La democracia de Pakistán sobrevivirá

Muchos occidentales consideran la decisión de la Corte Suprema de Pakistán de destituir al primer ministro Nawaz Sharif, que gozaba de una cómoda mayoría en la Asamblea Nacional, como una preocupante señal de que reaparecido la inestabilidad política, e incluso como un anuncio de regreso al autoritarismo. Sin embargo, la historia política de Pakistán sugiere lo contrario.

El Pakistán actual no surgió en agosto de 1947, momento en que ganó su independencia, sino más bien en diciembre de 1971, cuando la región oriental del país se convirtió en Bangladesh tras una sangrienta guerra civil. Posteriormente, gobernó el país una democracia parlamentaria liderada por el carismático primer ministro Zulfikar Ali Bhutto.

Sin embargo, las acusaciones de fraude en las elecciones de 1977 causaron disturbios generalizados que no solo derrocaron a Bhutto (quien acabó por ser ejecutado), sino que también condujeron a un golpe militar. El general Muhammad Zia-ul-Haq asumió la presidencia en 1978 y permaneció en el cargo hasta su muerte, diez años después.

La muerte de Zia llevó al poder a otro primer ministro civil elegido democráticamente: Benazir Bhutto, hija de Zulfikar Ali y la primera mujer en dirigir un país de mayoría musulmana. Pero su primer mandato se vio interrumpido cuando el presidente, con quien había sostenido una lucha de poder, la destituyó en virtud de la octava enmienda de la constitución (que había sido redactada por los militares) y en medio de acusaciones de corrupción y mala administración.

Poco tiempo después, Sharif asumió como primer ministro. Su primer mandato terminó cuando renunció por la presión de los militares en 1993, hecho que despejó el camino para el regreso de Bhutto, quien se mantuvo como primera ministra hasta 1996, año en que fue destituida otra vez: en esta ocasión, por su propio Partido del Pueblo Pakistaní.

En 1997 llegó nuevamente el turno de Sharif, pero su confrontación con los militares se había agudizado a lo largo de los años, lo que ocasionó otro golpe de Estado en 1999. Este condujo a ocho años de un gobierno militar comandado por el general Pervez Musharraf, quien renunció en 2008 por la presión popular. Las nuevas elecciones llevaron a la presidencia a Asif Zardari, viudo de Benazir Bhutto, que había sido asesinada el mes de diciembre anterior.

Ignorando las disposiciones constitucionales, Zardari no transfirió la autoridad ejecutiva a su primer ministro, sino que esperó que los dos primeros ministros que se desempeñaron bajo él acataran sus órdenes. Sus cinco años de mandato reforzaron el sistema presidencial de Pakistán, circunstancia que sin embargo cambió en 2013 con la reelección de Sharif como primer ministro, cuando se restauró totalmente la democracia parlamentaria.

De los 45 años transcurridos desde la guerra civil, Pakistán ha vivido 24 bajo gobiernos presidenciales y solo 21 como una democracia parlamentaria. Pero la situación actual, caracterizada por un poder judicial independiente, una prensa libre, una sociedad civil activa y unas fuerzas armadas disciplinadas, favorece la continuidad del parlamentarismo, con independencia de la destitución de Sharif.

La trayectoria que el gobierno de Pakistán ha tenido hasta ahora parece prometedora. Shahid Khaqan Abbasi, un ex ministro del petróleo instruido y considerado como un hábil gestor, ejerce actualmente como primer ministro interino. Esto podría significar que ejerza 45 días: el tiempo suficiente para elegir como próximo líder del país a Shahbaz Sharif, hermano menor de Nawaz Sharif. Como alternativa, Abbasi podría permanecer en el cargo hasta las próximas elecciones generales, que se celebrarán en mayo de 2018.

Esta última opción ofrece claras ventajas políticas. Shahbaz Sharif se ha desempeñado durante casi una década como jefe del gobierno de Punjab, el feudo del partido gobernante (la Liga Musulmana de Pakistán), que Nawaz todavía lidera. Además, Sharif tiene que cumplir algunas promesas antes de dejar ese puesto, comenzando por la disminución de las caídas de tensión eléctrica, que afectan tanto el bienestar económico como el personal, particularmente en un año registrado como el más caluroso en la provincia.

Punjab también necesita una mejor infraestructura urbana. La población de las ciudades de Pakistán crece un 6% cada año, aumentando la demanda de mejoras en el transporte, la gestión del agua, el saneamiento y la recolección de desechos sólidos, así como en los servicios de educación y salud. Todo esto es particularmente aplicable a Punjab, cuya población urbana aumentó cerca de un 26% entre 2001 y 2011.

La administración provincial de Sharif ya está abordando estas cuestiones, y se esperan mejoras tangibles para la primavera. La permanencia de Sharif en Punjab puede ser la mejor manera de asegurar que las cosas se hagan según lo previsto y, por lo tanto, que la Liga Musulmana de Pakistán obtenga una elevada votación en las próximas elecciones.

Semejantes resultados consolidarían la continuidad del sistema parlamentario paquistaní, que también es relevante para el resto del mundo musulmán. La estabilidad social, que tan pocos países musulmanes poseen, requiere sistemas políticos abiertos, inclusivos y representativos. Esto es aún más importante hoy en día: el promedio de edad en los países de mayoría musulmana se sitúa en torno a los 25 años. Gracias a la tecnología, los 1.600 millones de jóvenes musulmanes están expuestos a un mundo fuera de sus fronteras y tienden a favorecer mayores aperturas y oportunidades.

Lo anterior también entraña lecciones para las potencias exteriores. Estados Unidos ha apoyado durante largo tiempo regímenes autoritarios “amistosos” como el del presidente egipcio Abdel Fattah el-Sisi. Si bien esto pudiera parecer satisfactorio para los intereses estadounidenses hoy en día, en definitiva podría alimentar la inestabilidad y la violencia social, con el riesgo de que se propaguen en una región que ya resulta problemática.

Indudablemente, el sistema político de Pakistán ha enfrentado serios desafíos en el pasado. Pero la destitución de Sharif no debe entenderse como presagio de un regreso a la inestabilidad o, lo que es peor, a un gobierno militar. Siguiendo los pasos de la India, cuyo sistema político razonablemente inclusivo ha sustentado una relativa paz y estabilidad durante casi 70 años, Pakistán parece seguir avanzando hacia la consolidación democrática.

Shahid Javed Burki, former Finance Minister of Pakistan and Vice President of the World Bank, is currently Chairman of the Institute of Public Policy in Lahore. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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