó de un debido proceso sino de una decisión deliberada, tomada en los más altos niveles, de silenciarlo hasta bien pasada la próxima elección general.

Por supuesto, Gandhi ha presentado una apelación y, si la corte le otorgara una suspensión de la condena, hasta la descalificación tendría que ser revertida. En ese caso, podría volver a la carga, en las calles y en el Parlamento, y su imagen sería realzada como el baluarte que el gobierno intentó silenciar. Alentado por la simpatía popular y favorecido por el apoyo entusiasta de un Congreso energizado, Gandhi podría terminar siendo una espina mucho mayor para el BJP de lo que era hace apenas unas semanas.

El juicio ya ha galvanizado a la oposición de la India. Los partidos regionales que tradicionalmente se oponen al Congreso en sus estados -entre ellos el Partido Aam Aadmi en Nueva Delhi, el Congreso Trinamool de Toda India en Bengala Occidental, Samajwadi en Uttar Pradesh, Bharat Rashtra Samithi en Telangana y el Partido Comunista de la India (marxista) en Kerala- han expresado su apoyo a Gandhi. Parecen darse cuenta de que ellos también podrían terminar en la mira de un gobierno vengativo. Como dice el proverbio, “Unidos permanecemos, divididos caemos”.

Una oposición más unida sería una mala noticia para el BJP, que tiene el 60% de las bancas en el Parlamento, pero que apenas ganó el 37% de los votos en las elecciones de 2019. Si una mayoría de los otros 35 partidos en el Parlamento decidiera unirse, en lugar de dividir el voto, al BJP le resultaría mucho más difícil ganar una mayoría en 2024.

Algunos cínicos sugieren que nada de esto asusta al BJP, porque está jugando su propio partido elaborado para empujar a Gandhi al frente de la oposición para la próxima elección. Una carrera de “Modi versus Gandhi”, dice la lógica, es una carrera que el BJP está seguro de poder ganar. Pero encumbrar a un rival importante es una estrategia extremadamente riesgosa, que un partido que lidera cómodamente las encuestas -como es el caso del BJP hoy- probablemente no lleve a la práctica. La debacle de Gandhi, por el contrario, parece un autogol político.

Sin embargo, hay mucho más en juego que un hombre, un partido o, incluso, una elección. Mientras esperamos que se abra el telón del próximo acto en este drama político, los indios deberían preguntarse si la democracia se beneficia cuando el líder más importante del principal partido de la oposición está encarcelado y cuando se le niega una voz en el Parlamento por algo que no es una conducta verdaderamente criminal. La respuesta para muchos -inclusive para aquellos a los que no les gusta Gandhi ni apoyan al Congreso- es que no la beneficia.

Salvaguardar la democracia exige garantizar un campo de juego nivelado para todos. Lo que le suceda a Gandhi, por ende, tiene implicancias importantes para el futuro de la India. Es de esperar que prevalezca el compromiso de los indios con un gobierno representativo.

Shashi Tharoor, a former UN under-secretary-general and former Indian Minister of State for External Affairs and Minister of State for Human Resource Development, is an MP for the Indian National Congress. He is the author, most recently, of Ambedkar: A Life (Aleph Book Company, 2022).

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